Novedades bibliográficas

Quintín Rufiner: Un organero rescatado del olvido

Joaquim Zueras Navarro
miércoles, 29 de febrero de 2012
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Hace poco pregunté a un organista litúrgico quién era el organero autor del instrumento en el que interpretaba. Me respondió que no lo sabía. No es que el nombre del organero no constara en la consola del instrumento, sino que no había reparado en él. Tal actitud sólo se explica porque vivimos tiempos de precipitación y de superficialidad. Saber quien ha sido el constructor del órgano que se escucha o ejecuta es penetrar en un mundo de personajes que vivieron en medio de un contexto histórico determinado, sufriendo a menudo privaciones y contratiempos en aras de un ideal sonoro a través de una estética personal inconfundible.

Cuando Juan Luis Sáiz ocupó la plaza de la iglesia de El Salvador, de Valladolid, se encontró con un órgano de un tal Rufiner, un personaje oscuro del que había escasa información: un artículo de Mª Antonia Virgili Blanquet, de cuatro páginas, publicado en la Revista de Folklore; algunos datos más daba el P. Ángel de Lama, quien inventarió en 1979 los órganos de la provincia de Valladolid; finalmente, la tesis de José Ignacio Palacios Sanz, que versa sobre el órgano que construyó para la Catedral de El Burgo de Osma. Lejos de desanimarse, con una tenacidad y una paciencia a toda prueba, siguió investigando durante años, fruto de lo cual es este espléndido libro en el que no faltan interesantes ilustaciones, Quintín Rufiner (1871-1956) Biografía y análisis de un modesto organero vallisoletano, el único organero de Castilla y León que construyó órganos románticos. Para este tabajo, Juan Luis Sáiz entró en contacto con Julio Rojo de Rojas, sobrino-biznieto de Quintín Rufiner, a la vez que se relacionó con Arturo Trueba de Araoz, hijo de José Trueba, gran amigo del organero y responsable de la construcción de varios de sus órganos.[N|1]

El libro se estructura en dos partes. La primera contiene la vida y obra de Quintín Rufiner: sus orígenes, el aprendizaje del oficio de carpintero, sus primeros pasos como organista, la fundación del taller de armonios... Fue providencial que el célebre organero Aquilino Amezua acudiera a Valladolid para instalar un nuevo órgano en la catedral, que se inauguró el 23 de junio de 1904. Rufiner, además de haber leído varios tratados de organería y acústica, trabajaría con Amezua en el montaje del instrumento, lo que le sirvió para introducirse en el mundo de la organería. Para el ingeniero José Trueba construyó un órgano de salón, inaugurado con dos conciertos cuyos programas y crítica se detallan en el libro y que hoy permanece en la Parroquia de El Salvador de Valladolid, tal como puede verse en una fotografía junto con la descripción del mismo. En el órgano de Nalda, al sur de Logroño y en el de la Parroquia de San Miguel y San Julián, en Valladolid, Rufiner respetó las hermosas cajas barrocas para instalar el órgano dentro, lo que dice mucho acerca de su sensibilidad y respeto por lo antiguo. Resulta curioso el capítulo en que se explica como Rufiner decidió añadir a dos órganos nuevos una organola (mecanismo similar al de la pianola). Un cambio a un taller de mayores dimensiones y nuevos órganos entre 1922 y 1924: el de la Colegiata de San Antolín de Medina del Campo, el del Seminario Conciliar de Segovia y el de la Catedral de El Burgo de Osma, además de dos órganos que le encarga José Trueba, entonces residente en Bilbao, uno para el salón de su casa y otro para las Madres de la Esperanza, cuyo convento fue demolido. El órgano de la Paroquia de San José de Madrid parece ser que fue el último que Rufiner construyó entre 1925 y 1930 (no sabemos con certeza la fecha). La República y la Guerra Civil fueron tiempos difíciles para los Rufiner. Tras la contienda subistió realizando modestas reparaciones y afinaciones, a la vez que siguió construyendo pequeños armonios.

La segunda parte, más técnica, esta escrita no obstante de manera clara, incluso amena por la variedad de temas que contiene. Tras ofrecernos una panorámica de la introducción del organo romántico en suelo español, Juan Luis Sáiz se centra en la posición estética de Aquilino Amezua, citado anteriormente, y en su discurso leído en el Congreso nacional de Música Sagrada, celebrado en Valladolid en 1907. Para analizar la estética de Rufiner y su evolución se comparan dos folletos escritos al inicio y final de su labor como organero. En ellos critica ciertas particularidades del órgano barroco y su falta de sintonía con la liturgia que dispone el Motu Proprio de 1903, además de detallar cuatro modelos de órganos que pueden encargare en su taller. Luego se estudian los órganos de Rufiner, su construcción, disposición y resultados. Los órganos Rufiner han corrido en su mayor parte un destino aciago: unos han desaparecido, otros se han desmantelado o no funcionan. Hoy sólo podemos escuchar el de El Salvador de Valladolid, aunque con carencias, y el de la Parroquia de San José de Madrid, muy modificado en los años cincuenta. Aun así ambos son auténticas reliquias, testimonios de una obra más amplia que con el paso del tiempo se ha esfumado.

Sobre este libro el catedrático de órgano, investigador y concertista Esteban Elizondo ha escrito en el prólogo: “Este trabajo sobre Quintín Rufiner es profundo, detallado y coherente, tanto en su planteamiento como en su exposición de la numerosa documentación e información que aparece en el mismo. Todo ello ha dado como resultado un trabajo de investigación muy completo y de excelente nivel”.

El libro puede adquirirse aquí.

Notas

Quintín Rufiner (1871-1956) Biografía y análisis de un modesto organero vallisoletano. Autor: Juan Luis Sáiz Virumbrales. Prólogo: Esteban Elizondo Iriarte. Editorial Maxtor. 196 páginas. ISBN: 978-84-9001-095-2

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