España - Castilla y León

Seguridad técnica y musical

Roberto San Juan

martes, 5 de enero de 2010
León, viernes, 18 de diciembre de 2009. Sala de Audiciones de Caja España. Anna Petrova, piano. F. Schubert: Sonata D. 537 op. 164 en la menor; S. Rachmaninov: Variaciones sobre un tema de Corelli, op. 42; C. Debussy: Images pour piano: Reflets dans l´eau; Poissons d´or; S. Prokofiev: Sonata nº 6 en la mayor op. 82. Fundación Eutherpe
Anna Petrova es una joven pianista de origen búlgaro graduada en la Manhattan School of Music de Nueva York y en cuyo currículo abundan los premios en concursos internacionales de piano, así como recitales ofrecidos en diversos países europeos y en Estados Unidos. Este recital ofrecido en León fue el concierto de clausura de las actividades anuales de la Fundación Eutherpe que, bajo la presidencia de Margarita Moráis, está dedicada al desarrollo de la cultura musical y a la formación de jóvenes artistas.

No es la primera vez que Anna Petrova acude a tocar a León. Lo hizo el pasado verano en el Auditorio de la ciudad acompañada por la JONDE en el marco de las VI Clases Magistrales para jóvenes pianistas, directores y jóvenes orquestas, organizadas por la citada Fundación y donde interpretó el Concierto para piano y orquesta nº 4 de Beethoven. El año anterior, por cierto, había interpretado en ese mismo marco el Concierto para piano y orquesta nº 1 de Chopin. Sí era, sin embargo, la primera vez que la escuchaba en un recital con repertorio para piano solo. Tranquila y segura sobre el escenario, esta pianista transmite una profunda sensación de tenerlo todo bajo control. No importa cuán difíciles sean las obras a interpretar, Anna Petrova parece tener muy claro la calidad de sonido que busca y cómo lograrla, de modo que cada gesto y tipo de ataque parece haber sido valorado, estudiado e interiorizado. Así consigue versiones sólidas de las piezas, coherentes de principio a fin y con un reconocible sello de identidad.

La interpretación de la Sonata de Schubert que abrió el recital tuvo un carácter moderadamente apasionado. El primer movimiento sonó elegante y vaporoso, con una leve flexibilidad de los tempi al desgranar el característico motivo rítmico a base de sucesiones de larga-breve del tema inicial. El segundo, Allegro quasi Andantino, destacó por la excelente conducción de las líneas melódicas y un fraseo muy musical, mientras que en el tercer movimiento, un decidido Allegro vivace, la pianista se mostró segura y convincente. Siguieron las Variaciones sobre un tema de Corelli op. 42 de Rachmaninov, una obra donde el compositor ruso pone a prueba su propia fantasía sacando el máximo partido desde todos los puntos de vista musicalmente posibles -rítmico, melódico y armónico- al tema de la folía que recoge Corelli en su Sonata nº 12 op. 5. Las magníficas armonizaciones de Rachmaninov sobre este tema barroco -un standard, por usar el lenguaje jazzístico- resultan sorprendentes y modernas, pero el compositor ruso se vale de otros recursos en sus Variaciones más allá de un acompañamiento ingenioso, como el propio barniz jazzístico, la separación entre tesituras -por cierto, excelente la pianista en el uso del pedal para marcar un claro contraste entre los registros agudo y grave -, la oposición entre el carácter rítmico de la melodía frente a un bajo de tipo caminante, el contraste dinámico, … y así hasta 20 variaciones, un intermezzo y una coda. Ésta última posee un atractivo carácter introspectivo y reflexivo resultado del clímax alcanzado en fortissimo en la variación inmediatamente anterior. La interpretación que de esta obra realizó Petrova fue impecable.

Tras una breve pausa, la segunda parte del recital supuso un notable cambio estético en el que el romanticismo tardío ruso dejó paso a las atmósferas oníricas y sugerentes del impresionismo debussyano de la mano de dos piezas de Images pour piano: 'Reflets dans l´eau' y 'Poissons d´or'. Con un estilo de toque más superficial, de menos calado, pero igualmente preciso, la pianista ofreció una interesante versión de ambas obras, haciendo gala de un excelente dominio técnico y de un poderoso control de los aspectos tímbricos. Pasajes de gran exigencia técnica abundan también en la Sonata nº 6 de Prokofiev, pieza con la que concluyó el concierto y que fue interpretada, al igual que todo el recital, de memoria. Con una aproximación más cerebral -la primera de las tres "Sonatas de guerra" de este compositor así lo requiere- la pianista exhibió una técnica arrolladora en la interpretación de esta obra tonal de lenguaje moderno, con clusters y glissandi en el Allegro moderato inicial, cuyo reconocible tema asertivo a base de un motivo tético y agresivo reaparece en el cuarto movimiento, Vivace. La última sección, de carácter virtuosístico, arrancó el aplauso del público. Fuera de programa, Petrova eligió un Estudio de Chopin, el op. 25 nº 12, como bis para cerrar un excelente recital.

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