Discos

Mahler interiorizado

José Sánchez Rodríguez

miércoles, 7 de abril de 2010
Gustav Mahler: Sinfonía nº 2 ‘Resurrección’. Miah Persson, soprano; Christianne Stotijn, mezzosoprano. Chicago Symphony Chorus (Director: Duain Wolfe); Orquesta Sinfónica de Chicago. Director: Bernard Haitink. Productor: James Mallinson; ingeniero de sonido: Christopher Willis. Dos Super Audio CD de 82’02” de duración; grabados en vivo en el Orchestra Hall de Chicago los días 20, 21, 22 y 25 de noviembre de 2008. CSO Resound CSOR 901 916. Distribuidor en España: Harmonia Mundi
Bernard Haitink confirma en este nuevo peldaño de su aventura mahleriana con la CSO la línea interpretativa definida en los registros de las sinfonías Tercera, Sexta y Primera, de los que he ido dando cuenta en estas páginas [leer reseñas]. El octogenario director holandés parece proyectar toda la música que filtra su batuta sobre una esfera superior en la que los conflictos dramáticos pierden algo de protagonismo frente a la búsqueda de otras claves musicales. En el caso de Mahler asistimos a una escenificación algo distanciada de los planes programáticos del compositor, sometido por Haitink a un severo proceso de depuración. Vaya todo esto por delante porque no siempre resulta un planteamiento sugestivo para quienes prefieren un Mahler declamatorio, elocuente y plenamente consciente de su mundo de contradicciones y luchas, como el que nos han legado algunos maestros del pasado: Klemperer, Barbirolli o Bernstein, por citar tres casos muy destacados. Haitink se complace transitando una vía más interiorizada, más sobria -nada nuevo en el holandés: un rasgo que se acrecienta conforme pasan los años- , que rehúye el tremendismo y el efecto… pero, ¿no es Mahler también esto?

La trascendente Segunda es una de sus sinfonías más afirmativas, suponiendo que alguna no lo sea, un verdadero viaje hacia las cimas más vertiginosas de la inspiración y la inventiva del músico bohemio, y como tal una pieza que debe causar un efecto catártico en el oyente. Conforme a su plan, Haitink modera los picos dramáticos desde el comienzo. Su 'Totenfeier' es más tenso y oscuro que propiamente aterrador; o al menos no en la medida en que puede serlo el de la versión de Solti con esta misma orquesta (Decca, 1980), electrizante lectura que por concepto podría situarse en el lado opuesto a ésta. La de Haitink es una irreprochable estructura musical que se beneficia de ese instrumento de lujo que vuelve a ser aquí la Sinfónica de Chicago. No es cosa de repetirse demasiado respecto a lo dicho en anteriores entregas, pero no viene mal insistir en la extrema perfección de estos superdotados yanquis. La atención al más mínimo matiz dinámico -¿hay alguna otra orquesta capaz de lograr unos reguladores más sutiles?- , la claridad de articulación y planos sonoros, el virtuosismo sin límite, se integran con naturalidad en la esencia de la propuesta.

Del prodigio de la ejecución son también son también ejemplo los movimientos segundo y tercero, tallados con Haitink con destreza de orfebre y embellecidos por solos instrumentales (trompeta, violín, flauta) siempre memorables. Christianne Stotijn, hermosa voz de mezzo lírica, ofrece una sentida versión del 'Urlicht' muy bien acompañada por Haitink.

El monumental final está construido con buenos materiales y discurre con el aplomo y la solidez esperables. Por descontado que la orquesta “se sale” en todas sus secciones, no digamos los eterna y justamente célebres metales, un verdadero festín para los oídos. Del coro lo mejor que podemos decir es que no se queda atrás con respecto a ella en ningún momento: su prestación es sencillamente portentosa, desde el pianissimo de la entrada hasta los fortísimos más comprometidos. Entre todos, Haitink el primero, plenamente consciente de lo que se juega en esta desmesurada y emocionante secuencia, conducen a la sinfonía a una espectacular conclusión que la grabación, de un espectro dinámico amplísimo, acierta a recoger con absoluta plenitud, órgano incluido, por cierto.

Este disco ha sido enviado para su recensión por la Orquesta Sinfónica de Chicago

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