Argentina

Una herencia histórica

Patricia Casañas

viernes, 27 de julio de 2012
Buenos Aires, miércoles, 4 de julio de 2012. Teatro Coliseo. Don Quijote, ballet en dos actos, con música de León Minkus. Coreografía de Marius Petipa, Alexander Gorsky y Eugenia Kasianova. Ballet de Kiev. Viktor Yaremenko, director de la compañía. Elenco: Katerina Kanukova, Kitri; Viktor Ischuk, Basilio; Anatoli Vorontsov, Don Quijote; y Volodimyr Fomenko, Sancho Panza. Fundación Cultural Coliseum

Ante una sala menos poblada de lo deseable, se presentó el Ballet de Kiev en Buenos Aires. Seguramente la superposición con otros espectáculos de ballet, junto a los altos precios de las localidades, conspiraron para que el público no fuera tan nutrido como lo merecía la excelente compañía ucraniana. Menuda tarea sin duda la de los productores de estos espectáculos, que deben compatibilizar fechas y costos, y sin embargo logran traer artistas de primer nivel (está prevista la visita de Sylvie Guillem para septiembre).

Casi 150 años de historia lleva sobre sus espaldas el Ballet de Kiev, producto de la asentada tradición académica rusa. Tal herencia se percibe en la uniforme y precisa técnica de absolutamente todos sus integrantes, en la disciplina musical de cada uno de sus pasos, en su impecable cohesión grupal. La compañía, actualmente dirigida por Viktor Yaremenko (hasta hace poco uno de sus solistas más importantes), es una de las principales de la ex Unión Soviética, y desde sus orígenes funciona en el Teatro de Ópera y Ballet de Kiev. Entre sus solistas pasados, recuerdo al excelente Valeri Kovtun, partenaire de Maia Plisetskaia en algunas de sus visitas a Buenos Aires.

En el escenario del Coliseo presentaron Don Quijote, versión en dos actos y cinco escenas. La obra, una de las piedras de toque de la producción coreográfica de Marius Petipa, tiene todos los elementos para permitir el lucimiento de primeras figuras, comprimarios y bailarines actores. Precisamente, Alexander Gorski fue quien en 1909 ‘modernizó’ la obra, aportándole una mayor naturalidad en la actuación, conforme las enseñanzas del por entonces novedoso método Stanislavski, lo cual indignó al anciano Petipa.

Más de un siglo después, desde la primera escena pudo apreciarse la cuidada formación dramática de Anatoli Vorontsov como Don Quijote, y Volodimyr Fomenko como Sancho Panza. Este último fue un simpático escudero, siempre dispuesto a la picardía, fiel guía de su señor.

La pareja protagónica fue interpretada por Katerina Kanukova y Viktor Ischuk. Con un control técnico a toda prueba, la bailarina impactó por su hermosa línea, giros vertiginosos, y limpias posiciones. Sin embargo, tanto en ella como en Ischuk -asombroso partenaire- faltó algo del salero español, el gesto pícaro, la complicidad entre la pareja que de broma en broma va recorriendo la historia. El rubio y esbelto bailarín fue un dinámico Basilio, con prolijas terminaciones en saltos y piruetas, y ambos salieron airosos ante la velocidad impresa por la música grabada.

Del resto del elenco puede destacarse a la hermosa Gitana compuesta por Yulia Safonova, la sugerente Bailarina callejera de Viktoria Dymovska, y el Cupido pizpireta de Katerina Alaeva. Ella y su tocaya Katerina Metolkina, como amigas de Kitri, acompañaron con excelencia a la feliz pareja hasta el desenlace final, que como no podía ser de otra manera, fue feliz tanto para el Ballet de Kiev como para los asistentes al Coliseo.

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