Obituario

Emmanuel Nunes, la poesía del rigor

Paco Yáñez
jueves, 6 de septiembre de 2012
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Conocí la música de Emmanuel Nunes mucho antes de conocer a Emmanuel Nunes como persona. Lo primero que me sorprendió fue el altísimo grado de coherencia entre la creación y su creador, entre el profundo rigor que caracteriza sus partituras y la insobornable firmeza de sus convicciones, ya fueran musicales, artísticas y/o políticas. Otros aspectos que me impresionaron fortísimamente del compositor portugués fueron su enciclopédica cultura, su proverbial poliglotismo y su apertura de miras hacia las más diversas manifestaciones intelectuales. En todo ello, una sinceridad apabullante. Su trato conmigo fue siempre extremadamente cordial y amistoso, allá desde los muchos centímetros de altura que me llevaba, esforzándose por corresponder en un perfecto castellano a mis palabras en un portugués seguramente menos académico que sus incursiones en nuestra lengua. Ya fuera de viva voz o a través del correo electrónico, tuve la osadía de someter mis artículos sobre sus obras a su valoración, textos a los que respondía con palabras llenas de entusiasmo y ánimo que son ya parte del recuerdo, del aprendizaje como crítico, y materia, quizás, para la revisión futura de nuestra mirada sobre este auténtico gigante de la música portuguesa y europea.

En la entrevista que con Emmanuel Nunes pude mantener para Mundoclasico.com en enero de 2007, precisamente ése era el titular que nos dejaba (en realidad, uno de los muchos posibles, en un compositor cuyas palabras eran verdaderas cargas de profundidad y ejercicios de sesuda reflexión): «Me considero portugués y europeo». Compleja relación, la suya con Portugal: ardua y problemática. Nacido en Lisboa el 31 de agosto de 1941, desde su viaje de formación a Darmstadt (1963) y sus traslados a París (1964) y Colonia (1965) fue plenamente consciente de que el grado de desarrollo que precisaba para alcanzar su potencial como creador no podría ser afrontado de forma exclusiva en Portugal (por más que siempre hablaba con grato recuerdo de su periodo académico lisboeta con Fernando Lopes-Graça y Francine Benoît). Con una formación ya orientada desde la universidad hacia lo europeo, conciliando dos ámbitos que históricamente han sido sustrato de nuestro pensamiento como comunidad cultural (y hoy extremos de una tensión antitética con respecto a lo que en el pensamiento de Nunes representan), estudia Filología Alemana y Filosofía Griega en Lisboa. Ello le facilitará el acceso al ámbito centroeuropeo y el contacto con las que serán más decisivas influencias contemporáneas sobre su creación: Pierre Boulez y Karlheinz Stockhausen...

...Boulez y Stockhausen, pero también Henri Pousseur, Jaap Speck o Georg Heike entre los magisterios que recibe en sus primeras rutas de aprendizaje europeas; rutas de muy reconocibles filiaciones históricas, con antecesores inmediatos en los Stravinsky, Varèse, Schönberg, Berg y Webern, para Nunes base nutricia de su lenguaje y puertas de acceso al gran rizoma musical que lo llevaría igualmente a Mahler, Brahms, Wagner, Schubert, Beethoven, Mozart, Bach y la polifonía medieval, algunos de sus imperecederos amores musicales. En esa genealogía de tan exigentes eslabones predecesores llevará el lisboeta a cabo la compleja tarea de ampliar los límites y los pasos avanzados por la tradición, siendo al tiempo fiel a la historia, al presente y a la voz del compositor como ágora ecoica, como punto de inflexión donde confluyen y adquieren forma(s) sus tensiones creativas. El propio catálogo de Emmanuel Nunes se conforma como proceso histórico en sí mismo: arborescente, ramificado, de partituras que proliferan en diversas direcciones, si bien siempre unidas por esas dos componentes que Eduardo Chillida afirmaba nunca pueden faltar en el arte, sea cual sea, hermanando las más diversas manifestaciones creativas: poesía y estructura.

 

Emmanuel Nunes con el Cuarteto Diotima

Fotografía © 2007 by Paco Yáñez


Tras conocer su muerte, hace apenas unas horas, he estado (re)escuchando algunas de sus obras, que me han vuelto a impresionar por su unidad, por esa construcción sin fisuras a la que se refería Chillida; pero, igualmente, por una poesía que, como sucede con otros compositores (caso paradigmático es otro constructor titánico como Iannis Xenakis), no es siempre valorada en la música de Nunes, de apariencia tan cerebral y matemática... Hay que repensar a Nunes desde ese prisma de lo poético. Para mí fueron verdaderas lecciones de historia el escuchar a su lado algunas interpretaciones de partituras ya clásicas (Stravinsky, Debussy, Webern...) y ver cómo las vivenciaba en su butaca, cómo cada matiz, cada inflexión, cada color, cada alteración dinámica, provocaba en él reacciones, un pálpito orgánico a un impulso musical (por no hablar, más allá de lo que la vista nos descifraba contemplando a Nunes, de sus palabras, que penetraban cual bisturí en las interpretaciones de los directores que se ponían al mando de cada orquesta; un bisturí que no reparaba en daños a la hora de seccionar la realidad con sus palabras, hasta el punto de la sangre: hombre que podía llegar a una sinceridad y a una expresión tan categórica que impresionaba). De esas vivencias pude aprender, de primera mano, ya fuera a través del gesto o de la palabra, la importancia de lo poético para Nunes, así como de lo intuitivo, de la música como reacción no sometida a lo racional, que vehicula conocimientos y experiencias sólo para el arte accesibles, más allá de la lógica y la ciencia (por otro lado, tan frecuentes aliadas en un compositor cuyas bases compositivas comprenden desde la filosofía a las más complejas matemáticas, pasando por la física y su síntesis en la electrónica, presente en algunas de sus más impactantes y ambiciosas partituras).

De todo ese compendio entre la intuición y la razón, entre la historia como tradición y la necesidad de renovación de un hombre combativo (que, al igual que en el arte, también experimentó en lo político el conflicto en primera persona, con sus años de pertenencia clandestina al Partido Comunista Portugués), surge un corpus creativo que el pianista y musicólogo Paulo de Assis -uno de los mejores conocedores y analistas de la obra de Nunes- divide en cinco grandes periodos:

1. Obras tempranas (1964-1973)
2. Ciclo 1 (1973-1977)
3. Ciclo 2 “La Creación” (1978-2007)
4. Obras compuestas en paralelo al Ciclo 2 (1982-2002)
5. Las piezas escénicas Das Märchen y La Douce, y obras relacionadas (2002-2011)

Para Paulo de Assis, estos periodos se caracterizan por la «meticulosidad y libertad», en el caso de las obras tempranas; por una «nueva gramática», en el caso del Ciclo 1; por los «monumentos espacializados», en el caso de las obras paralelas al Ciclo 2, con la emblemática Quodlibet (1990-91) como paradigma y una de sus obras más (re)conocidas; y por las «manifestaciones músico-dramáticas» en los postreros casos de la ópera Das Märchen (2002-07) y la pieza de teatro musical La Douce (2008-09), con Goethe y Dostoievski como bases textuales para obras totales en las que palabra, música, escena y pintura se dan la mano en una etapa conclusiva que quedará ya como el testamento artístico de Nunes.

Característica por antonomasia del proceso de construcción de su catálogo, es la integración de unas obras dentro de otras, como fragmentos que se insertan en partituras mayores (caso de las últimas propuestas escénicas y las piezas que las fueron precediendo), a través de lo que Paulo de Assis denomina «fragmentación caleidoscópica». Complejiza ello la estructura final, sus capas de lectura(s), sus ramificaciones, texturas, instrumentación, timbres, etc. No quiere ello decir que el resultado final deba ser necesariamente un tumulto abigarrado, un sumatorio de densidad inextricable, ni mucho menos, y de ello La Douce es un ejemplo claro, con sus amplias aperturas al silencio, a un kaleidoscopio también de ecos.

Todo ello ha dado lugar a un compositor profundamente insertado en la tradición (de la cual fue un lúcido analista) y a un orgánico compositivo que, según Peter Rundel -quizás el director que más y mejor dirigió Nunes en los últimos años (algo que él mismo me comentó en diversas ocasiones)-, se emparenta con los modelos de desarrollo por variación de Schönberg, con el trabajo en base a fórmulas de Stockhausen, y con la proliferación en el caso de Boulez; todo ello en un trazo compositivo que arrancaba con el trío Degrés, allá por 1965, y que llega a nuestros días; que ha de ser vuelto a poner sobre nuestros escenarios ahora con una perspectiva ya histórica sobre el propio Nunes, con un catálogo ya cerrado, pero que no dejará de formularnos interesantes sugerencias y preguntas, que no cesará de interpelar tanto a nuestro intelecto como a nuestras emociones.

El acceso a ese catálogo de obras no es sencillo, en absoluto, si de discografía hablamos. Las editoriales Ricordi y Jobert han publicado buena parte de sus partituras, muchas accesibles, pero su versión fonográfica es algo que no alcanza la medida que consideramos justa para la relevancia de Emmanuel Nunes tanto en Portugal como en la escena europea. A lo largo de la última década, el proyecto de la Casa da Música de Porto ha vuelto a poner de relieve la creación de Nunes en Portugal, donde sus composiciones fundamentalmente tenían espacio en Lisboa, con especial mención para la Fundación Gulbenkian. Sin embargo, con el Remix Ensemble de Porto decía Nunes que era «la primera vez en Portugal que hay un ensemble de música contemporánea de nivel internacional», algo que calificaba como un hecho único. Del conjunto portuense esperamos nuevas grabaciones (así como la publicación de tomas de conciertos ya existentes) que aumenten la exigua muestra en cuanto a monográficos del lisboeta. No son los únicos a los que pediríamos ese esfuerzo, pues en archivos de radios y ensembles europeos duermen un sueño silencioso registros que deberían ser publicados sin demora, como la excepcional Wandlungen (1986) en manos de Ernest Bour (director de gran afinidad con la música de Nunes, que defendió con notables resultados), en grabación del concierto de las ‘Weltmusiktage’ de Colonia, el 26 de octubre de 1987; velada de la cual sólo recientemente ha sido editada la interpretación del Concierto para violín de Beethoven por el Ensemble Modern Medien (EMCD-017).

Mientras esperamos por dichas grabaciones, el melómano interesado en descubrir (o profundizar en) la música de Emmanuel Nunes ha de (intentar) hacerse (tarea que en muchos registros ya le anticipo ardua o directamente imposible) con discos como sus piezas para viola en las soberbias lecturas de Christophe Desjardins (æon AECD 0981); Duktus (1987) y Épures du serpent vert II (2005-06) por el Remix Ensemble con dirección de Peter Rundel (Numérica 1153); Lichtung I & II (1988-2000) en las inconmensurables versiones del Ensemble intercontemporain dirigido por Jonathan Nott (Accord 472 964-2); la magna Quodlibet con un despliegue ingente de músicos, que incluía a los del Ensemble Modern, comandados por Kasper de Roo y Emilio Pomàrico (Montaigne MO 782143); Machina Mundi (1990-92), obra de una ambición también inmensa (Montaigne MO 782020); o Musik der Frühe (1980, rev. 1984-86) y Esquisses (1967, rev. 1980) por Péter Eötvös y el Arditti Quartet (Erato ECD 75551).

Claro ha de quedarnos, y así me lo recalcaba con especial énfasis Emmanuel Nunes siempre que le hacía llegar mis quejas sobre la parquedad de su discografía, que buena parte de sus obras, como las tres Lichtung, Wandlungen, Quodlibet, Machina Mundi, o tantas otras, en soporte fonográfico no son más que un pálido reflejo de lo que en vivo representan, con sus procesos de espacialización y proliferación de focos sonoros en escena gracias a la electrónica en vivo. Recuerdo como una especial revelación al respecto el estreno portugués de Lichtung III (2006-07), realizado con dirección de Peter Rundel en la Casa da Música, el 23 de octubre de 2010; una experiencia realmente única en lo referido a la relación música-espacio-tiempo: vectores inseparables de la trayectoria de Emmanuel Nunes en su madurez.

La madrugada del pasado 2 de septiembre nos dejaba, aquejado por una fibrosis pulmonar fulminante -según me han comentado desde Portugal-, un hombre al que hemos admirado como compositor, y al que tuve la fortuna de conocer (y también admirar) como persona. En él se unían una sinceridad que podía resultar hasta hiriente, cuando cargaba sus palabras de dardos, pero también un fino sentido del humor poco conocido, así como una gran fe en las posibilidades del ser humano, a pesar de su profundo escepticismo con la actual construcción de Europa, en la que abominaba los intereses económicos que la manipulaban, la mediocridad a la que impulsaban los imaginarios sociales, la falta de ambición cultural y humanista de sus dirigentes.

Pasa Emmanuel Nunes a formar parte de los grandes nombres de la historia del arte en Portugal. Allí se encuentra con algunos de sus coetáneos ya desaparecidos, como Jorge Peixinho o José Saramago, así como con algunos que aún siguen vivos, demostrando cómo la creación puede ser un auténtico elixir de juventud, como el decano de los cineastas europeos, el realizador Manoel de Oliveira, en cuatro de cuyas películas se ha filtrado la música del lisboeta. En 2011, la editorial Ricordi publicaba un sustancioso monográfico sobre Emmanuel Nunes para celebrar su septuagésimo aniversario, con edición de Till Knipper y Michael Zwenzner (ISBN 978-3-938809-79-2). Se trata de una publicación de obligada consulta que recoge algunas de las últimas aportaciones a los análisis sobre la obra de Nunes, firmados por muchos de sus más cercanos colaboradores y estudiosos, así como textos más breves de músicos y compositores como Pierre Boulez, Maurizio Pollini, Philippe Manoury, Sylvain Cambreling, Pierre Strauch, Christophe Desjardins, o Marco Stroppa. En aquella ocasión, la editorial muniquesa me había pedido unas fotos que yo había realizado a Nunes en compañía de Manoel de Oliveira. Difícilmente podía imaginar que el compositor nos habría de dejar antes que el centenario director. En todo caso, de ambos seguiremos disfrutando de un legado artístico que sin duda perdurará formando parte de una identidad europea de la que Nunes siempre se consideró parte, de aquélla basada en la cultura y el humanismo, en la poesía y el rigor.

 

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