Entrevistas

No es ningún sacrificio: haces lo que te gusta

Julio Andrade Malde (1939-2020)
viernes, 4 de noviembre de 2011
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La pianista Marianna Prjevalskaya nació en Moldavia, pero se considera coruñesa porque aquí ha desarrollado la mayor parte de su vida y porque tiene la nacionalidad española. Llegó a La Coruña con diez años, en 1992, cuando sus padres decidieron buscar mejores horizontes para su desarrollo profesional. Además de tocar el piano, le gusta la fotografía, la pintura y ama los animales. Pero que no nos engañe ni su aspecto frágil ni los ensoñadores ojos azules con que contempla el mundo que la rodea con cierto ingenuo asombro; que no nos engañen sus maneras elegantes y delicadas ni su sonrisa que -como dijo Rubén Darío- "es la flor de su figura". Bajo todo ello, late una poderosa inteligencia y una admirable tenacidad para seguir una carrera de éxitos con un difícil instrumento en el que existe, además, una enorme competencia. ¿Cómo si no habría recorrido el mundo dando recitales? ¿Cómo, si no, habría ganado a su edad dieciocho galardones, entre ellos el primer premio con medalla de oro en el prestigioso certamen internacional de Jaén?

Julio Andrade: Acaba de ganar el primer premio con medalla de oro en el prestigioso Concurso Internacional de Piano, de Jaén, ya en su LIII edición, ¿qué puede comentar sobre un hecho tan importante?

Marianna Prjevalskaya: Fue una magnífica experiencia. Porque, aparte de ganar, el concurso está muy bien organizado tiene una atmósfera relajada, sin crispación alguna... Te sientes muy bien.

J. A.: ¿Puede decir qué obra tocó en la final?

M. P.: El Concierto de piano nº 1, de Chopin. Lo he interpretado en otros concursos y me gusta mucho; pero tengo otros conciertos que también me encantaría tocar, como los Conciertos nº 4 y 5, de Beethoven, el Primero de Brahms -que he interpretado en un importante certamen en Japón-, el Segundo de Rachmaninov... Lo que sucede es que en los concursos hay una lista de obras entre las que el intérprete debe elegir y hay que adaptarse a esas condiciones.

J. A.: Y ahora, ¿cuáles son sus proyectos inmediatos?

M. P.: Pues tengo bastantes compromisos. Una gira de conciertos por Andalucía y Extremadura, organizada por Juventudes Musicales de España, a realizar en la primera mitad del próximo año. Además, tres conciertos en poblaciones andaluzas organizados por el Premio Jaén; aún no sé ni ciudades ni fechas. También debido al Premio Jaén, haré un concierto en Boston; está previsto para el mes de octubre del 2012 y será en el Tsai Performing Ars Center, de la ciudad estadounidense. Tengo pendientes de fecha otras actuaciones en Italia y Bulgaria; en este último país, el concierto está patrocinado por el Instituto Cervantes. En La Coruña tocaré en el Teatro Rosalía con el Shostakovich Ensemble. Y en el 2013, con la Sinfónica de Galicia en el Palacio de la Ópera.

J. A.: Parece todo muy interesante. ¿Podría ampliar un poco estos datos?

M. P.: Para las giras por Andalucía y Extremadura y para el concierto de Boston, estoy preparando las Noveletten, de Schumann y tres grandes sonatas: la Sonata nº 31 opus 110, de Beethoven, la Sonata nº 4, opus 30, de Scriabin y la Sonata nº 6, opus 82, de Prokofiev. Las actuaciones en Italia y Bulgaria aún están pendientes de fijar la fecha. En el concierto del Rosalía, tocaré el Trío número 2 de Shostakovich. Y con la Sinfónica, el Concierto para piano y orquesta nº 3, de Chaicovsqui.

J. A.: El Premio de Jaén incluye, además de los conciertos, una grabación para el sello Naxos, ¿cuándo podremos escuchar el disco?

M. P.: La idea es que se registre a finales de noviembre de este año para que salga al mercado en abril o mayo de 2012. La grabación se realizará en Jaén y dos días antes, el 24, tocaré un recital con algunas de las obras que estarán en el disco. En él se incluirán seis Sonatas de Domenico Scarlatti, tres Romanzas, del opus 28, de Schumann, la Sonata en Fa sostenido menor, opus 11, también de Schumann, y la obra obligada en el concurso: Aurgitana, de José Zárate.

El entorno familiar

J. A.: Forma usted parte de una familia de músicos, ¿en qué medida ello ha condicionado su carrera musical?

M. P.: Desde mi infancia, he estado rodeado de música. Siempre recuerdo a mis padres tocando juntos, formando un dúo de violín y piano. También, por parte de mi madre, mis tíos y sus hijas son músicos...

J. A.: Da la impresión de que, además, son ustedes como una piña.

M. P.: Bastante, si (Marianna se ríe)

J. A.: ¿Cómo se adaptó la familia a vivir en España, en La Coruña? Sus padres, ¿encontraron en seguida trabajo?

M. P.: Rápidamente y sin problema alguno. Para mí, la adaptación era fácil porque tenía diez años; pero tampoco ellos tuvieron la menor dificultad. Mi padre, Vladimir, se integró en la Orquesta Sinfónica de Galicia, por entonces en formación y donde continúa como ayudante de concertino; y Tatiana, mi madre, se dedicó a la enseñanza y ha formado a muchos pianistas coruñeses. Nunca nos hemos sentido de fuera. La gente es encantadora y muy abierta. Lo valoro mucho. Ya sabe lo que se dice, que aquí nadie es forastero.

J. A.: ¿No echan de menos su país de nacimiento?

M. P.: La verdad es que no demasiado. Yo estoy completamente adaptada; mis padres, quizá lo echen un poco de menos. Mi abuela, la madre de mi padre, vive aquí con nosotros y está encantada.

Mirando hacia atrás sin ira

J. A.: ¿Cuándo empezó a estudiar música? ¿Fue muy precoz?

M. P.: Empecé a estudiar con seis años; me daba clase mi madre; en realidad, estudié con ella hasta los diecisiete. También a los seis años ingresé en la Escuela Especial de Música Rachmaninov.

J. A.: ¿Y cuándo dio su primer concierto?

M. P.: A los nueve años. Toqué con la Orquesta de Kishinev, mi ciudad de nacimiento, que es la capital de Moldavia. Interpreté el Concierto nº 8 en Do menor para piano y orquesta, de Mozart.

J. A.: ¿Y ya en La Coruña?..

M. P.: En 1996, toqué con la Sinfónica de Galicia, bajo la dirección de James Ross. El Concierto nº 1 para piano y orquesta de Chopin. Al año siguiente gané el Concurso Internacional de Marisa Montiel, en Linares. El primero de mi vida. Tenía quince años

J. A.: Estaría muy nerviosa... Claro que después, al resultar ganadora, la alegría sería enorme.

M. P.: Recuerdo que, para calmar los nervios, leía la correspondencia de Chopin. Cuando gané... Bueno, fue la felicidad.

J. A.: Un momento clave en su formación fue el primer premio que consiguió en el Concurso de Jóvenes Intérpretes de la Fundación Barrié en ese mismo año de 1997. Incluía una beca importante.

M. P.: Sí. Esa beca me permitió ampliar estudios musicales en el prestigioso Royal College of Music, de Londres. Hice el ingreso a finales de 1998, empecé los estudios en el año 1999 y finalicé el 2003. Tuve una magnífica profesora rusa, Irina Zaritskaya.

J. A.: En el año 2000, tocó usted un programa Gaos en el auditorio de la Fundación Barrié con el violinista, Evgey Moriatov. Un concierto inolvidable de dos jóvenes de dieciocho años

M. P.: Fue una magnífica experiencia. Primero porque hubo una compenetración total entre Evgeny y yo: y, segundo, porque un programa monográfico con la música para violín y piano de Andrés Gaos tiene un gran interés. Sobre todo, en La Coruña, la ciudad natal del compositor. Su música es muy hermosa. En especial, la Sonata, una obra espléndida.

J. A.: Posteriormente completó su formación en Estados Unidos, en las universidades de Indiana y de Yale

M. P.: En Indiana estuve dos años y tuve un maestro excepcional, el gran pianista georgiano, Alexander Toradze. En Yale permanecí durante cuatro años. Hice un Máster y obtuve el Diploma de Artista, con el profesor Boris Berman. Además, impartí clases durante un año. Fue una experiencia fantástica, tal vez la más importante de mi vida

J. A.: Siempre se mantuvo usted dentro de la escuela pianística rusa: Tatiana Prjevalskaya -su madre-, Irina Zaritskaya, Alexander Toradze, Boris Berman...

M. P.: Sí; es verdad.

J. A.: Es curioso: no volvió usted a tocar con la OSG hasta el año 2004

M. P.: Pues, sí. Fue dentro de las actividades de Música en Compostela. Interpreté la Rapsodia para piano y orquesta, de Turina, una obra preciosa, de unos doce minutos, muy poco conocida.

Ese extraño instrumento llamado piano

J. A.: ¿Por qué eligió el piano?

M. P.: En realidad, podía optar por el piano o por el violín ya que mis padres tocaban esos instrumentos. ¿Por qué elegí el piano? No lo sé. Creo que me gustaba más, pero no estoy segura

J. A.: Y, ¿cómo definiría este extraño y maravilloso instrumento?

M. P.: (Marianna reflexiona un momento). Me parece que ofrece muchísimas posibilidades sonoras, es muy rico armónicamente. Además, puede imitar la orquesta; es muy sinfónico...

J. A.: ¿Qué opina del piano tratado como un instrumento de percusión?

M. P.: Pues que no me gusta nada; yo nunca lo he tratado así

J. A.: Hay una greguería del genial escritor, Ramón Gómez de la Serna, que dice: "Los pianos de cola se abren como sigilosos cepos para cazar malos pianistas". Pero usted nunca ha corrido peligro...

M. P.: (Por un instante, Marianna parece desconcertada; al fin, ríe divertida). Bueno, la verdad es que nunca me he sentido en peligro ante un piano.

J. A.: ¿Es Chopin su compositor predilecto?

M. P.: La verdad es que ni puedo ni quiero limitarme a un compositor. También me gustan mucho Scarlatti, Schumann, Rachmaninov, Prokofiev...

J. A.: Sin embargo, el Concierto nº 1 para piano y orquesta de Chopin parece que le da suerte...

M. P.: Sí; por razones diversas, lo toqué con frecuencia en los concursos. Pero también me entusiasman el Primero de Brahms y el Segundo de Rachmaninov.

J. A.: Entre los grandes pianistas, ¿cuáles son sus preferidos?

M. P.: De los ya fallecidos, Rachmaninov; entre los actuales, Sokolov, Perahia y Alexeev. Hay muchísimos

J. A.: Suele decirse que el estudio del piano es muy sacrificado ¿Cuántas horas diarias le dedica usted?

M. P.: Entre cinco y seis horas. Es un poco variable: a veces, más; a veces, menos. ¿Sacrificado? No, creo que no. Al fin y al cabo, haces lo que te gusta...

J. A.: El piano, ¿le deja tiempo para desarrollar otras aficiones?

M. P.: Pues, sí. Me gusta mucho la fotografía, la pintura y el dibujo. También los animales, sobre todo la recuperación de los animales heridos. Y también hacer tartas.

J. A.: ¿Tartas? Bueno, habrá que comprobar cómo le salen. Y esos animales que le gustan, ¿son de dos o de cuatro patas?

M. P.: (Una vez más, la sonrisa ilumina el semblante de Marianna). De cuatro, por supuesto.

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