España - Galicia

Notas, apenas algunas notas

Juan Gil
martes, 23 de octubre de 2001
Santiago de Compostela, jueves, 18 de octubre de 2001. Auditorio de Galicia. Real Filharmonía de Galicia. Wolfgang Holzmair, barítono. Maximino Zumalave, director. Obras: X. De Paz: O mencer dos soños; G. Mahler: Rückertlieder, y F. Mendelssohn: Sinfonía nº 5 en re menor, op. 107 'de la Reforma'. Aforo: 900 localidades. Asistencia: 50%.
7,26E-05 Maximino Zumalave fue el encargado de dirigir un programa en el que se mezclaron ensoñaciones e intimismo, unidos por el eje transversal de la melancolía.La obra O mencer dos Soños de Xavier de Paz fue la encargada de inaugurar el programa. Una composición que se estrenaba por primera vez en España, producto del encargo para el pabellón español de la Expo de Hannover (2000) y cuya dedicatoria es para el propio Zumalave.Una partitura con claro talante postromántico pero sin caer en obviedades, deudora de Debussy y de los primeros intentos de disipación de la tonalidad. Tono oscuro, a ratos fúnebre, y una constante fluctuación --un juego de intensidades bien elaborado-- que tan bien supo representar la cuerda, la auténtica protagonista de la noche.En un mismo ambiente de recogimiento comenzaron los primeros compases de las cinco canciones que Mahler compuso en los primeros años del siglo XX sobre poemas de Rückert y que como bien explican las notas al programa escritas por M. Baliñas presentan una sensación de “soledad y aislamiento del mundo que es una constante incluso en las épocas más felices de Mahler”.El barítono Holzmair presentó unas canciones sobrias y con economía en los gestos. Una voz bien empastada y colocada pero excesiva por momentos, como ocurrió en Um Mitternacht. Un protagonismo respaldado por la orquesta que se mostró irregular y no muy bien equilibrada en cuanto a la dinámica. Sirvan de ejemplo los pasajes de arpa propios de un mimo, totalmente encubiertos por unos metales poco acertados, con lo que parte del juego tímbrico se quedó a medio camino, desvaneciéndose muchos matices en un grueso esbozo general.La segunda parte estuvo ocupada por Félix Mendelssohn. Un encargo oficial, al igual que la obra que había abierto el programa, pero que en este caso tiene un carácter conmemorativo, la celebración de la revolución de la iglesia, concretamente el tricentenario de la proclamación de la Confesión de Ausgsburgo en 1530.El resultado fue un desarrollo no muy bien suturado. Estancamiento en la idea general con claras deficiencias en las partes del metal que a duras penas encontraban su sitio, ataques imprecisos y dificultades en la afinación. De nuevo destacó la cuerda como el auténtico bastión de esta orquesta destacando en el Andante en donde brilló con igual claridad la madera. Uno de los movimientos más logrados a pesar de cierta flaccidez en los fortes.Lo más interesante del concierto fue la elección de un repertorio coherente. Lejos de ser un desastre el resultado fue tedioso por momentos y carente de esa chispa que insufla en la partitura el milagro de la vida.
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