Alemania

Beethovenfest. Excelentes versiones de rutina.

María Santacecilia

viernes, 14 de septiembre de 2012
Bonn, domingo, 9 de septiembre de 2012. Sala Beethoven de Bonn. Obertura Rey Esteban, de Ludwig van Beethoven. Día de Acción de Gracias, Sinfonía 5, Charles Ives. Sinfonía fantástica, de Hector Berlioz. London Symphony Orchestra. Director, Michael Tilson Thomas. Festival Beethoven de Bonn. Aforo 85%

Le ocurre al Festival Beethoven de Bonn, la gran cita de la música alemana al inicio del otoño, lo que a otros eventos de su calado y tirón internacional. Se esfuerza en llevar a cabo programas educativos para jóvenes, conciertos sin prejuicios en los que se incluye pop, así como proyectos vinculados al cine, la danza e incluso este año al medioambiente.

Mucho empeño por captar nuevos públicos, pero lo cierto es que las citas con las grandes orquestas en la Sala Beethoven de Bonn cuentan con un público extremadamente envejecido. No se trata de discriminar a nadie por su edad, pero la abrumadora marea de cabezas blancas en el patio de butacas da qué pensar en cuál será el público que tendrán en el futuro formaciones como la Sinfónica de Londres, que actuó en esta ocasión.

No es cuestión de simplificar ni llegar a conclusiones precipitadas en este asunto. La situación se debe a una conjunción de factores de muy diversa índole, pero ¿qué se puede hacer para dar un sentido más amplio en la sociedad a los conciertos de las grandes orquestas, como las que se presentan habitualmente en el Festival Beethoven de Bonn?

Por ejemplo, la Sinfónica de Londres, una de las mejores del mundo. Sus músicos son brillantes y precisos, de eso no hay duda. Es una locomotora que avanza por sí sola casi sin necesidad de ser guiada. Y, sin embargo, qué sensación de hacer música “en serie” transmite. Da igual Beethoven, Charles Ives o Berlioz, la maquinaria siempre está perfectamente engrasada, pero no se percibe tras ella una visión profunda de la música.

A estas alturas, cuando grandes orquestas como la Filarmónica de Viena reducen el número de músicos para tocar obras del Clasicismo, resulta incomprensible el hecho de que la Sinfónica de Londres abordara la obertura Rey Esteban de Beethoven con un formato a lo grande. Casi tanto como la obra que venía a continuación, el cuarto movimiento, Acción de Gracias, de la Quinta Sinfonía de Charles Ives, para la que solo tuvieron que sumarse al escenario unos cuantos instrumentistas. Se agradece, por otra parte, escuchar la música de Ives en escenarios europeos. Y no sólo la suya, sino la de otros norteamericanos. La temporada en Berlín ha comenzado fuerte en ese sentido, con conciertos de la Filarmónica y de la Sinfónica Alemana dedicados a compositores de EE. UU.

Cerró el programa una fulgurante versión de la Sinfonía Fantástica de Berlioz. La Sinfónica de Londres es especialmente solvente en los movimientos rápidos y brillantes, donde su aquilatada cuerda y sus versátiles vientos pueden lucirse en todo su esplendor. Un paso más allá sería hacer de la música un acontecimiento más reflexionado y trascendente.

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