Discos

Hablando al Piano

Daniel Varela

viernes, 17 de diciembre de 2010
Anthony De Mare: SPEAK ! The Speaking – Singing Pianist. Innova 241, CD (2010).
Luego de dos siglos de repertorio pianístico no parece que quede demasiado por explorar en el rey de los instrumentos. Desde las sonatas clásicas de Mozart hasta el universo desbordante del Romanticismo, la literatura pianística se renueva cada vez que parece habérsele pedido todo a tan noble instrumento y a sus virtuosos ejecutantes. ;

Por si fuera poco, el aún reciente siglo XX mostró diversos y agitados cambios de paradigmas en cuanto a la organización sonora y al concepto de obra musical. Cuando habíamos pensado haberlo escuchado todo, siempre parece haberse abierto una nueva puerta.

El teatro musical y las actitudes propias del performance art a las que se adaptaron los músicos luego de los años sesenta pueden haber generado nuevos lugares comunes en la ejecución musical, pero a través del borramiento de los límites estilísticos producido luego de los años ochenta encontramos que los lenguajes compositivos presentan límites más difíciles de precisar.

A éste peculiar terreno corresponden las composiciones interpretadas magistralmente por el pianista Anthony De Mare, quien con el directo título de SPEAK! The Speaking – Singing Pianist (Innova 241) nos anticipa un posible “nuevo rubro” de concierto, el del instrumentista que puede utilizar la voz como expansión de su labor interpretativa.

Pasaron quince años desde que De Mare editó su CD para la etiqueta Koch Pianos and Voices, dedicado a las músicas de John Cage y Meredith Monk. Desde aquella oportunidad, su repertorio se amplió notablemente incluyendo acercamientos al jazz y a diversos compositores norteamericanos, sobre todo, de escritura neotonal. El repertorio abordado por De Mare en SPEAKS ! da cuenta del amplio territorio de la música norteamericana actual con fuerte marca de los eclecticismos del tipo “Downtown” neoyorquino en los que el uso de la tonalidad y la escritura de cambios rápidos con escasa transición deriva en bloques de desarrollo autónomo. ;

La obra de Jerome Kitzke Sunflower Sutra (1999) está basada en el poema homónimo de Allen Ginsberg. Los unísonos de voces, los gemidos y las musitaciones se traban en diálogo con el instrumento, al tiempo que la escritura de piano atraviesa por una serie de segmentos en que pueden rastrearseabstracciones de jazz, blues y americana cruzados con un evidente maquinismo futurista. A propósito, los movimientos denominados Mad American Locomotive of the Heart recuerdan al futurismo norteamericano de Antheil, Ornstein y otros varios. El brutalismo sonoro es un claro gesto de retrofuturo rescatado por algunos compositores e intérpretes pasadas las décadas de posmodernidad. Si quedan dudas de su eclecticismo radical, basta recordar que el propio Kitzke señala algunos de sus principales intereses musicales entre la sinfonía Turangalila de Messiaen y la música de los Beatles. Sigue una interesante transcripción de Laurie Anderson, Statue of Liberty (2001), pieza incluída en su album Life on A String, en el que se dedica más a un enfoque camarístico de su música. Fragmentos repetitivos y estáticos, en tiempos moderados o lentos con ocasionales acordes y arpegiados que suspenden o “abren” la expectativa audible. Otro compositor poco conocido fuera de norteamérica, Derek Bermel se encuentra representado por su obra Fetch (2004) una pieza con amplias connotaciones teatrales para el intéprete. La piezacomienza con un pasaje barroco y luego se detiene para retomar con la parte hablada por De Mare. A posterior, la línea superior del Jesús Alegría de los Hombres (Bach, BWV 147) es rápidamente transfigurada y desfigurada luego en clave de rearmonización romántica y más tarde por acumulación de disonancia y tensión. Tambien hay tensión en Urban March (Shadow) (2001) de Meredith Monk una muy breve pieza en que las líneas modales a intervalos paralelos generan un terreno disonante. Quizá por su breve extensión y por la interpretación más “pianística” con gestos propios del instrumentalismo virtuoso, resulta una pieza que desnaturaliza el efecto “plano” y meditativo del piano en los trabajos de Monk. Nuevamente en tono de mayor dramatismo actoral, The Garden (2001) del compositor Rodney Sharman con textos en torno al tema del SIDA. La cooperación entre Sharman y De Mare lleva a un alto punto del CD, con una obra que recurre a la forma por contigüidad y resaltos. Segmentos hablados, cambios rápidos, cromatismos, disonancias y escritura rítmica que responden al modelo de composición ecléctico exhibido en diferentes variantes de neotonalidad, postminimalismos y totalismos (un interesante término acuñado por el compositor y musicólogo Kyle Gann).


Pero quizás la principal obra en el CD es el “oratorio pianístico” de Frederic Rzewski De Profundis (1992), una maratón de media hora en la que el compositor norteamericano residente en Bruselas recuerda el infortunio sufrido por Oscar Wilde en la cárcel. Algunos han señalado cierto sentido posmoderno en el lenguaje pianístico de Rzewski considerando su estudio e interés en la música de Liszt o Beethoven. Nada más alejado de la realidad, puesto que Rzewski es uno de los pocos ejemplos de contundencia conceptual en torno a la creación musical bajo el prisma del modernismo más radical. Sus apasionadas lecturas de Gramsci y Hobsbawm son sólo un atisbo de sus preocupaciones por el rol de la música contemporánea en la sociedad y por el papel de los músicos en un contexto cultural más amplio que el de una sala de conciertos. En Rzewski, las complejas construcciones toman recursos pianísticos del Romanticismo tardío tanto como pensamiento serial y usos no ortodoxos de la atonalidad. En ocasiones ha tomado cita de canciones populares o folklóricas de contenido cercano a sus propósitos de consciencia social en procedimientos compositivos que lo acercan tambien al modernismo heterodoxo y liberal de Ives. De Profundis toma un punto de partida más sentido y oscuro, la carta que Oscar Wilde escribiera a Lord Alfred Douglas durante su encarcelamiento en Reading. La obra fue escrita para el propio Anthony De Mare en memoria del actor del Living Theatre, Luke Theodore.

Con enorme maestría, De Mare toca y recita corriendo para nosotros el velo sobre un mundo de profundos sentimientos en un ambiente cercano a – Art Lange dixit – una informal presentación de cabaret o a la íntima conversación entre dos cercanos amigos.


Un digno broche de oro para un disco de excepción.

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