Discos

No tan nocturnos

Maruxa Baliñas
jueves, 2 de febrero de 2012
Nocturns. Sira Hernández, piano. John Field, Nocturno nº 2 en do menor. Frédéric Chopin, Nocturno op. 48 nº 1 en do menor. Franz Liszt, Nocturno nº 2 en mi mayor. Aleksander Borodin, Nocturno en sol bemol mayor (de Petite Suite). Piotr Ilich Chaicovsqui, Nocturno op. 19 nº 4. Gabriel Fauré, Nocturno op. 104 nº 1 en fa sostenido menor. Claude Debussy, Nocturno en si bemol menor. Erik Satie, Nocturno nº 4. Aleksander Scriabin, Nocturno en la mayor. Manuel Blancafort, Nocturno nº 1. Benjamin Britten, Nocturno en si bemol mayor. Narcís Bonet, Nocturno nº 5. Llorenç Balsach, Nocturno. Un disco compacto DDD de 69 minutos grabado el 19 de junio de 2011 en el Auditorio Paper de Música de Capellades. Llorenç Balsach, toma de sonido y producción. Producción: La Mà de Guido, 2011. LMG2107
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En una época de crisis discográfica, es muy de agradecer el esfuerzo que algunas discográficas como La Mà de Guido hacen para seguir manteniendo viva la música, algo que no se consigue sólo con los conciertos, sino también con las grabaciones. A pesar de los nuevos medios de difusión sonora, entiéndase internet, el disco sigue siendo para los oyentes de música clásica una de las principales vías de recepción musical, y muy especialmente de ampliación del repertorio. Por más que uno asista a muchos conciertos -y la mayoría de los aficionados no tienen ocasión de asistir a tantos- hay multitud de grandes obras de la historia de la música que no llegan a las salas de concierto o teatros, y las grabaciones son la única forma de acceder a ellas.

Esta es para mí la principal función que cumplen discos como este, que recoge nocturnos de compositores variadísimos, unos conocidos, otros no tanto. La escucha del disco del principio al final puede resultar algo monótona precisamente por la similitud en su carácter de gran parte de las obras, pero en cambio es una fuente de placer para ir simplemente descubriendo nuevas obras -ninguno de los Nocturnos recogidos, ni siquiera el de Chopin, es especialmente popular- y en menor medida compositores. Y acaso piensen ustedes que los compositores, con la excepción de los tres catalanes, Manuel Blancafort (1897-1987), Narcís Bonet (1933) y Llorenç Balsach (1953), responsable además de la producción y toma de sonido del disco, son bien conocidos. Sí, pero en cambio sus Nocturnos no siempre lo son tanto. Es el caso por ejemplo del Nocturno en sol bemol mayor de Borodin, un compositor cuya música de piano es prácticamente inédita en España ya que ni siquiera han llegado los discos rusos con su música (no sé por qué los discos de Melodya con música de piano no se distribuyeron apenas en España, supongo que en aquel momento no había demanda para ese tipo de música casi de salón). O el Nocturno en si bemol mayor de Britten, otro autor cuya música pianística es escasa y muy poco conocida, por lo que esta obra puede ser todo un descubrimiento. Y podría seguir hablando de Chaicovsqui, Scriabin o incluso Liszt, compositores bien conocidos como pianistas pero cuyos Nocturnos resultan también rarezas, pero acaso no tenga sentido insistir más en este tema de la novedad del repertorio grabado por Sira Hernández en este disco.

Si nos centramos en los aspectos técnicos de la interpretación, se le puede reprochar a Hernández una cierta monotonía, como antes apuntaba, motivada por la similitud entre las piezas -y ordenarlas cronológicamente aumenta esta sensación de continuidad- pero también porque repite casi siempre los mismos recursos, especialmente en el uso del pedal y por tanto la sonoridad general. Me hubiera gustado que algunos nocturnos fueran pedalizados con más nitidez, que no se polarizara tanto entre la línea melódica y la de acompañamiento. Field, Chopin y Liszt se pueden considerar una misma escuela o línea estilística y hacerse con este tipo de pedal, pero los Nocturnos de Borodin y Chaicovsqui -menos románticos y más de salón- no tienen por qué sonar así, y de hecho, los intérpretes rusos los suelen hacer con pedales mucho más ligeros, a contratiempo más que prolongando. Personalmente además hubiera puesto el Nocturno de Scriabin con los de Borodin y especialmente Chaicovsqui, pues su tradición es eminentemente rusa, aunque por fecha de nacimiento a Scriabin le toque tras Fauré, Debussy y Satie. Por cierto, para quien no lo conozca, el Nocturno de Satie resultará francamente desconcertante pues tiene mucho de nocturno y muy poco de lo que se suele considerar el estilo de Satie, mientras es Blancafort el que parece haber bebido de Satie y quien aprovecha su libertad en el desarrollo tonal. Tampoco el Nocturno de Britten da muchas pistas sobre quién es su autor, sobre todo en su parte central donde aparece un virtuosismo que nos recuerda su origen, un encargo realizado a Britten para la Leeds International Pianoforte Competition de 1963. El Nocturno de Bonet es una pieza muy breve, en la tradición del género, sin una identidad propia. El de Balsach, tras un comienzo totalmente chopiniano, que casi parecía una cita, se convierte en otra obra de circunstancias sin especial interés. Tanto Bonet como Balsach suenan bien pero se podían haber buscado ejemplos que mostraran mejor qué es un nocturno en la actualidad. En España, por motivos que no vienen al caso, todavía se teme a la música contemporánea de un modo injusto, confundiendo siempre vanguardia con modernidad, y por lo tanto con un lenguaje complejo, cuando no tiene que ser necesariamente así. Y sin duda el disco queda un poco cojo sin esa referencia a las últimas décadas (insisto que en que Bonet y Balsach no son buenos representantes de la contemporaneidad).

El folleto que acompaña al disco es una especie de breve texto literario sobre el atractivo del nocturno como obra hecha "de la materia de los sueños" y llena de "sentimientos todavía inarticulados, premoniciones y recuerdos ancestrales que sólo ella es capaz de expresar". Personalmente hubiera agradecido más una explicación sobre el nocturno como género musical -esa definición no se ajusta en absoluto, ni siquiera a los nocturnos más románticos- y unos datos mínimos como la fecha de composición de las obras. El folleto se completa con una selección de versos extraidos de los Himnos a la noche de Novalis aplicados a cada una de las piezas grabadas, que supongo que se pretende que encajen con el pathos de cada uno de los nocturnos pero que a mí me parecieron totalmente arbitrarios.

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