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Comunión musical

Redacción
viernes, 12 de noviembre de 2010
Kaija Saariaho © Priska Ketterer / saariaho.org Kaija Saariaho © Priska Ketterer / saariaho.org
Edimburgo, viernes, 5 de noviembre de 2010. Usher Hall. Dejan Lazic, piano. Royal Scottish National Orchestra. Thomas Sondegard, dirección. Kaija Saariaho, Orion. Sergei Rachmaninov, Rapsodia sobre un tema de Paganini. Carl Nielsen, Sinfonía nº 4 ‘La Inextinguible’.
0,0001553Ten out of 10” (Diez de 10) es el nuevo proyecto del inquieto director musical de la RSNO Stéphane Dénève con la colaboración del editor y autor Eric Sellen, que redacta las notas al programa. La iniciativa presenta y apuesta por diez compositores actuales bajo la premisa de que sus obras continuarán siendo interpretadas en décadas futuras dado que sus voces son genuinas. Así, la RSNO interpretará a lo largo de ocho meses diez obras escritas en lo que va de este siglo XXI.

Entre los compositores escogidos están los consagrados y considerados “clásicos contemporáneos”: Kaija Saariaho, John Adams, Oliver Knussen y Magnus Lindberg. Por otro lado, se incluye al conocido director Essa-Pekka Salonen, que ha retomado su faceta de compositor tras años de éxitos subido al podio, nuevo valores como los escoceses James Macmillan y Helen Grime o el francés Guillaume Connesson junto a los americanos Peter Lieberson y Christopher Rouse, de dilatada experiencia compositiva.

Para esta ocasión se interpreto Orion de Kaija Saariaho. Conocida es la vocación de la compositora finlandesa por lograr hacer comulgar medio acústicos con el sonido de la música electrónica, aunque también su particular sello espectral y de luminosidad ártica. En ese sentido, Orion no defrauda. Al refinamiento sonoro y belleza de esta música casi ni falta le hizo la breve y certera introducción del director noruego Thomas Sondegard, que indicó los aspectos que más le llamaron la atención de la partitura y que luego invitó al público a “ajustarse los cinturones para emprender un viaje interestelar”. Su dirección logró crear una atmósfera iridiscente, contemplativa de refinadas transiciones dinámicas y combustión tímbrica que evocaron esa fuerza tranquila, profunda que lleva el sello de Saariaho. Fue una exhibición de la RSNO.

Sin embargo, fue la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmaninov, el reclamo popular del concierto: Paganini Variations decían los carteles a la entrada del Usher Hall. Al piano estuvo el croata criado en Austria Dejan Lazic que, seguido con mucha atención por Sondegard, se despachó con seguridad y atención a las minucias las 24 variaciones. Una a una hilvanó las variaciones con intachable digitación, lirismo y la pizca de gracia justa que gestaron solista y dirección. Ni a Lazic ni a Sondegard se les olvidó que la complicidad musical es vital para que esta pieza trascienda algo más allá de su popularidad y pegajoso tema.

Cerró el concierto la Sinfonía nº 4 ‘La inextinguible’ de Carl Nielsen. Aquí Sondegard confirmó su empatía con la RSNO y llenó de fervor su lectura de esta enorme sinfonía que toma su nombre del texto de presentación de la partitura por el autor “… Música es Vida y, como ésta, es inextinguible”. Desde el inició, la carga emotiva y electricidad con la que la RSNO desplegó cada compás pusieron en bandeja el frenético enfrentamiento entre los dos timbales del ‘Allegro’ final. Sondegard logró con su precisión gestual y elegancia una vibrante versión llena de pulsación rítmica, exquisitez melódica, claridad y nervio. Una noche de franca comunión musical.
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