España - Andalucía

Nadar ríos metafísicos

Redacción
miércoles, 21 de julio de 2010
Granada, domingo, 11 de julio de 2010. Hospital Real. (Crucero). Ensemble Residencias. [Miguel Borrego, violín. Sergio Sáez, viola. José Miguel Gómez, cello. Cecilia Muñoz, flauta. Carlos Gálvez-Taroncher, clarinete bajo. Juan Carlos Garvayo, piano. Juanjo Guillem, Rafa Gálvez y Joan Castelló, percusión.] América-España del XX al XXI. Obras de Jesús Torres, Roberto Sierra, Miguel Gálvez-Taroncher y Louis Aguirre. 59º Festival Internacional de Música de Granada. Ocupación: 90%
0,0001425 "Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina."

Fragmento del capítulo 21 de Rayuela, Julio Cortázar

La música actual se encuentra por definición en una encrucijada permanente, tejiendo latido a latido -alguno más afortunado que otro- su propio lienzo. Respira, pese a todo: estable dentro de la gravedad. El segundo concierto del Ensemble Residencias en Granada demostró el vigor que llega a alcanzar el arte sonoro de nuestro tiempo cuando queda en manos informadas y honestas. De hecho, este oasis de contemporaneidad en medio de la programación granadina podría -y debería- ampliarse si se hiciera con cautela y criterio. Como un chorro de agua fresca fue aplaudida la música incluida en este exigente programa configurado alrededor de obras de autores latinos actuales, derramándose sobre una Granada abrasada por el calor y la exaltación previa de los hinchas ante la final del campeonato mundial de fútbol.

Manantial de luz (2007) de Jesús Torres es una obra de trasfondo poético y gran poder narrativo, que el Ensemble Residencias ha hecho suya. Se desarrolla en torno a la idea de luz e incluye una pequeña puesta en escena por parte de los músicos hacia el final, replegándose sobre sí mismos y cambiando su instrumento por un gong para fundirse alrededor de una resonancia universal. Se trata de una pieza redonda, que consigue calar en el público, a juzgar por el largo y cálido aplauso que cosechó. Habrá quien a estas alturas objete su lenguaje asequible, pero lo cierto es que se trata de música hecha sin complejos ni imposturas y, sobre todo, muy bien escrita.

Más liviano, aunque también de espléndida factura, resultó el Trío nº 3 (2008) de Roberto Sierra, titulado ‘Romántico’. A pesar de las continuas alusiones sonoras al Caribe, ésta es la palabra que mejor define la obra del puertorriqueño, sobre todo en el tercer movimiento, indicado ‘Con gran sentimiento, como un bolero’, que nos trasladó a un imaginario círculo camerístico de sabor germano y pinceladas tropicales en la Centroamérica de finales del XIX.

En Del dolor doblegado o 12 episodios y un poema de Cortázar, obra estreno de Miguel Gálvez-Taroncher, se aprecia la excelente preparación de su autor, así como hechuras de gran músico que puede llegar a ser enorme si deja atrás cierta rigidez formal en sus planteamientos. Ha conseguido destilar un lenguaje personal en el que las influencias quedan desdibujadas, pero siendo esta cualidad muy notable, no exime a algunos momentos de la obra de cierto carácter epidérmico, sobre todo en los pasajes extáticos, tan caros a su autor, que no acaban de funcionar al frenar reiteradamente el discurso. Apelando a Cortázar, como hace el propio compositor, podríamos decir que no se trata sólo de desear, describir, definir, ríos metafísicos, sino de nadar en ellos y arrastrar al oyente en la zambullida.

El desatado universo sonoro del cubano Louis Aguirre puso punto final al concierto. El propio compositor dirigió precisa y vehementemente el estreno absoluto de Oddúa para flauta, clarinete, violín, viola, violonchelo, piano y percusión. Aguirre ha creado una sonoridad muy personal, desaforada y extrema, que indaga en la rítmica y en el exceso tímbrico, con especial protagonismo de la sección de percusión, estridente por momentos. Estructurada de manera clara, Oddúa utiliza un lenguaje deudor tanto de grandes nombres de la vanguardia -y aquí cabría destacar el vigoroso mundo de Xenakis- como de tradiciones no occidentales, procesando el material del que se sirve de tal manera, que resulta una acrisolada instantánea de vanguardia latina con sello Aguirre. Habrá quien deteste el vibrante y desmedido estilo del cubano, pero se agradece que porte tan hondamente impresa la marca de la casa.
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