Obituario

Adiós al pequeño gran Arthur

Carlos Coppel

lunes, 4 de octubre de 2010
Arthur Hiller Penn (Filadelfia, EEUU, 27 de septiembre 1922 – Nueva York, 28 de septiembre 2010), más conocido como Arthur Penn, fue director y productor estadounidense, realizó filmes muy reconocidos por la crítica en los años 60, especialmente Bonnie and Clyde (1967) y La jauría humana (The Chase, 1966). Con su fallecimiento a los 88 años, perdemos a uno de los directores que en su momento fue un innovador en la historia del cine norteamericano, tanto por su influencia europea y su inquietud social, como por su relación temprana con la televisión a la par que sus, en principio, compañeros de generación. 

En el instituto inició sus actividades teatrales que no se vieron interrumpidas en su etapa militar en la Segunda Guerra Mundial. En los años 50 comienza su relación como director en la televisión. Adapta, en este medio, obras teatrales, actividad que compagina con su tarea teatral en Broadway.



Warren Beatty, Faye Dunaway y Arthur Penn durante el rodaje de Bonnie and Clyde

Su primera película en la gran pantalla El zurdo (The Left Handed Gun, 1958) western psicológico, protagonizado por Paul Newman como Billy “El niño”, imprime una dimensión nueva al género que ya comenzaba, en cierto modo, a periclitar, con excepción de algunos directores clásicos aún vivos (por sólo mencionar a uno: el inolvidable maestro John Ford, que acababa de realizar Centauros del desierto (The Searchers, 1956, a la que siguieron otras obras maestras antes de su muerte en 1973). Su irrupción en el cine adelanta algunas de las claves de las dos grandes películas mencionadas más arriba. Este western atípico, consiguió un gran reconocimiento en Europa, mientras que pasaba desapercibido en su país de origen, característica de su trayectoria cinematográfica, repetida en varias ocasiones con sus películas.



Paul Newman en una escena de The Left Handed Gun

El reconocimiento y el éxito en el mundo cinematográfico estadounidense, no lo alcanzó hasta la que sería su segunda película El milagro de Ana Sullivan (The Miracle Yorker, 1962), adaptación de la obra de William Gibson (basada en la famosa y reveladora relación real entre Anne Sullivan y su alumna ciega y sordomuda Hellen Keller, tan importante para la comprensión de la función simbólica en el ámbito específico y exclusivo del lenguaje humano, como ha señalado especialmente Ernst Cassirer, subrayado posteriormente por otros muchos lingüistas y antropólogos), que ya había dirigido en teatro y televisión. Nadie que haya visto la película podrá olvidar la secuencia, plena de violencia visual y verbal, en la que Hellen, en un choque súbito, frente a la bomba de agua y en contacto con ella (a-g-u-a) descubre el sentido y la función del lenguaje humano: comprender que “cada cosa tiene un nombre”, y que la función simbólica no se restringe a casos particulares, sino que constituye un principio de aplicación universal en el campo del pensamiento humano. Sus actrices Anne Bancroft y Patty Duke consiguieron el Oscar, que pone ya de relieve su innegable destreza en la dirección de actores y su capacidad de ahondar en los entresijos de los personajes que crea.

Es innegable que la impronta de la Nouvelle Vague (y el cine europeo en general) marca su incisiva mirada visual, encajando en el contexto norteamericano la violencia, la crítica social y la referencia sexual implícita, rompiendo definitivamente con el código aún relativamente imperante de 1934, que logra mucho mayor nivel de aspereza en las mencionadas Bonnie and Clyde y La jauría humana.

Poco tiempo después estrena Acosado (1965) con Warren Beatty, versión en nota de humor del episodio negro del macarthismo, otro fracaso.

Formó parte de la generación de cineastas formados en la televisión: Sidney Lumet, Robert Altman, John Frankesteimer, Martin Ritt, Sam Peckinpah… Esta generación fue puente de los jóvenes cineastas de los 70: Peter Bogdanovich, Francis Ford Coppola, Martín Scorsese, Brian de Palma, Paúl Schrader, Steven Spielberg, Cimino, Pakula… El mismo Schrader dijo que Penn cimentó el camino para una nueva generación de directores, y Coppola reconoció que sin la secuencia final de Bonnie and Clyde no hubiera podido concebir el tiroteo truculento y mortal de Sonny Corleone en El Padrino. La referencia generacional de aquellos directores, y especialmente de Penn, la siguió Dennys Hopper en la mítica Easy rider.



Escena de La jauría humana

Volviendo a La jauría humana, película incomprendida en su momento y fracaso comercial, protagonizada por Marlon Brando, Jane Fonda y Robert Redford, aunque reconocida por la crítica. Hoy injustamente olvidada. En clave de western, retrata la opresión, la hipocresía, la violencia y el racismo de una pequeña comunidad norteamericana, plagada de personajes siniestros: es un reflejo de la América del momento, previo al álgido periodo de la lucha por los derechos civiles. Algunos incompresiblemente la relacionan con Perros de paja (1971) de Sam Peckinpah, muy inferior desde un punto de vista puramente cinematográfico. Es curioso, sin desdoro para Peckinpah, que se le atribuya a éste, la abierta introducción de la violencia en el cine, pues, al fin y al cabo la magnífica película que constituye Grupo Salvaje (1969) que no hace más que ampliar y seguir la senda abierta por Penn. Ello no significa negar la concomitancia entre ambos directores; a saber, El zurdo y Pat Garret & Billy the kid (1973) o el uso en La Huida (1972) de la forma narrativa del western en un filme no propiamente perteneciente a este género (a ambos se les adelantó de forma mucho más explícita John Sturges en Conspiración de silencio, 1955). Lo mismo ocurre con la utilización de la cámara lenta para subrayar la violencia, de la que hace empleo, de forma inolvidable, Penn en el salvaje acribillamiento final de Bonnie and Clyde, descarnada crónica del amor y la fatalidad, que sí consigue conectar con el público, y es su película más reconocida, recordada y aplaudida.

En 1970 vuelve al 'western' (no está dentro de la pauta característica del género) con El pequeño gran hombre (Litte Big Man), sobre la que hay un cierto consenso en que es una referencia a la guerra del Vietnam. Personalmente me parece una réplica al mítico filme de Raul Walsh Murieron con las botas puestas (1941), con Errol Flynn y Olivia de Havilland, sobre la vida del general George Custer, obra maestra que muestra a Custer como un héroe norteamericano. Mientras que Penn toma posición a favor de los indios, y presenta a Custer como un personaje ambicioso, cruel y cómicamente patético.

Su decadencia posterior es evidente, y sólo destacaré por último, La noche se mueve (1975, Night Moves), con Gene Hackman y Melanie Griffith. Discutida por algunos es, sin embargo, un interesante thriller.

En 1980 retorna al teatro y la televisión, con trabajos como el telefilme El retrato (1993), con Gregory Peck y Lauren Bacall y produce la serie Ley y Orden.



Arthur Penn rodando

En general, toda la generación, por diversos motivos y circunstancias, cayó en decadencia; con la sola excepción de Lumet que al cabo de un tiempo de oscuridad, resurge con películas como Serpico (1973), amargo y magnífico filme con Al Pacino, y espléndida música de Theodorakis.

Tanto Penn como sobre todo Sam Peckinpah, realizan 'westerns' crepusculares, el segundo en tono de humor con La balada de Cable Hogle (1970), deja constancia del fin del género. No obstante, sólo el entrañable Clint Eastwood, ha sabido imprimir al género un nuevo clasicismo, combinando sabiamente las enseñanzas de Sam Spiegel (y detrás, todos los clásicos) y el 'manierismo' del spaghetti western.

P.S. Cuando me encontraba redactando esta remembranza de Penn, me llegó la noticia de la muerte a los 85 años de Tony Curtis, al que desde aquí rindo homenaje.

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