Holanda

Fluidez marítima y fluvial

Agustín Blanco Bazán

lunes, 24 de septiembre de 2012
Rotterdam, sábado, 15 de septiembre de 2012. Sala de Conciertos De Doelen. Gran noche del mar. El Moldava de B. Smetana. Poema del amor y del mar de E. Chausson (solista: Christianne Stotijn). Las Oceanidas de J. Sibelius. Amanecer y viaje de Sigfrido por el Rhin de El Ocaso de los Dioses de R. Wagner. La Mer de C. Debussy. Orquesta Filarmónica de Rotterdam dirigida por Yannick Nézet-Séguin. Festival de Rotterdam 2012

¡Finalmente en la casa de una de mis orquestas favoritas! Se trata de la fundada por Eduard Flipse durante el aciago 1918. En Junio de 1940 la orquesta se aprestaba a celebrar los seiscientos años de la ciudad cuando el primer Doelen (nombre de su sala de conciertos) fue destruido junto a la ciudad por las bombas alemanas. El nuevo Hall es sorprendentemente moderno si se piensa que fue construido en 1966. De Flipse, el sello de grabaciones de la orquesta, ha impreso formidables versiones de la Sinfonías 6 y 8 de Mahler. También ha impreso una selección de grabaciones radiales de su director Valerie Gergiev que hace algunos años pasó su batuta a Yannick Nézet-Seguin. El CD número 1 contiene una grabación de La Mer de Debussy que no podía ser mas diferente a la que dirigió Nézet Séguin en el concierto que comento. Gergiev lo sobredimensiona todo con intensísimos sforzandi, y la diferenciación de texturas en el “juego de olas” es incisiva y nerviosa.

El canadiense (de Montreal) Nézet Séguin es en cambio un soberano conocedor de las minucias de estilo en el repertorio francés. Gracias a ello el empuje rítmico no fue nunca exagerado a costa de lo esencial para ejecutar esta obra, a saber: distanciamiento y tensión sostenida, con frases precisa pero livianamente articuladas como para permitir un policromatismo transparente y una claridad tranquila y luminosa. El contraste fue la antológica versión de las Oceanidas de Sibelius, densa, oscura, enfatizada con un empuje capaz de cortar el hipo y con dinámicas magistralmente graduadas para decrecer del climax de esa ola negra que parece un tsunami hasta la engañosa tranquilidad del final. Similar conocimiento de repertorio permitió al director comentar con intrusivo lirismo los prolongados solos de soprano en la obra de Chausson, que Christianne Stotijn cantó con introvertido pero intenso lirismo y excelente apoyo de legato. Se trata de una obra que vino como anillo al dedo después del Moldava, y lo mismo ocurrió con la inserción en el programa de otro río, el Rhin wagneriano luego de las oscuridades nórdicas de Sibelius y antes de la diafanidad transcendental de La mer. Sí, éste fue un programa de excelente ideología en el desarrollo de las metáforas musicales de las ondas marinas y fluviales con los similares vaivenes del alma.

A la orquesta filarmónica de Rotterdam la había escuchado hasta ahora solamente en gira y en el foso de la Opera de Amsterdam. Próximas giras incluyen la Musikverein de Viena, Paris, Estados Unidos de America y muchos otros lugares. Este concierto probó que vale la pena hacerse un viaje para verla en su casa.

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