Opinión

Cuidado con el opio

Javier Moreno

viernes, 11 de junio de 2010
El último editorial de la revista Scherzo nos invita a que tengamos cuidado con la cultura (ver editorial). Es este un consejo, que, a primera vista, parece del mismo estilo con que Marx nos pedía que estuviéramos en guardia contra la religión, no fuera a ser que nos intoxicáramos con tanto opio. Y como la música clásica hace ya tiempo que está bajo la sospecha de ser una especie de religión de los tiempos modernos, parecería que Scherzo se metamorfosea para enarbolar la bandera comunista contra la ópera machista catatónica y el sinfonismo bélico alemán. Me temo, sin embargo, que no es esa la intención del editorial, sino más bien la contraria: que los tiempos en los que los recursos escasean, malo sería que el Gobierno, por un quítame allá esas pensiones, nos dejara sin la dosis opiácea acostumbrada.

Coincido, no obstante, con el alegato en lo obvio: estamos en una crisis económica y la "cultura" sufrirá recortes. Supongo, no obstante, que no se referirá a la cultura 'in toto', sino más bien a esa pequeña parte que conforma el sistema artístico: música, pintura, literatura, etc. Al rezado del padre nuestro tres veces al día o al juego del boliche, que es tan cultural como la 'Quinta' de Mahler, no creo que le afecten demasiado las directrices neo-neoliberales del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial que tan aplicadamente sigue José Luis Rodríguez Zapatero.

El temor de que los recortes en el sistema artístico sean proporcionalmente mayores que en otras áreas, proviene, dice el editorialista, del hecho de que la música "no se considera entre nosotros un producto de primera necesidad". El concepto "primera necesidad" lo considera tan obvio que no se toma molestia alguna en demostrar cuál es la primera necesidad que satisfaría la música clásica. Pero me temo que salvo en algunos estudios pseudocientíficos de ocasión, quien escribe el editorial no va a encontrar dato alguno que avale esa supuesta primera necesidad. Incluso aquello de que la música de Mozart ayudaba al desarrollo infantil resultó ser un timo. A lo que ayudaba era al desarrollo de los magnates de la industria musical, cosa que se ha sabido de siempre.

Esto no significa que la música no sea agradable y hasta recomendable para animales y plantas, pero de ahí a meterla en el mismo cajón que la alimentación, el vestido, la educación obligatoria y la atención sanitaria va un trecho. Por no hablar de la vivienda, producto éste sí de primera necesidad, que en España es un derecho menor que cada uno tiene que resolver por su cuenta, sin que a Scherzo le haya preocupado gran cosa: ¿Si tienen a Mahler para qué querrán una casa?.
 
Además, sospecho, por lo que comenta a continuación el editorialista, que lo que le preocupa es el sector de las "revistas culturales". No en vano, asegura que "para ellas seguirán siendo necesarias las ayudas que permiten que bibliotecas e instituciones públicas puedan seguir ofreciendo a sus usuarios la posibilidad de leerlas." Y a continuación, y sin solución de continuidad, afirma: "Nunca estuvimos tan bien".

Uno no es que desee que los colegas de Scherzo dejen de estar "tan bien" si se cierra, al menos un poco, el grifo de las subvenciones, y, mucho menos, el desconsuelo de la legión de españoles que van a las bibliotecas públicas para conocer lo último del millonario star system que suele ilustrar las portadas de Scherzo. Pero tampoco es que uno vaya a romper en llanto si la crisis económica se salda con la desaparición definitiva de las subvenciones públicas a aquellos productos que, lejos de satisfacer primeras necesidades, le alegran a uno, a lo sumo, la vista o los oídos durante un rato.

La conclusión a la que se llega es que si el Gobierno español, que paga unas pensiones de miseria, ha venido subvencionando revistas de música clásica, cuya repercusión en el interés general es nulo, podemos empezar a entender aquello que denunciaba Harold R. Kerbo. O sea, que el Estado del Bienestar no es más que otra forma de satisfacer a los ricos a costa de los pobres. Por eso me parece una buena noticia que entre nosotros, los españoles, la música clásica no se considere un producto de primera necesidad.

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