España - Cataluña

La fille del momento

Pablo-L. Rodríguez
lunes, 10 de mayo de 2010
Barcelona, domingo, 7 de marzo de 2010. Gran Teatre del Liceu. Le fille du régiment. Opéra comique en dos actos. Libreto de Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges y Jean-François-Alfred Bayard. Música de Gaetano Donizetti (estreno: Opéra-Comique [Salle de la Bourse], 11 de febrero de 1840). Nueva producción de Gran Teatre del Liceu basada en la coproducción original para el Metropolitan de Nueva York, Covent Garden de Londres y Staatsoper de Viena. Laurent Pelly, dirección de escena y vestuario. Chantal Thomas, escenografía. Joël Adam, iluminación. Laura Scozzi, coreografía. Elenco: Patrizia Ciofi (Marie), Juan Diego Flórez (Tonio), Pietro Spagnoli (Sulpice), Victoria Livengood (Marquesa de Berkenfield), Alex Sanmartí (Hortensius), Josep Ribot (Caporal), Ángel Pavlovsky (Duquesa de Crakentorp). Orquestra Simfònica i Cor del Gran Teatre del Liceu. José Luis Basso, director del coro. Yves Abel, dirección musical. Aforo: 2292; ocupación: 99%
0,0002425 Todo vuelve y se renueva. No hay como asistir a una función operística de Rossini, Bellini o Donizetti con el tenor peruano Juan Diego Flórez en el reparto para rememorar aquellas veladas míticas en las que el público iba al teatro de ópera (y la historia del Liceu barcelonés incluye innumerables) a escuchar y ver a las grandes voces de la lírica. Sin embargo, mirar hacia atrás no debe impedirnos ver lo que tenemos hoy: un estupendo momento para el repertorio belcantista donde no sólo disponemos de algunas voces excepcionales, sino que cada vez se cuidan más las producciones de este repertorio desde el punto de vista orquestal y escénico. Desde luego que festivales como el Rossini de Pésaro han ayudado mucho a ello, pero también algunas producciones aisladas como la que ha podido verse de La fille du régiment en el Liceu basada en la coproducción original entre el Metropolitan de Nueva York, la Staatsoper de Viena y el Covent Garden de Londres que fue estrenada en este último teatro en enero de 2007.



© 2010 by Antoni Bofill

Dejando a un lado la importante recepción que tuvo este título desde su composición hasta bien entrado el siglo XX, especialmente en Francia donde antes del final del ochocientos se superaron las mil representaciones o todos los 14 de julio formaba parte de la Fête de la Fédération con la famosa cabaleta de Marie ‘Salut à la France’ convertida en trasunto de himno nacional, ciertamente en los últimos años esta ópera ha sido programada gracias a la disponibilidad de una buena soprano para el papel de Marie y/o de un buen tenor para el de Tonio. Así ha sido al menos desde mediados de los sesenta en que Joan Sutherland la devolvió al repertorio junto a un jovencísimo Luciano Pavarotti; casualmente, las dos últimas veces que subió al escenario del Liceu lo hizo con Alfredo Kraus como Tonio en la temporada 1983-84 (también fue la primera vez que se escuchó esta ópera en francés) y con Edita Gruberova como Marie en 1993-94.



© 2010 by Antoni Bofill

Pero si en el pasado Pavarotti o Kraus tuvieron su momento con esta ópera, ahora es el de Juan Diego Flórez, cuyas condiciones vocales son ciertamente excepcionales para abordar el papel de Tonio. Y buena prueba de ello fue su espectacular interpretación de la famosísima aria ‘Ah! Mes amis, quel jour de fête!’ donde no faltaron los famosos nueve “does” sobreagudos con la seguridad que le caracteriza. De hecho, la ovación del público tras esta aria fue de tal magnitud en todas y cada una de las representaciones que el tenor peruano premió al público con un bis de la parte final, algo que no se había visto en el Liceu al menos desde el debut de Rolando Villanzón como Nemorino con la famosa ‘Una furtiva lagrima’ en mayo de 2005. Dejando aparte proezas vocales como la comentada, lo que realmente fue magistral en la voz de Flórez fue la cavatina 'Pour me rapprocher de Marie' del segundo acto; toda una lección de musicalidad y madurez vocal.



© 2010 by Antoni Bofill

Si Tonio vive su nueva edad de oro con Flórez no puede decirse lo mismo de la Marie con Patrizia Ciofi, especialmente después de las participaciones en esta misma producción de Natalie Dessay en Londres y Viena o, más recientemente, de Diana Damrau en Nueva York. Sin embargo, en esta ocasión las deficiencias de la soprano toscana, ya anotadas en su última actuación en el Liceu como Lucia en 2006, como ese tono metálico o sus forzados agudos, son aquí compensadas con una sensacional actuación escénica rematada por algunos momentos de gran musicalidad; ciertamente Ciofi cantó magistralmente su romanza ‘Il faut partir’ al final del primer acto.

Del resto del reparto hay que destacar el estupendo Sulpice de Pietro Spagnoli o la convincente actuación de Victoria Livengood que debutaba en el Liceu como Marquesa de Berkenfield. Brillante actuación tanto del coro (sensacional la sección masculina en el ‘Rataplan’ coral del Finale primo) como de la orquesta bajo las órdenes de un vivaz y ordenado Yves Abel.



© 2010 by Antoni Bofill

En el apartado teatral se contó con la colaboración del actor Ángel Pavlovsky como Duquesa de Crakentorp y, desde luego, su divertida actuación unida al nivel teatral de los cuatro principales protagonistas vocales evidencia una orientación de gran calado en este título con respecto a lo visto hasta ahora. Y no hay duda de que el responsable del éxito a nivel teatral de esta producción es el régisseur galo Laurent Pelly cuya brillante experiencia como director escénico de título de opéra bouffe de Offenbach ha conseguido en esta opéra comique donizettiana el equilibrio ideal entre los aspectos cómicos y serios. Acerca inteligentemente la acción al siglo XX al situarla en la Primera Guerra Mundial, precisamente cuando este título comienza a perder significado patriótico y peso en el repertorio, o subraya especialmente bien los contrastes entre unos estáticos y ridículos aristócratas frente a unos vivaces y animados soldados o campesinos; especialmente interesante es el retrato lleno de matices que se ofrece de Marie. Por último, la escenografía resulta muy original al estar construida sobre unos mapas militares gigantes pero también muy funcional al integrar a la perfección la acción incluso en el segundo acto donde la casa de Berkenfield se convierte en una plataforma de madera dentro del mismo contexto escénico del acto anterior. Estamos, sin lugar a dudas, ante la fille del momento.
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