Recensiones bibliográficas

Brahms en zapatillas

Pelayo Jardón
lunes, 4 de abril de 2011
0,0001604 La editorial Nortesur ha publicado recientemente la traducción al castellano de las Cartas de Brahms  [1], según la selección realizada por el compositor austríaco Hans Gál. La obra está estructurada con gran acierto por cuanto se organiza combinando varios criterios -cronológico, temático, personal-, lo cual contribuye a dotar al conjunto de cohesión y ritmo así como de una estimulante variedad.

Por su claridad y llaneza, por su falta de efusiones retóricas o concesiones al protocolo, el estilo de Brahms resulta, para el lector del siglo XXI, muy fácil y cómodo de leer. De hecho su estilo epistolar revela mucho de su cordialidad y ternura así como también de cierta ruda franqueza que le caracterizaba.

Nótese que Brahms no tuvo pretensión alguna de dandismo ni veleidades de pisalfombras. Su vida diaria se asemeja más a la de cualquier pequeño-burgués teutón -léase jefe de negociado o propietario de ultramarinos- ocupado en sus cotidianas menudencias. Con la particular salvedad de que, en vez de disertar sobre el precio del barril de cerveza o de la cotización del kreuzer o del florín, va transmitiendo puntualmente a sus allegados interesantes detalles sobre la génesis y posterior difusión de tantas obras maestras como salieron de su pluma: el célebre Requiem alemán; la Cuarta sinfonía, de la que hizo un arreglo para dos pianos con objeto de darla a conocer a sus amistades; el Doble concierto para violín y violonchelo en la menor, concebido para ser interpretado por Joseph Joachim y Robert Hausmann, etc.

A una saludable falta de esnobismo obedece el que por su vida no desfilen miembros del Gotha ni conspicuas demi-mondaines; sino poetas, como Klaus Groth; melómanos aficionados, como el matrimonio Herzogenberg, del que recabó a menudo consejos y que le infundió calurosos ánimos respecto a muchas obras; y, por supuesto, una nutrida galería de directores de orquesta, entre los que descuellan Hermann Levi, Friedrich Gernsheim y Franz Wüllner. Aparece también en varios pasajes Hans von Bülow, un wagneriano de alto copete con el que Brahms mantuvo una excelente relación... no exenta de tiranteces.

Quedará defraudado, por lo demás, quien busque en este collage epistolar las emociones de un folletín decimonónico a lo Eugenio Sué. Lejos queda la pasión que Listz sintiera por la condesa d'Agoult o la melancolía que Chopin compartió con Georges Sand. Apenas hay rastro del pretendido romance que, según lenguas, unió a Brahms con Clara Schumann, pues, como se nos hace saber, ya en la vejez, ambos quemaron casi todas las cartas que, en este sentido, podrían haberles comprometido.

De esta suerte, no estamos ante un volumen para ser ansiosamente devorado; antes al contrario, resulta ideal como compañero durante una temporada, para ser paladeado sin prisas, a pequeños bocados. Tampoco se trata de un mero libro de consulta. Más bien, se erige como obligada referencia para todos aquellos admiradores de Brahms; como el mejor camino para familiarizarse con su persona: su sentido común y coherencia moral, la bondad de sus intenciones, su generosidad con los demás y la austeridad para sí propio. Este desprendimiento de las cosas materiales lo atestigua, de hecho, la munificencia de la que hizo gala con sus familiares -su padre, su madrastra- y sus amigos, como Clara Schumann.

¿Quién recuerda, por lo demás, que entre los proyectos más ambiciosos -y finalmente malogrados- de Brahms estaba la composición de una ópera que hiciera sombra a las de Wagner? El libro es, en este sentido, pródigo en un sinfín de curiosidades. Descubrimos, por ejemplo, su viva simpatía hacia las económicas ediciones Peter's y su predilección por los pianos Streicher, que no Bösendorfer. Se nos reservan también impresiones turísticas de sus viajes por Italia o entrañables anécdotas, como la que se refiere a Meine Liebe ist grün, canción que compuso en 1873 a partir de un poema juvenil de su ahijado Félix Schumann.

A través de estas páginas, en fin, Brahms deja de ser uno de los pilares de la música romántica para convertirse en alguien más cercano, en un amigo. Más allá de la solemne grandiosidad de imagénes como las que nos brindó Max Klinger, descubrimos la intimidad de un hombre cordial, de gustos sencillos y elevados sentimientos: el Brahms de los Liebeslieder walzer o de los Intermezzi tardíos.
Notas

Cartas. Johannes Brahms. Edición a cargo de Hans Gál. Traducción de José Aníbal Campos. Editorial Nortesur Musikeon 4. Páginas 304. Publicación: noviembre de 2010. ISBN 978-84-937357-7-7. PVP 23,50 €

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