Obituario

El cronista de la pequeña burguesía

Carlos Coppel

jueves, 16 de septiembre de 2010

Claude Chabrol (Paris, 24 de junio 1930 – 12 de septiembre 2010), era uno de esos cineastas que persisten en los avatares propios de su oficio hasta el último hálito de vida, por muy avanzada que sea su edad. El domingo pasado nos abandonó a los 80 años, y aún deja una película póstuma (con la colaboración de Gerad Depardieu), y algún proyecto más que esbozado.

Aunque su muerte haya conmocionado a los franceses en su tendencia a la defensa de su cultura autóctona, el veterano cineasta fue controvertido. Su actividad prolífica y su espíritu independiente, puede que hayan contribuido a ello.

Algunos aún lo identifican con la Nouvelle Vague (nueva ola), cuando al cabo de los años dirá que lo importante no son las nuevas olas sino el mar, le interesaba hacer cualquier clase de películas, desplegando siempre (con mayor o menor fortuna) su mordacidad mixturada de profundo pesimismo, sentido del humor e ironía.

Estudió Letras y Farmacia, pero fue su espíritu ecléctico de lector incesante y pertinaz, su amplísima cultura artística y musical, y sobre todo su capacidad de revalorizar producciones cinematográficas que para otros pasaban desapercibidas, lo que le permitió desarrollar su dilatada y variada filmografía. Su pasión por el cine fue más allá de una visión vanguardista y Áurea, mostrando en su irreverencia, su conciencia del medio en que se desenvolvía -nunca mostró el habitual rechazo de algunos intelectuales a la llamada cultura de masas- y un sentido del arte más acorde con el funcionamiento de la dinámica de sus universos y el orden artístico de la contemporaneidad, mucho más pluralista, dispar, disonante, híbrido y mestizo. Curiosamente las muy profundas transformaciones producidas en las últimas décadas en este universo, sobre todo a partir del Pop Art, son casi coetáneas a la Nouvelle Vague que en definitiva las propicia ¿No es la industria cinematográfica uno de sus arquetipos? ¿No es en definitiva la difuminación del contraste de las posiciones artísticas y comerciales las que imprimen carácter a esta gran trasformación en el campo del arte?

No obstante, fue con Godard, Truffaut, Malle, Rohmer (fallecido en enero de este mismo año), entre otros, uno de los pioneros de la Nouvelle..., que revolucionó el cine francés e internacional en torno a los años 60, más que un grupo compacto, un semillero de individualidades en el cinematógrafo. Todos ellos coincidieron en espacio y tiempo como críticos de cine en la redacción de la revista Les Cahiers du cinéma en torno a André Bazin. Precisamente su primera colaboración (1953) en Les Cahiers, es una reivindicación de Cantando bajo la lluvia. A la que sigue un ensayo, de más calado teórico, Hitchcock devan le mal, que precede a la monografía, que elabora junto a Éric Rohmer, sobre el cineasta británico que hasta ese momento carecía del reconocimiento del que goza en la actualidad. Para Chabrol, el universo de Hitchcock penetra en el terreno de la ética a través de sus, cuanto menos, ambiguas concepciones morales. Los filmes más representativos de su etapa dentro de la concepción de la Nouvelle son Le Beau Serge y Les cousins (1958).

Posteriormente irá elaborando su propio estilo cinematográfico, teniendo como autores de referencia en la creación de personajes a Alfred Hictchcock, Fritz Lang y Ernst Lubitsch con los que comparte su perspectiva de la veracidad y la apariencia. Narraciones simples y personajes complejos y densos, es la clave de su cine. La puesta en escena debe ser estable e invisible, esto es, uso de técnicas formales asequibles a cualquier espectador, es la acción libre de los personajes y su expresión los que construyen el relato y le dan hondura. Sitúa a la mujer en el centro de la narración, por lo que se le conoce como director de musas. Su primera musa será Stephane Audran, le seguirán Emanuel Béat, Sandrine Bonaire, Romy Schneider, Stefanía Sandrelli, Marie Ttrintignant, y sobre todas en su última etapa a Isabelle Huppert.

De esta época y hasta el final de su vida, podemos destacar, entre otras, no menos interesantes, Le Femme infidele (1968), Le Boucher (1969), Que la bête meure (1969), Les Noces rouges (1972), Les innocents aux mains sales (1975), Les Fantômes du chapelier (1982), Une Affaire de femmes (1988), Le Cérénonie (1995), Rian ne va plus (1997), Mercí pour le chocolate (2000), y la última Bellamy (2009).

Su abandono de los principios estéticos de la Nouvelle, suscitó duras críticas por haber rebajado el espíritu innovador del movimiento, y haberse pasado a un cine más clásico y comercial. No obstante, la importancia que concedía a la creación de personajes y su expresividad, le obligaba a utilizar actores y actrices netamente profesionales, pertenecientes al star-system.

Puso en escena y esgrimió su estilo afilado, de manera sistemática en sus películas, para arremeter contra la pequeña burguesía (a la que el mismo pertenecía, era un bon vivant, reputado gastrónomo y excelente gourmet). La inmensa mayoría de su filmografía aborda esta temática. Haciendo un retrato sórdido y tenebrista de esta clase social, tanto a la de la ciudad como especialmente a la de provincia, a la que envolvía en una atmosfera asfixiante y mediocre. Casi siempre introducía el crimen en sus tramas críticas y cínicas de la burguesía. Por su insistencia en diseccionar y retratar a la pequeña burguesía, se le ha comparado con Balzac.

Hombre culto con un gusto afinado por la música, tuvo especial cuidado y acierto en la elección de ésta en sus puestas en escena, dando un especial énfasis a sus escenas, y creando las atmósferas más adecuadas a través de ella. En los últimos tiempos, su hijo Mattieu fue el compositor de las bandas sonoras de sus películas.

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