Argentina

Sincronicidad

Daniel Varela

lunes, 27 de septiembre de 2010
Buenos Aires, viernes, 6 de agosto de 2010. Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC). Silvia Dabul, piano. Lucas Urdampilleta, electrónica. Stefan Litwin, piano en cinta. Michael Gielen, Klavierstück in sieben Sätzen ‘recycling der glocken’; George Crumb, Makrokosmos II: Twelve Fantasy-Pieces after the Zodiac
Recientemente leía en Mundo Clásico la cálida recensión de Paco Yáñez sobre el vídeo de George Crumb editado por el notable sello norteamericano Bridge Records. Por otra parte, se había señalado tiempo atrás la noticia sobre el reconocimiento con el premio Ernst von Siemens al director y compositor Michael Gielen, músico de azarosa e interesante historia vinculado por muchas razones a la Argentina.

¿Qué podrían tener en común ambos personajes? Un concierto en la siempre inquieta y conflictiva Buenos Aires en el remozado edificio del Teatro Colón. Luego de algunos años de dificultades para rehabilitar el histórico edificio, ha comenzado la actividad de conciertos que hace pocos días tuvieron masivo éxito con la nueva visita al país de Daniel Barenboim al frente de la East Western Divan Orchestra para una serie de notables conciertos que incluyeron la versión integral de las nueve Sinfonías de Beethoven.

Fuera de este resonante evento que llegó a cubrirse con notas televisivas y comentarios en los diarios más importantes del país, el concierto al que haré mención tuvo otras virtudes no menores, más aún considerando el siempre disperso panorama de la música contemporánea en el país. A simple vista, no hay puntos de contacto entre las músicas de Gielen y Crumb, de hecho Gielen es más conocido en su faceta de director de orquesta y en especial -para aquellos más interesados en la música de vanguardia- ha sido unos de los cuatro directores en la histórica grabación de Gruppen (1955-57) realizada en mayo de 1965 y editada en el vinilo Deutsche Grammophon DG 137002.

El programa fue presentado por la pianista Silvia Dabul, nacida en Mendoza y quien cuenta con una importante serie de presentaciones al cabo de los últimos años en Argentina y el exterior, así como mantiene una prolongada carrera como docente. La dedicación de Dabul al programa elegido fue evidente. La complejidad de las obras y la exigencia expresiva en ambas no son materias fáciles de abordar para cualquier pianista, un concepto que comenzó a sobrevolar con los primeros minutos del concierto y que se ratificó de modo contundente al finalizar el mismo.

En la primera parte, Silvia Dabul presentó Klavierstück in sieben Sätzen. ‘Recycling der Glocken’, compuesta en 2001 como reescritura de su obra Die Glocken sind auf falscher Spur (1970) sobre textos de Hans Arp para ensemble y mezzosoprano. El concepto según el que “las campanas siguen un camino equivocado” y la pieza previa revisitada generan una nueva obra musical en que el ambiente inicial camerístico se transforma en una paleta sonora multicolor generada a través del piano, aunque con recursos expandidos. La escritura original, plena de células y motivos entrecortados, discontinuos, tuvo una sensible elección de alturas. Si la escritura era serial, basada en redes de altura o con heterodoxia estructural (dio más ésta impresión) no tuvo mayor importancia audible puesto que la obra tuvo en todo momento una delicada expresividad que trascendió su método.

La herencia del lenguaje vanguardista más puro del mundo post- Darmstadt pudo ser revisitada de un modo fresco, sutil, con una saludable distancia producto de la sedimentación metodológica obtenida luego de décadas. Los gestos irregulares y quebrados eran oportunamente suavizados con el uso de secuencias diatónicas, las que eran nuevamente desviadas por un delicado uso de disonancias fuera de las obviedades históricas por exceso de segundas menores y séptimas mayores. Zonas más estáticas con escritura vertical eran coloreadas por una colección de cuencos tibetanos (bowls) cuyas notas alternadamente se incluían o desprendían de los acordes de piano y prolongaban su resonancia de modo seductor.

El clima de estaticidad se lograba tambien a través de interpolaciones de pasajes en un segundo piano -lateral al de cola principal- , un viejo piano vertical voluntariamente desafinado en el que sucedían acciones tímbricas como un eco o espejo de lo sucedido en el piano principal. De igual modo, la periódica aparición de un soundtrack tomado del piano original producía fantasmales resonancias en diálogo con las otras fuentes de sonido vivas.



© 2010 by Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC)

La segunda parte del concierto tuvo la grata sorpresa de escuchar en vivo en Buenos Aires una interpretación del Makrokosmos de George Crumb, al menos de su segundo libro escrito en 1973, una de las obras más significativas de la literatura pianística del siglo XX. Con igual delicadeza, esmero y energía, Silvia Dabul tomó el ciclo de Crumb con decisión y coraje puesto que no es una obra de factura sencilla y Crumb no es un compositor especialmente conocido en Argentina. No soy afecto a las epifanías, pero podría decir que durante largos años, la obra de Crumb permaneció casi oculta para el público especializado de Buenos Aires, sólo con el conocimiento (y me animaría a decir que con la envidia también) de los compositores más consagrados. Sólo podía accederse a documentación de Crumb a través de unos pocos discos y partituras existentes en la antigua biblioteca del Centro Lincoln de la capital argentina, un organismo dependiente del Servicio de Información al Exterior de los EEUU. Así las cosas, durante los setenta y ochenta el único modo de rastrear sus materiales fue allí… donde conocí su exquisita música plena de energía, enigmas metafísicos y un sinfín de colores y energías esotéricas.

El motor del ciclo de Crumb surge a partir de los signos del Zodíaco y de su tipología de la personalidad, de sus implicanciones en las conductas y estados de ánimo humanos. La poesía del sonido en Crumb se remonta a su respeto por Bartok y los románticos, a los que en ocasiones cita, y a los que utiliza como una especie de mundo sonoro arquetípico al que siempre retornar con renovados ojos. Los títulos pueden oscilar entre lo épico (‘Soles Gemelos, Dobles de la Eternidad’ para el signo de Géminis) hasta la más profunda introspección (‘Rueda de Oraciones, Muy Lento, como una visión suspendida en el tiempo sin fin’). Hermética, metafísica, pero en ningún modo cursi; la potencia de la música de George Crumb se expresó a través de las manos (y la voz, los toques en el arpa del piano o los silbidos) de Silvia Dabul en un recital que quebró cierta medianía existente en las salas de conciertos argentinas.

El caso de Gielen nos puso en contacto con una música que a partir de la tradición serial ha derivado en expresiones más desueradas tanto como sensibles. La no exclusión de sonidos de tipo “blando” y la posibilidad de introspección es un camino oportunamente señalado por serialistas devenidos en músicos más integrativos hacia el final de su carrera (los casos de Pousseur y Goeyvaerts en Bélgica así lo prueban), mientras que en Crumb la energía y la exploración del piano extendido no rechazan el legado del romanticismo y Bartok -por sólo citar dos fuentes- . Dos formas de integración musical plenas de coherencia en manos de una pianista de gran mérito y esfuerzo interpretativo.

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