Reportajes

Sorpresas te da la vida

Bellerofonte
viernes, 10 de agosto de 2001
0,0001383 Con la ignorancia suele suceder lo mismo que con los cuernos: quienes la padecen suelen ser los últimos en enterarse. Sostengo que España es un país musicalmente ignorante. Con honrosas excepciones, pero ignorante. El desconocimiento de nuestro patrimonio es brutal, sobre todo en lo concerniente a los siglos XVII y XVIII. Y sucede que cuando escuchamos por primera vez algo de un autor de ese periodo quedamos epatados por la calidad que ofrece su música.El pasado 28 de julio, en el festival de Torroella de Montgrí y en un concierto homenaje al ex ministro socialista Ernest Lluch, asesinado hace unos meses por la mafia etarra, Jordi Savall exhumó una obra del compositor barcelonés Domingo (Doménech o Domenico, como prefieran) Terradellas, un Te Deum solemne que llevaba olvidado la friolera de 256 años.La crónica de esta ceremonia de exhumación musical quedó así recogida en las páginas del diario 'El País' dos días más tarde: 'Cuando, pasados pocos minutos de la medianoche, Savall atacaba el último compás del Te Deum de Terradellas, las cerca de 600 personas que llenaban la iglesia de Torroella de Montgri no daban crédito a que aquella bella obra sacra de un músico que en el siglo XVIII hizo fortuna en Europa como compositor operístico llevara más de 250 años sin interpretarse. Subyugado por aquella bella obra tantos años inédita que acababa de escuchar, el público prorrumpió en una larga ovación y al final, puesto en pie, obligó a Savall y los solistas a salir a saludar en cinco ocasiones'.Terradellas es una de las víctimas de la tradicional ignorancia musical española. Hay muchos Terradellas en nuestra música; músicos españoles o españolizados que siguen esperando que alguien se acuerde de ellos y devuelva a la vida sus partituras. Hablo de Courcelle, de Facco, de Nebra, de De la Puente, de Herrando o de Volumier (que, aunque de origen flamenco, nació en España y llegó a ser primer violín de la más celebrada agrupación musical de aquella época, la Orquesta de Dresde), y de otros que, como Literes, Durón o Torres, han tenido en los últimos años mayor fortuna gracias a la impagable labor de grupos historicistas como Al Ayre Español, Capella des Ministrers o El Concierto Español.Terradellas no es, musicalmente hablando, un don nadie, sino una figura de primer nivel. Domingo Miguel Bernabé Terradellas nació en Barcelona en 1713 y murió en 1751 en Roma, ciudad en la que transcurrió buena parte de su vida musical. Infante del coro catedralicio barcelonés que dirigía Francisco Valls, en 1735 Terradellas se trasladó a Nápoles, entonces bajo la Corona Española de la Casa Borbón. Ya nunca más volvió a su tierra natal.A los 23 años debutó como compositor con la ópera Giuseppe reconosciuto, cuya letra era de Metastasio. En 1739 estrenó Astarto y Ermenegildo Martire. En 1743 fue nombrado maestro de capilla de la iglesia de Santiago de los españoles, de Roma, cargo en el que permaneció dos años. En este periodo compuso tres misas, cuatro motetes y varios salmos.Su fama de compositor operístico lo lleva, en 1746 a Londres, ciudad en la que estrena Anibale in Capua, Mitriade y Bellerofonte (no sé por qué, pero me suena de algo el nombre), ópera con la que cosecha un importante éxito. En los años 1748 y 1749 realiza una gira por Bélgica y Francia, para volver a Italia en 1750. Allí compone Didone (Turín), Imeneo in Oteen (Venecia) y su última ópera, Sesostri (1751, durante el carnaval de la ciudad de los canales).Dicen que el fracaso de Sesostri alteró sus cualidades mentales y que ello desembocó en el suicidio, arrojándose al Tíber. Cuentan otros que su cadáver fue hallado en el río romano cosido apuñaladas y que el autor del crimen fue su gran rival musical, Niccolo Jommelli. Nunca se ha podido probar ninguna de las dos teorías, que pertenecen ya al terreno de la leyenda.El historiador-viajero inglés Charles Burney destacaba en uno de sus escritos que en Bellerofonte se empleó por primera vez el crescendo y que Terradellas produjo nuevos efectos con el empleo de pianos y fortes, hasta entonces desconocidos. Tan desconocidos eran entonces esas prácticas interpretativas como desconocido es ahora en este país, el suyo, Terradellas. Ninguno (o muy pocos, para ser justos) de los que acudieron el pasado 28 de julio al concierto de Savall se esperaba algo así. El día que nos dé por investigar nos daremos cuenta de lo que verdaderamente tenemos. Y ese día empezaremos a ser un poco menos ignorantes.
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