España - Cantabria

Programa e intérpretes

Maruxa Baliñas
viernes, 13 de agosto de 2010
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Santander, miércoles, 21 de julio de 2010. Palacio de Festivales de Cantabria. Sala Argenta. Alessandro Carbonare, clarinete. Nuria Cabezas, oboe. Zahar Bron, Marco Rizzi, Albert Skuratov, Eszter Stankowsky, Anna Ovsyanikova, Pablo Rapado y Attila Okros, violín. Léa Hennino y Ekaterina Tolpygo, viola. Konstantin Manaev y Janka Jámbor, violonchelo. Irina Vinogradova, Qiaojing Dai, Hae-Song Jang y Ashot Kachatourian, piano. Francis Poulenc, Sonata para clarinete y piano. Bohuslav Martinu, Serenata III para oboe clarinete, cuatro violines y violonchelo. Giya Kancheli, Cuarteto para piano, violín, viola y violonchelo 'in l'istesso tempo'. Robert Schumann/F. Kreisler, Fantasía para violín y orquesta op. 131, en versión violín y piano. Robert Schumann, Quinteto para piano y cuerda en mi bemol mayor op. 44. Encuentro de Música y Academia de Santander 2010.
0,0001972 El Encuentro de Música y Academia alcanzó este año su décima edición, y en estos momentos es ya el mejor curso de los que se celebran en España, además de haberse asentado como un ciclo de conciertos fundamental en la región cántabra, tanto por la cantidad de conciertos que en él se celebran como por su calidad. Si no he contado mal, en esta edición fueron un total de 57 conciertos en 20 días, celebrados tanto en Santander como en otros 25 pueblos -grandes y pequeños- de la comunidad autónoma de Cantabria.

A mi modo de ver, el Encuentro presenta dos grandes atractivos para los alumnos. El primero de ellos es esta ocasión de presentarse en público en los numerosísimos conciertos. El segundo es la oportunidad de tocar con los profesores del encuentro en 'igualdad de oportunidades'. Obviamente se trata de una igualdad muy relativa, ya que la diferencia de nivel es muy evidente, pero en un mismo concierto -como es el caso del que aquí se comenta- las obras son interpretadas indistintamente por profesores y alumnos.

Lógicamente se trata mayoritariamente de música de cámara, pero abarcando un repertorio muy variado que incluye incluso algunas obras que seguramente son estreno en España, como fue en este concierto el Cuarteto 'in l'istesso tempo' (1998) de Giya Kancheli (Tiflis, 1935). Llama la atención, pero por otra parte es lo lógico, que la música del siglo XX es muy mayoritaria mientras el clasicismo vienés e incluso el romanticismo quedan en franca desventaja.

El concierto del 21 de julio comenzó con la Sonata para clarinete y piano (1962) de Francis Poulenc, a cargo del italiano Alessandro Carbonare, el profesor de clarinete del Encuentro, y un alumno, Qiaojing Dai, un pianista chino de 20 años que actualmente estudia en la Royal Academy of Music de Londres. Si algo se le puede reprochar a Dai fue su excesiva timidez al piano, limitándose en bastantes ocasiones a servir de acompañante a Carbonare, pero sin atreverse a competir con él, algo que Poulenc sí pretendía en su obra. De Carbonare sólo puedo decir que es uno de los mejores clarinetistas que he escuchado nunca,y disfruté muchísimo con el control del sonido -unos maravillosos pianissimi- que mostró en el segundo movimiento de la Sonata o con el virtuosismo del tercero.

La siguiente obra del programa, la Serenata III (1932) de Martinu, me convenció mucho menos, en buena medida por la propia obra en un "estilo neomozartiano que no le impide acercarse a la música tradicional checa", según cuenta Álvaro Guibert en sus breves 'apuntes' -que no notas- al programa. Eszter Stankowsky (Hungría, 1935, actualmente en la Escuela Reina Sofía), que hizo la parte del primer violín, mostró un sonido bonito en sus intervenciones solísticas.

El Cuarteto (1998) de Kancheli fue para mí una de las obras más interesantes del concierto. Se trata de un compositor para mí apasionante, aunque pocas de sus obras llegan a tocarse en España. En el caso de este Cuarteto  'in l'istesso tempo', Kancheli -un compositor tan espiritual que bordea el misticismo- pretende reflejar bajo un manto de sencillez y casi frialdad su dolor ante los horrores del mundo. Interpretativamente, se notó cierto desequilibrio entre la apasionada y al tiempo exacta interpretación de Marco Rizzi -uno de los profesores de violín del Encuentro- y la potencia y expresividad de Hae-Song Jang Corea, 1979, actualmente en la Academia de Música de Basilea), frente a Léa Hennino (París, 1991, Conservatorio de Pparís) y Janka Jámbor (Hungría, 1988, Academia Liszt de Budapest), que tocaron más bien como alumnos, con timidez y dejándose llevar por el piano y el violín.

Tras el descanso sonaron dos obras de Schumann, un compositor casi imprescindible en este año de 2010. En primer lugar una adaptación para violín y piano realizada por Fritz Kreisler a partir de la Fantasía para violín y orquesta op. 131 (1853). Como en el caso de Martinu, parte de mis recelos hacia esta obra provienen no de la interpretación, que fue la mejor del concierto, sino de la propia obra, que no sonó ni a romanticismo, ni a música de la Belle Époque. Sin embargo, Zahar Bron -profesor de violín del Encuentro- tocó de un modo genial, con una ligereza y fluidez que convertían su interpretación en la cosa más sencilla y natural. Por su parte Vinogradova es una gran pianista per se y además está muy acostumbrada a tocar con Bron, así que fue otra maravilla de musicalidad.

El concierto terminó con el Quinteto para piano y cuerdas op. 44, en el que Bron hacía el papel de primer violín, fielmente acompañado de Skutarov (Rusia, 1988, actualmente en la Escuela Reina Sofía), quien supongo que es alumno suyo dada la coincidencia de gestos y modo de tocar, aunque su sonido es mucho menor. El resto del conjunto también eran rusos -Kachaturian, azerbayano- lo cual no implica ninguna coincidencia estilística especial: el tema de las escuelas musicales, de los modos de tocar asociados a una determinada nacionalidad, creo que es algo que ya ha desaparecido entre los músicos jóvenes. La violista Ekaterina Tolpygo (Rusia, 1989, Escuela Reina Sofía) defendió poco su parte, dejándose llevar por el resto de las cuerdas. Algo más contundente sonó Konstantin Manaev (Rusia, 1983, actualmente en la Academia de Música de Basilea), un violonchelista seguro y de buen sonido. Pero el principal problema de la interpretación del Quinteto estuvo en Ashot Kachatourian (Azerbayán, 1984, también alumno en Basilea), que sea por timidez o por no sentirse a gusto con sus compañeros, se limitó a dar todas las notas correctamente, sin añadir apenas nada más. Schumann componía para sí mismo y para su mujer Clara y tenía muy claro lo que deseaba del piano, y sin duda no era el dejarse 'acogotar' por el cuarteto de cuerdas. Sin embargo los movimientos centrales del Quinteto sonaron muy bien y aunque la 'inteligencia musical' era sin duda Bron, hubo cosas muy bonitas: un comienzo del segundo movimiento perfectamente coordinado en fraseo, volumen y expresividad, la gran ligereza del tercer movimiento que hizo que buena parte del público aplaudiese al terminar el movimiento, sin esperar al cuarto. El público pareció disfrutar especialmqnte de este Quinteto, que fue claramente la obra que cosechó mayor número de aplausos y bravos.
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