España - Madrid

Volver al XIX

María Palacios

jueves, 18 de noviembre de 1999
Madrid, sábado, 13 de noviembre de 1999. Salón de Actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Los Conciertos de Radio Clásica : Música de Cámara de la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE (IV). Concierto VII - María Espada : soprano ; Marina Pardo : contralto ; Miguel Mediano : tenor ; Francisco Javier Santiago : bajo ; Kennedy Moreti : piano ; Aurelio Viribay : piano. Programa : R. Schumann: Spanisches Liederspiel, Op. 74. J. Brahms: Liebeslieder - Walzer, Op. 52.
A veces parece mentira que la sociedad haya cambiado tanto. La práctica de hacer música en torno al piano, tan habitual en la burguesía del s. XIX, es algo que hoy se ha perdido casi en su totalidad (en gran medida debido a la aparición del fonógrafo, la radio, la televisión...). El pasado sábado, 13 de noviembre, pudimos rememorar esa costumbre en el concierto que nos ofrecieron miembros del coro de Radio Televisión Española (RTVE), acompañados de los pianistas Kennedy Moretti y Aurelio Viribay. Era el concierto VII dentro del ciclo "Los conciertos de Radio Clásica : Música de cámara de la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE (IV) ", que se viene celebrando los sábados, en el Salón de Actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (con entrada gratuita). El programa estaba integrado por dos únicas obras : Spanisches Liederspiel, Op. 74 de Robert Schumann (1810 - 1856) y Liebeslieder - Walzer , Op. 52 de Johannes Brahms (1833 - 1897). Dúos, cuartetos y solos vocales con acompañamiento de piano (a solo en Schumann y a cuatro manos en Brahms). El primer problema apareció en el programa de mano. Por desgracia, viene siendo habitual que en estos conciertos de música vocal no se adjunten los textos de las obras que se van a interpretar. Sólo contábamos con el título de los distintos lieder ; en el caso de Schumann traducidos al castellano, pero en el de Brahms, ni eso. Hay que hacer entender a los organizadores de estos conciertos, que tener el texto de las distintas canciones no es un capricho, sino una necesidad para comprender la obra en su totalidad. Así, siempre nos quedaremos a la mitad. A pesar de esto, fue un concierto agradable. El cuarteto vocal, exceptuando algunas imprecisiones en la afinación y problemas rítmicos, sonó bastante empastado. Se notó que todos son miembros del coro de RTVE y están acostumbrados a cantar juntos. Destacó, entre ellos, la actuación de la soprano María Espada, quien tuvo momentos más que aceptables (como el lied de Schumann Liebesgram, dúo para soprano y tenor). En general, la interpretación de Schumann fue acertada ; quizás en algunos momentos el piano estuvo excesivamente presente. Kennedy Moretti empleó demasiado peso y pedal para una sala con mucha reverberación, y unos cantantes con poca proyección en la voz. Sin embargo la partitura de Brahms no se acabó de comprender. Es una obra que no se puede desligar del contexto en el cual se compuso. Brahms estaba pasando el verano junto a la familia de Clara Schumann en Lichtental. En ese momento está enamorado de la tercera hija de Clara, Julie, a la que conocía desde que era niña. A pesar de la frialdad que Julie demuestra por Brahms, él vive enternecido por el amor. En esas circunstancias, y dedicado claramente a Julie, escribe esta obra. Los valses, rezuman una calidez y una ternura que no se vieron en la interpretación del sábado. A pesar del ritmo constante en tres por cuatro, están llenos de una enorme variedad de caracteres que apenas se vislumbró. La versión de los miembros del coro de RTVE fue excesivamente monótona y aburrida, no supieron mostrar ese torbellino de sensaciones que claramente impregna a estos valses. La peor parte del concierto estuvo, paradójicamente, fuera de la escena. Los conciertos de la Academia son retransmitidos en directo por Radio Clásica de RNE, y en la sala se escucha la voz del locutor, Rafael Taibo, antes del concierto. Una persona de su talla, debería prepararse mínimamente su intervención. Leyó, con dudas, las notas al programa ; claramente se demostraba que ni siquiera había seleccionado aquellos pasajes que le interesaban. Además, nunca he entendido por qué, en estos conciertos, nos imponen la voz de Taibo para leernos unas notas al programa que todos tenemos. No puedo dejar de destacar el éxito de público: fue arrollador. Lleno el aforo, con gente de pie, e incluso gran número de personas a las que no se permitió el acceso a la sala. Viene siendo una costumbre habitual en el público madrileño acudir a estos conciertos de la Academia. También, hay que tener en cuenta, que parte de este éxito se debe a que la competencia (los conciertos gratuitos que organiza, también los sábados a la misma hora, la Fundación Juan March) , están dedicados este mes a la música del siglo XX (piano y percusión). Sin duda, son conciertos que, desgraciadamente, atraen a menos público y hacen que los de la Academia se vean desbordados. Pero, a pesar de todos los inconvenientes, volver al XIX y a su música de cámara, ahora que todo el mundo piensa en el nuevo milenio, fue una experiencia reconfortante. Una buena manera de empezar el sábado.

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