España - Cantabria

Bohème revisitada

Roberto Blanco

lunes, 8 de febrero de 2010
Santander, jueves, 28 de enero de 2010. Sala Argenta del Palacio de Festivales de Santander. La Bohème, ópera en cuatro actos de Giacomo Puccini con libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica basado en “Scènes de la vie de bohème” de Henry Murger. José Luis Castro, director de escena, Giuliano Spinelli, diseño de escenografía, Irene Monti, vestuario, Vinicio Cheli, iluminación. Elenco: James Valenti (Rodolfo), Cristina Gallardo-Domâs (Mimì), Juan Jesús Rodríguez (Marcello), Isabel Rey (Musetta), David Rubiera (Schaunard), Simón Orfila (Colline), Miguel Sola (Benoit/Alcindoro), Alberto Núñez (Parpignol). Coro Lírico de Cantabria, Esteban Sanz (director). Escolanía Municipal Astillero-Guarnizo, Jesús Carmona (director). Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Antonio Pirolli, dirección musical. Aforo: 1600 localidades. Ocupación: 100%
Volviendo a proponer esta Bohème cinco años después, la Temporada Lírica del Palacio de Festivales de Cantabria se clausuraba sobre seguro, con lleno en sus representaciones, aunque poner en escena una de las óperas más representadas y amadas por todos los públicos sea siempre un reto. Un público que espera siempre de esta ópera, además de bellas voces, una puesta en escena tradicional y legible pero también innovadora para no caer en la banalidad y en lo ya visto.

La dirección escénica de José Luis Castro con vestuario de Irene Monti trata de llevar a cabo el binomio tradición-novedad con acierto, contextualizando la acción en los años posteriores a la primera guerra mundial y buscando un alejamiento del lenguaje romántico.

El primer cuadro se abre sobre los techos de París subrayando el espíritu de precariedad de los últimos bohemios que viven entre las nubes sus vidas de artistas, siempre prontas a la amistad y al amor pero que plantan sus pies sobre un suelo en declive. Vivaz es la escena en el barrio latino que, gracias al movimiento escénico de masas y protagonistas que entran y salen por los laterales y por las puertas del restaurante, recrea la ilusión de un espacio igualmente funcional como interior y como exterior, recordando aquellas brasseries frecuentadas en aquellos años de filósofos y poetas. El tercer cuadro resalta la vida cotidiana y el despertar de la ciudad con las primeras luces del alba, ofreciendo un sugerente escorzo de ese París menor reconocible por la arquitectura de sus casas.

Con una interpretación hipersensible y nerviosa, Cristina Gallardo Domâs dibuja todos los componentes de timidez, fragilidad e inseguridad de Mimì, así como la progresión de su enfermedad y su estatus social. La voz es muy sugerente en los piani y en el registro central, y si bien su ‘Mi chiamano Mimì’ resultó un poco enfática, en el transcurso de la ópera aumentan el control y los matices expresivos, sobre todo en el sorprendente ‘Donde lieta uscì’, sellado con multitud de acentos exentos de artificio y gran variedad dinámica.

James Valenti, que ha paseado su Rodolfo por varios teatros líricos del mundo, mostró un canto espontáneo y coloquial que, unido a la belleza de su timbre vocal, contribuyó a sugerir un personaje juvenil y natural, afectuoso sin ser patético en el canto ni en el gesto. Su fraseo fue expresivo pero acusó inseguridad en el agudo y escasa proyección en el dúo con Mimí que cierra el primer acto.

Óptimo por méritos vocales fue el Marcello de Juan Jesús Rodríguez, con voz profunda, plena y bruñida. Isabel Rey, sin embargo, fue una Musetta un tanto sosa que, aunque segura y muy correcta desde el punto de vista vocal, hizo un personaje frío y poco sensual. Correctos también el barítono David Rubiera (Schaunard) y el bajo Simón Orfila, un Colline que ofreció una ‘Vecchia zimarra’ intensa y potente.

Antonio Pirolli dirigió con fidelidad a las dinámicas puccinianas, creando una atmósfera natural y vibrante, administrando con destreza los momentos de júbilo con los toques de melancolía. La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias respondió con una ejecución particularmente precisa y rica en matices, como buenas fueron también las prestaciones del Coro Lírico de Cantabria y de la Escolanía Municipal Astillero-Guarnizo.

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