Canadá

La casa por la ventana

Horacio Tomalino

martes, 13 de noviembre de 2012
Toronto, sábado, 13 de octubre de 2012. Canadian Opera Company. Four Season Centre for the Performing Arts. Il Trovatore. Ópera en cuatro actos con música de Giuseppe Verdi (1813-1901) y libreto de Salvatore Cammarano (1801-1852), completado por Leone Emanuele Bardere (1820-1874) y basado en el drama homónimo del dramaturgo español Antonio García Gutierrez (1813-1884). Estreno: Teatro Apolo de Roma, el 19 de enero de 1853. Charles Roubaud, dirección escénica. Elenco: Ramón Vargas (Manrico), Russell Braun (Conde de Luna), Dmitry Belosselskiy (Ferrando), Edgar Ernesto Ramírez (Ruiz), Robert Gleadow (Un viejo gitano), Owen Mc Causland (Mensajero), Elza van den Heever (Leonora), Elena Manistina (Azucena), Rihab Chaieb (Inés). Marco Guidarini, director musical. Temporada 2012-13

Para inaugurar su temporada 2012-13, la Canadian Opera Company tiró la casa por la ventana proponiendo una versión de la ópera Il Trovatore que seguramente deberá apuntarse entre las mejores propuestas de la casa en la historia de esta compañía. En lo estrictamente vocal, la distribución de los roles no pudo ser mejor servida.

A cargo del papel protagónico, Ramón Vargas incorporó felizmente un nuevo rol a su repertorio que le deparará grandes satisfacciones en lo personal y gratos momentos de satisfacción al publico. Su aproximación a este nuevo personaje sacó a relucir todo el belcanto de la parte, a la cual además le impuso su usual refinamiento e intensidad. En un momento vocalmente privilegiado de su carrera, Vargas se paseó sin esfuerzo alguno por toda la partitura aunque fue en aquellos tramos más líricos donde su voz desplegó las cualidades que le son tan propias y que lo ubican entre los grandes tenores de la actualidad. Su versión de ‘Ah si ben mio…’, fraseado con una inteligencia y una intención conmovedora, fue uno de los grandes momentos de la noche y si bien su cabaletta ‘Di quella pira…’ satisfizo, no se vio que el tenor deseara asumir demasiados riesgos.

También debutando la parte del Conde de Luna, Russell Braun exhibió una vocalidad superlativa y una sensibilidad a flor de piel que no dejó indiferente a nadie. El barítono canadiense hizo de cada una de sus intervenciones un absoluto deleite para los oídos. Vocalmente, la homogeneidad de su bello timbre, la depurada técnica con la cual controló toda su línea de canto y los matices con los cuales fue forjando la intencionalidad de su decir le valieron una de las mayores ovaciones de la noche una vez caído el telón.

Culminando con las voces de solistas masculinos, el bajo Dmitry Belosselskiy concibió un Ferrando de robustos, bien encauzados y contundentes medios que dieron gran autoridad y lucimiento a la parte del jefe de la guardia del conde.

© 2012 by Canadian Opera Company

En lo que a voces femeninas respecta, la soprano sudafricana Elza van den Heever resultó muy convencida y convincente campeando un Leonora de voz aterciopelada, afinada y efectiva que fue toda corrección y delicadeza y que convirtió su ‘D’amor sull’ali rosee…’ en uno de los momentos mágicos de la velada.

Un nombre para seguir bien de cerca es el de Elena Manistina, la joven soprano rusa quien en la piel de la gitana Azucena desplegó una voz toda sensualidad y voluptuosidad que, unida al impactante ímpetu dramático con el que nutrió su caracterización, no tardó en meterse al público en el bolsillo.

Un lujo desmedido significó contar con el talentoso bajo barítono Robert Gleadow entonando las pocas líneas que la insignificante parte del viejo gitano le deparó. Como la confidente Inés, Rihab Chaieb tuvo mucha solvencia y profesionalismo.

Como es habitual, el coro que dirigió con pulso firme Sandra Horst dio una vez mas muestras de su altísimo nivel vocal.

© 2012 by Canadian Opera Company

La dirección musical de Marco Guidarini fue muy meritoria. Su lectura tuvo todo el vigor necesario cuando se debió y todo el lirismo en aquellos momentos que así se lo exigía. Fue cuidadoso de que el volumen de la orquesta no interfiriese la labor de los cantantes y preservó el estilo verdiano en todo momento. Su cuidada concertación y el buen ritmo que imprimió a la ejecución de la partitura dio seguridad y contribuyó al excelente desempeño de los todos los intérpretes.

Con sus pocos pero justos elementos, su bien estudiada iluminación y sus muy bien elaboradas marcaciones escénicas, la producción proveniente de la Ópera de Marsella que firmó el director de escena Charles Roubaud fue un marco de gran calidad a través del cual la trama fue desarrollándose sin sobresaltos.

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