Costa Rica

¿Cuál mística?

Andrés Sáenz
jueves, 3 de junio de 2010
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San José de Costa Rica, viernes, 28 de mayo de 2010. Teatro Nacional. Ruth Garita, arpa. Carole Farley, soprano. Orquesta Sinfónica Nacional (OSN).José Serebrier, director invitado. Alberto Ginastera, Concierto para arpa y orquesta op. 25. José Serebrier, Sinfonía N° 3, Symphonie Mystique. Claude Debussy, La Mer. IV concierto de la Temporada oficial 2010
0,0002368 Presteza rítmica, sonoridades cristalinas, digitación segura y nítidas oposiciones de glissandi y arpegios distinguieron el desempeño relevante de Ruth Garita, arpa principal de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), como solista en el luciente Concierto para arpa y orquesta, opus 25, del gran compositor argentino Alberto Ginastera (1916-1983).

En ocasión del cuarto concierto de la temporada oficial de la OSN, realizado el viernes 28 en el Teatro Nacional (TN), también se estrenó aquí la Sinfonía N° 3, Symphonie Mystique, del maestro uruguayo José Serebrier (n. 1938), quien fungió como director invitado.

Serebrier y la OSN completaron el programa con la interpretación refulgente de los tres bocetos sinfónicos que forman El mar, de Claude Debussy (1862-1918), iniciador del impresionismo musical francés.

El arpa

Ginastera terminó el Concierto para arpa y orquesta en 1956 y lo revisó dos años después. La obra fue encargada por la arpista Edna Phillips, pero el reputado arpista español Nicanor Zabaleta, quien asimismo asesoró al compositor con la escritura para el instrumento, la estrenó en 1965 con la Orquesta de Filadelfia dirigida por Eugene Ormandy.

Ginastera empleó una dotación orquestal completa, suplementada por una amplia batería de percusión, pero la instrumentación traslúcida es un prodigio de equilibrio por la manera como el compositor logra que el arpa resalte aun sumergida en el volumen sonoro del conjunto.

José Serebrier y la Orquesta Sinfónica Nacional se oyeron precisos en el acompañamiento, manejaron con habilidad los vivaces ritmos sincopados y se mostraron escrupulosos en mantener el balance entre la orquesta y la solista.

La señora Garita había ejecutado la pieza por vez primera con la OSN durante la temporada oficial del 2005; sin embargo, el estreno costarricense se llevó a cabo en el año 2000, con Deborah Hoffman de solista y la OSN dirigida por el maestro Irwin Hoffman, titular en aquel momento.



© 2010 by Abelardo Fonseca

Primicia


La función comenzó con el estreno costarricense de la Symphonie Mystique, escrita para cuerdas y voz de soprano en el espacio de una semana en el 2003, según apunta el compositor en las notas del programa de mano.

Al inicio de la Sinfonía, trazos rítmicos abruptos y astringentes condujeron a una sección media fluida y melodiosa antes de volver para concluir el primer tiempo. Los tres movimientos restantes guardaron un ritmo lento y establecieron una atmósfera sombría invariable y, a mis oídos, monótona. El segundo movimiento empezó con un solo del violonchelo que la sección expande, antes de la intervención del violín solo seguido del resto de las cuerdas. A continuación, segundos violines y violas prolongaron el clima de pesadumbre, que no cambia con la aparición súbita de un vals mustio. El movimiento final incluyó una voz femenina fuera del escenario (la soprano Carole Farley, en su debut nacional), al parecer con intenciones espectrales, que el compositor asocia con el misticismo.

En lo personal, hallé más mística en unos pocos compases del movimiento lento de la obra de Ginastera, con sus alusiones a las músicas nocturnas de Bartók, que en toda la Symphonie Mystique de Serebrier. Si eso es misticismo, olvidemos la música callada de San Juan de la Cruz.

No obstante, a lo largo de la obra las cuerdas de la OSN produjeron un sonido pastoso y afinado y respondieron con prontitud a las exigencias de la partitura.

Debussy

Pretensiones místicas a un lado, después del intermedio José Serebrier y la OSN forjaron una lectura espléndida de El mar, que data de 1904. El director y la OSN alumbraron la cohesión interna de la pieza, sin menoscabo de las cambiantes sutilezas de timbre, ritmo y dinámica, y alcanzaron una sonoridad ora potente ora vaporosa de enorme fuerza evocativa.

La conclusión grandiosa provocó el clamor del público, que por igual aplaudió de manera entusiasta a la arpista Ruth Garita, bien que apenas cortésmente la Sinfonía N° 3 de José Serebrier.

Una observación extramusical: contrario a la costumbre, ni a las solistas ni al director se les obsequió una ofrenda floral. Hasta en tiempos austeros, la administración de la OSN debe diferenciar entre ahorro y mezquindad.

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