Editorial

El teatro fantasma, ossia La programación errante

Maruxa Baliñas

miércoles, 21 de julio de 2010
Otra vez paso por Madrid y otra vez miro inútilmente la programación del Teatro Real. Y van ya varios meses así. Hoy por primera vez miré con detalle la nueva temporada y nada ha cambiado. Semanas enteras, a veces casi un mes, y ninguna ópera que ver.

Días y días que se llenan con conciertos didácticos para niños, en horario escolar, para que sean los maestros los que los lleven al teatro y no los padres/abuelos, un sistema que se ha demostrado mucho más efectivo para crear auténtica afición. Pero claro, estos conciertos didácticos tienen financiación ajena y al Real le cuestan poco y le ayudan a inflar las estadísticas de asistencia de público. Claro que todos los buenos teatros de ópera tienen esta programación infantil y me alegro mucho de que el Real apueste por este tipo de conciertos, pero la programación infantil no puede sustituir a la nocturna, especialmente en un teatro que es emblema de la ópera española y acumula ayudas públicas y privadas.

Durante los fines de semana largos -de esos con un festivo incorporado, que los españoles llamamos ‘puente’- cuando todos los teatros europeos se esfuerzan en reforzar su programación para dar ocasión a los que son de fuera para asistir también a la ópera, el Teatro Real se toma vacaciones. Se desaprovecha el puente del 12 de octubre, cuando sólo se ofrece Mahagonny y ni siquiera todos los días. Se malgasta el del 1 de noviembre, la fiesta de Difuntos, cuando directamente no hay programación. El larguísimo puente de la Constitución, del 4 al 8 de diciembre, ofrece una Finta Giardinera en versión de concierto y un Rosenkavalier. ¡Algo es algo!, pero pocos turistas viajan por eso, sobre todo siendo cantantes y montajes del nivel habitual en cualquier teatro europeo de una muy honrosa segunda categoría (pienso por ejemplo en la Ópera de Colonia, cuyo reciente Rosenkavalier presentó un elenco similar, presidido también por Anne Schwanewilms)

¿Han olvidado acaso que sirven a toda España y no a los madrileños? ¿Cuándo será habitual viajar a Madrid un fin de semana para ver ópera? ¿Son las matinées -que atraen públicos infantiles/juveniles/ancianos no habittuales por la noche- un lujo imposible? ¿Seguiremos yendo a Madrid para ver exposiciones en el Prado, Reina Sofía, Thyssen, Mapfre, Juan March, o incluso galerías privadas, y luego a las 8 de la tarde, cena y hotel? ¿Seguiremos buscando los aficionados alguna actividad musical abriendo y cerrando páginas web de pequeñas salas y teatros, o de auditorios multifuncionales donde la acústica decepciona casi siempre? ¿Seguirá siendo el Teatro de la Zarzuela nuestro consuelo (y ahora los Teatros del Canal, a pesar de su incomodidad para espectáculos largos)? ¿Tendremos que empezar a escuchar musicales de Mecano o los 40 Principales en los Teatros de la Gran Vía, ya como último recurso?

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