España - Madrid

Un precioso programa atrae a mucho público

Juan Krakenberger
lunes, 1 de marzo de 2010
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Madrid, viernes, 12 de febrero de 2010. Auditorio Sony de la Fundación Albéniz. Intérpretes: Tríos Cervantes, Concordiae y Contrastes. Grupo Koechel. Tríos con piano de Schumann, Dvorák y Haydn, y Cuarteto con piano de Dvorák. Profesores: Márta Gulyas, Ralf Gothoni y Günter Pichler. Ciclo ‘Da Camera’ del IIMCM. Ocupación: más del 100%
0,0002492 El Ciclo ‘Da Camera’ atrae cada vez a más público: esta vez la platea se llenó y hubo que acomodar gente en los balcones, que normalmente no se habilitan. Pero no era para menos, un precioso programa de tres tríos y un cuarteto, todo con piano, llenó el auditorio, y a pesar que el programa era largo -el concierto terminó pasadas las 22 horas- hubo apenas deserciones. Las interpretaciones eran excelentes, y hubo muchos momentos de auténtica emoción: además, con música raramente tocada en las salas de concierto, esto significa un auténtico enriquecimiento de la vida musical madrileña. La creación del Instituto Internacional de Música de Cámara de Madrid (IIMCM) realmente es un complemento ideal al Liceo de Cámara que, dicho sea de paso, celebró un concierto a la misma hora, con un programa igualmente atractivo. Pero yo preferí éste y no me arrepiento: yo pasé un rato muy grato y el público asistente también.

Robert Schumann: Trío op 63: Mit Energie und Leidenschaft (Enérgica y apasionadamente) – Lebhaft, doch nicht zu rasch (Vivo, pero no demasiado rápido) – Langsam, mit inniger Empfindung (Lento, con sensibilidad íntima) y Mit Feuer (Con fuoco). Trío Cervantes: Pablo Martín, violín, Antonio Martín, violoncello, y Denis Kozhukhin, piano

Este trío formado por alumnos destacados -casi pioneros- de la Escuela Reina Sofía ya ganó premios en el pasado y reeditaron su calidad tocando este Trío op 63, compuesto en plena madurez creativa del compositor, en 1847. Destaca su capacidad de crear un clima sonoro conjunto, tomándose muy en serio las indicaciones, que cito más arriba, del compositor. Por ejemplo, en el primer movimiento hay un pasaje donde el piano subraya con notas irisantes el canto de las cuerdas que en este caso usaron apenas vibrato para crear esa sonoridad mágica inventada por Schumann. Para hacer justicia a esa música, hacen falta sutiles cambios de tempo, cosa que lograron con total coordinación. Los ritmos punteados del segundo movimiento, la tranquilidad y paz del tercero, y la fogosidad del último, con pasajes líricos intercalados, recibieron un tratamiento primoroso. La parte del piano, tupida y exigente, desde el punto de vista técnico, fue dominada por Denis Kozhukhin -a quien no habíamos oído hace tiempo- con total dominio. Los hermanos Martín cumplieron con la eficacia de siempre, y bonito sonido. Hasta supieron superar con esmero los lugares comunes del cuarto movimiento (en los Finales, Schumann no resultó, en varias de sus obras, ser tan inspirado). Muchos aplausos premiaron la labor de este trío.

Dvorák: Trío nº 4, op 90 ‘Dumky’: Lento maestoso – Allegro vivace – Allegro molto / Poco adagio – Vivace / Andante – Vivace non troppo /Andante moderato – Allegretto scherzando – Allegro / Allegro / Lentro maestoso – Vivace. Trío Concordiae: Savva Fatkulin, violín, Tobia Revolti, violoncello, y Asya Nebolsina, piano

Otro conjunto pionero, que ya hace años actúa, con un palmarés interesante de premios y actuaciones, hizo frente a esta obra compuesta en 1890/91, en la época en que Dvorák tuvo encargos de obras por sociedades musicales de Gran Bretaña. Se trata pues de una composición creada en plena madurez creativa, y es así que hay que leer la estructura poco usual, de seis movimientos, cada uno subdividido en partes líricas y rítmicas, con utilización de música folclórica checa -como el dumka, danza tradicional- dentro de un tratamiento riquísimo de armonías y melodías, realmente geniales. Es tan grande la variedad de los trozos que integran esta obra que uno pierde la noción de que movimiento se está tocando. Admirable como, con el frecuente cambio de tempi, la coordinación de conjunto jamás se vio perjudicada: la pianista supo graduar la dinámica de su instrumento entre pasajes sobresalientes y de acompañamiento y el sonido de las cuerdas fue de muy alta calidad: recuerdo la melodía melancólica a cargo del violín en el último movimiento que exigió, más adelante, explosiones de temperamento muy bien logradas para terminar la obra con brillantez. Ovaciones entusiasmadas de la asistencia.

Intervalo.

Haydn: Trío Nº 43: Allegro / Andante / Presto. Trío Contrastes: Nelly Guevara, violín, Liina Leijala, violoncello, y Patricia Araúzo Rodríguez, piano.

Haydn fue enormemente prolífico: su obra de música de cámara es inmensa. Un primer movimiento con un inicio contundente seguido de pasajes de buen humor, un movimiento lento en torno a una sencilla melodía en ritmo ternario, y un último Presto muy movido, en 2/8, que antes del final inserta un pasaje rápido en unísono: todo esto fue resuelto con bravura y entusiasmo por este trío formado recientemente. La violinista se destacó por su bonito sonido, la violoncellista por su ‘bajo’ siempre pronto a subrayar los pasajes de los demás, y el piano respondiendo ante exigentes pasajes con mucha destreza -no infalible- y con un sonido que se adapta perfectamente al conjunto. Una versión muy placentera de esta música, clásica por excelencia.

Dvorák: Cuarteto con piano op 87: Allegro con fuoco, Lento, Allegro moderato y Allegro ma non troppo. Grupo Koechel: Aine Suzuki, violín, Olga Izsak, viola, Orsolya Kádar, violoncello, y Andreas König, piano.

Este cuarteto data de 1889, de la misma época que el Trío que escuchábamos antes, otra obra preciosa, y con un tercer movimiento que se ha hecho bastante famoso por su genial melodía. Pero lo que más me emociona en esta obra es la melodía del último movimiento, de una belleza absolutamente sobrecogedora. El cuarteto ofrece a todos los cuatro integrantes momentos de lucimiento: el segundo tema del primer movimiento, cantado por la viola y luego por el violín, el segundo movimiento con las tres frases iniciales cantadas por el violoncello, el tercer movimiento en tiempo ternario, y luego con un exuberante 6/8, y el cuarto, con arrebatos de inspiración eslava, con un pasaje unísono de violín y viola, y solos de viola, que sonaron divinamente. La stretta final, brillantemente lograda, arrancando una salva de aplausos y ‘bravos’ de los asistentes. El pianista König, que habíamos escuchado recientemente en obras con instrumentos de viento, cumplió nuevamente con gran musicalidad su comprometida parte.

Habíamos asistido a dos horas de buena música, bien tocada, con la excelente acústica de la sala aumentando el placer de la escucha. Felicitaciones a todos los que lo hicieron posible.
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