España - Andalucía

La pareja del Maestranza

Pedro Coco
miércoles, 23 de febrero de 2011
Sevilla, jueves, 17 de febrero de 2011. Teatro de la Maestranza. Amadeo Vives: Doña Francisquita. Comedia lírica en tres actos con libro de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. Luis Olmos, dirección escénica. Jon Berrondo, escenografía. María Luisa Engel, vestuario. Juan Gómez-Cornejo, iluminación. Florencio Campo, coreografía. Mariola Cantarero (Doña Francisquita), Ismael Jordi (Fernando), Milagros Martín (La Beltrana), Julio Morales (Cardona), Amelia Font (Doña Francisca), Enrique Baquerizo (Don Matías), Arturo Pastor (Lorenzo Pérez), Isabel Cámara (Irene), Juan Matute (Juan Andrés), Manuel de Diego (Lañador y Sereno). Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza. Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director: Miquel Ortega. Producción del Teatro de la Zarzuela de Madrid
0,0001411 Así acabaremos llamando a la pareja formada por los andaluces Mariola Cantarero e Ismael Jordi, si se repiten con frecuencia los éxitos de ambos sobre estas tablas. Ocurrió en la pasada Traviata y ahora en Doña Francisquita, donde la participación de la soprano no estaba inicialmente prevista, pero para la que por fortuna pudo encontrar fechas.

Así, Mariola Cantarero volvió a demostrar que inundarnos con su privilegiado instrumento, luminoso y robusto, que domina cada vez mejor para permitirse juegos dinámicos deliciosos, no le es difícil, y el público supo reconocérselo sobradamente. Asimismo, se reveló estupenda actriz de comedia, y dejó entrever en su Francisquita matices que la situaban más allá de la ingenuidad o la inocencia. Ismael Jordi, que lleva tiempo asumiendo el rol de Fernando -incluso fuera de nuestras fronteras-, también se mostró seguro en sus intervenciones más arriesgadas, articulando el texto con maestría, proyectando sin dificultad y volviendo a regalar ese fraseo cuidado que reserva para sus personajes más afines.



Fotografía © 2011 by Guillermo Mendo

Varios peldaños por debajo se situaron sus colegas. Milagros Martín, fue una Beltrana a la que nada se puede reprochar teatralmente -pues es gran conocedora del repertorio y tiene una experiencia envidiable en este terreno- pero que no pudo con las exigencias de la partitura; agudos destemplados y cierta desigualdad de registros empañaban sus intervenciones frecuentemente. Julio Morales se desenvolvió con gracia en el rol de Cardona, y selló momentos interesantes en el primer acto, pero su voz tremolante y con problemas de apoyo no transmitía seguridad.

El resto de comprimarios, entre los que destacaban Baquerizo como Don Matías o un siempre adecuado Manuel de Diego, que nos saludó como lañador y despidió como sereno, desempeñó su trabajo con clase y profesionalidad.

Miquel Ortega se mueve cómodo en el repertorio español, pero no es -como norma habitual- muy experto en el juego dinámico, y si bien esta vez supo dominar el foso para que no cubriera a los cantantes, se quedó en una lectura más bien rutinaria y monótona de Doña Francisquita, dejando a la Sinfónica de Sevilla trabajar a medio gas, sin dar lo que todos sabemos que puede ofrecer. Mucho mejor el coro.



Fotografía © 2011 by Guillermo Mendo

Por último, la producción, que jubila a la anterior del Teatro de la Zarzuela y que también pudimos ver en el Maestranza hace años, intenta situarse en el polo opuesto de aquella, y con un juego conceptual, se centra en la luz y en el movimiento de actores como principal baza. El vestuario es original, y los decorados zigzagueantes resultan sorprendentemente vistosos en su economía. Es sin duda otra forma de vez la zarzuela, de actualizarla, y que en este caso ha funcionado porque con ellos se movían dos de las estrellas más prestigiosas del panorama lírico nacional.
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