España - Madrid

Música en la vida del emperador Carlos V

Judith Ortega

miércoles, 22 de marzo de 2000
Madrid, miércoles, 15 de marzo de 2000. V Ciclo de Música Española Los Siglos de Oro. V Centenario del nacimiento de Carlos V. Monasterio de las Descalzas Reales. Collegium Vocale: sopranos: L. van de Velde, G. Heidbüchel, C. Kempenaers; altos: C. Pilorger, R. Sigurdardottir, M. van der Zeijst; tenores: G. Hölzle, J. Pizarro, M. Schaffrath, W. Trevelyan-Jones, M. Schuck; bajos: I. Seidel, H. Seidenbusch, P. Coene, B. Vandewege, F. Vanhulle; trombones: D. Lortie, S. van Mechelen, H. Ries, C. Gevers. Director: Paul van Nevel. Obras: J. Desprez: Absolve Quaesumus; H. Isaac: Optime divino date; anónimo: Proch Dolor; N. Gombert: Qui colis Ausoniam; J. Courtois: Venite populi terrae; T. Crecquillon: Canción francesa: Amour partez; J. de Mantua: Hesperiae Ultimae; J. Vaet: Quid Christum captive crepas; O. Di Lasso: Heroum Soboles.
Este concierto, cuyo contexto sigue siendo la vida del Emperador Carlos V, aglutinó la música de numerosos compositores que desarrollaron su actividad en el tiempo del emperador, entre los que se encontraban Despres, Isaac o Lasso. Las obras se dispusieron como la hábil y exquisita narración de los sucesivos acontecimientos de la vida del emperador de forma cantada. Para cada una de las obras se mostraron diferentes ubicaciones de los intérpretes, aprovechando las posibilidades que ofrecía un escenario como el altar del monasterio de las Descalzas, y en una ocasión aprovechando los laterales.Todo el concierto transcurrió en un ambiente íntimo, tanto por la elección de las obras, que no remitían a los momentos más esplendorosos, siendo muchas de ellas poco habituales del repertorio, como por el hacer del director, Van Nevel.El Collegium Musicum abordó la interpretación con planteamientos diferentes al del grupo que escuchamos el concierto anterior: Odhecaton, ocasión que sí mostró música más vigorosa y con más carácter conmemorativo. A diferencia de los criterios de interpretación de aquel grupo, el Collegium Vocale incluía a cuatro mujeres entre los doce cantantes: tres sopranos y una de ellas entre los altos. No en todas las piezas participaron los trombones, que sustituían o doblaban las voces, cuya ausencia proporcionó los mejores momentos del concierto. La alta reverberación y lo reducido del espacio hacía que cuando los instrumentos participaban en la interpretación, se producía una masa sonora que impedía apreciar adecuadamente los leves matices que sí apreciábamos en las voces solas, y rompía esa atmósfera íntima tan evocadora.Puede decirse que no hubo ninguna concesión, primó sobre todo la austeridad, la justeza de la interpretación, los cantantes dieron grandes muestras de cualidades vocales, de matizar, de llevar los tempos, y destacando sobre todo la labor del director que impuso su férrea disciplina en todo lo que ocurrió durante el concierto, en una interpretación mesurada, austera, diferente a lo que últimamente estamos acostumbrándonos a escuchar, y que sigue enriqueciendo las diferentes visiones de la interpretación de la música antigua.Ante los calurosos y merecidísimos aplausos con los que se manifestó el público al final del concierto, y su insistencia, finalmente los músicos volvieron a salir para interpretar la primera obra de la noche, Absolve Quaesumus de Josquin, cerrando la noche de forma perfecta.

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