Argentina

ColonRing o los riesgos de innovar sin sentido

Gustavo Gabriel Otero
viernes, 7 de diciembre de 2012
Buenos Aires, martes, 27 de noviembre de 2012. Teatro Colón. ColónRing, reelaboración y adaptación de Cord Garben a una sola función del Festival Escénico El Anillo del Nibelungo, con música y libreto de Richard Wagner. Valentina Carrasco, dirección escénica, Alejandro Stadler, colaborador de la dirección escénica. Carles Berga, escenografía (sobre un diseño original de Frank Schlössmann). Nidia Tusal, vestuario, Peter van Praet, iluminación. Cecilia Scalisi, coordinación. Teatro Colón de Buenos Aires, producción general artística y escenotécnica. Jukka Rasilainen (Wotan), Linda Watson (Brünnhilde), Leonid Zakhozhaev (Siegfried), Andrew Shore (Alberich), Kevin Conners (Mime), Gary Jankowski, (Fafner), Daniel Sumegi (Fasolt, Hunding y Hagen), Sonja Mühleck-Witte (Freia y Gerhilde), Simone Schröder (Fricka), Gérard Kim (Gunther), Sabine Hogrefe (Gutrune y Helmwige), Stefan Heibach (Loge), Marion Ammann (Sieglinde), Stig Andersen (Siegmund), Susanne Geb (Waltraute), Bernadett Fodor (Flosshilde y Schwertleite), Uta Christina Georg (Wellgunde y Grimgerde), Silja Schindler, (Woglinde, Ortlinde y Waldvögel), Manuela Bress (Rossweise), Bernadett Fodor (Flosshilde y Schwertleite) y Adriana Mastrángelo (Siegrune). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Peter Burian. Dirección Musical: Roberto Paternostro.
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En mayo de 2011 Juan Carlos Tellechea informaba, desde Berlín, a los lectores de MundoClásico que una versión compendiada de El anillo del Nibelungo de Richard Wagner que reduce a un día una puesta que normalmente se realiza en cuatro jornadas, sería estrenada mundialmente el 27 de noviembre de 2012 en el Teatro Colón de Buenos Aires con dirección escénica y artística de la bisnieta del compositor, Katharina Wagner [leer noticia]. En esa oportunidad el proyecto a cargo del músico y productor alemán Cord Garben, fue presentado por el director general del Teatro Colón, Pedro Pablo García Caffi, Katharina Wagner, el propio Garben y la coordinadora de esta iniciativa, la periodista argentina Cecilia Scalisi. Consta, también, que el costo sería de alrededor de 1.280.000 euros, según dijo García Caffi en Berlín.

En Buenos Aires nadie tenía noticias oficiales del asunto. Recién el 25 de septiembre de 2011 la revista dominical del diario La Nación publicó una entrevista a Katharina Wagner sobre el tema. La entrevista está firmada por Cecilia Scalisi como periodista independiente aunque ya era conocido por la noticia llegada desde Alemania que Scalisi era la coordinadora de la iniciativa. Lamentable falta de ética de la esposa del ex-agregado cultural argentino en Alemania (Maximiliano Gregorio Cernadas) y ‘Personalidad Destacada de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en el ámbito de la Cultura’ conforme la Ley 3.323 de la ciudad de Buenos Aires de diciembre de 2009.

Evidentemente la nota estaba pautada para tener la exclusividad local de lo que se anunciaría el 30 de septiembre de 2011 con la presencia de Katharina en Buenos Aires. La conferencia de prensa fue suspendida el día anterior, quizás como preanuncio de todos los contratiempos, cancelaciones y pequeños escándalos que rodearon la producción.

El 9 de noviembre de 2011 se presentó la Temporada 2012 del Teatro Colón y sobre el fin de la misma se anunció como el gran acontecimiento de la temporada el estreno de ‘Colón-Ring’ [leer noticia]. Allí se indicó que la versión de El anillo del Nibelungo de Garben reduce a 71 minutos El oro del Rin y lo incluye en la segunda escena del segundo acto de La Valquiria, cuando Wotan informa a Brunilda de los hechos y se escucha por única vez, en esa ópera, el tema principal del Oro, de manera que la función se iniciaría con el comienzo del segundo acto de Valquiria -o sea, no estaba el acorde inicial en Mi bemol mayor que sugiere el inicio del mundo y las profundidades del río- luego el racconto de Oro en el primer bloque, el segundo incluiría el primer acto de Valquiria, el final del segundo y el tercero. Después vendrían Sigfrido y El ocaso de los dioses, completando la tetralogía wagneriana en una función de aproximadamente siete horas (una hora y media cada una de las tres primeras partes y una hora y cincuenta minutos la última, más tres intervalos con comida y bebida).

Ya desde el título, que combina el nombre del teatro en castellano con la palabra anillo en alemán (primero se denominó Colón-Ring y luego ColónRing) hasta la duración total del espectáculo así como la cantidad y calidad de los cortes generaron controversia. La polémica sobre la licitud, necesidad, contenido artístico, viabilidad económica o factibilidad se multiplicaron.

Las dificultades y deserciones en el camino fueron muchas, las principales la cancelación de dos de las cuatro funciones programadas, el cambio de director musical, la defección de Katharina Wagner como directora artística y de escena, y el reemplazo a último momento por Valentina Carrasco.

Si bien el proyecto se promocionó como una forma de acercar a Wagner al público, la reducción resultó comprensible sólo para los que conocían la obra de antemano. Las casi 15 horas de música originales fueron reducidas a 6 horas y 13 minutos y cada parte de la Tetralogía ocupó un bloque. Sigfrido fue la de menor duración con 1 hora y 10, y El ocaso de los dioses la de mayor con 1 hora y 54, mientras que El oro del Rin se abrevió a 1 hora con 21 minutos y La Valquira a 1 hora y 48. Los cortes musicales fueron abruptos, se podría decir que son verdaderos hachazos, aunque no se agregó ninguna nota no escrita por Wagner. El espectáculo total -con tres intervalos en que se sirvió comida y bebida como un remedo de los festivales europeos, alejado totalmente de la idiosincrasia y las costumbres culinarias de los argentinos- duró 8 horas y 50 minutos, más seis minutos y medio de estruendosos aplausos (y abucheos sonoros para el equipo visual).

Sin que se informaran las razones, el plan original de Garben -que en principio no estuvo en la Argentina en ningún momento de la preparación del espectáculo- fue cambiado. Cada parte respondía a cada una de las partes de la Tetralogía y no se comenzó con dos bloques de Valquiria con el injerto de Oro del Rin, como se anunció originalmente. Esto reintrodujo algo fundamental: el acorde inicial en Mi bemol mayor.

En su reducción Cord Garben dejó algunos de los mejores momentos musicales, eliminó la base filosófica del proyecto operístico más ambicioso de la historia, dejó en el camino escenas y personajes fundamentales (no están las Nornas ni Erda, y tampoco Donner y Froh), redujo a la nada algunos momentos y personajes (Frika, Siglinda, Alberico, Mime, Waltrauta) y anuló por completo los ideales estéticos de Wagner al no dejar nacer y desarrollarse los motivos conductores.

Verdaderamente la reducción o mutilación de la obra con el agregado del nombre absurdo utilizado, no resultó feliz. Hubiese sido más honesto decir que se trataba de fragmentos escenificados en una sola jornada de la Tetralogía y no el estreno mundial de algo que quiso ser una innovación y no lo fue. Verdaderamente para reducir la Tetralogía es mejor ver ¿Qué es ópera, Doc? de Looney Tunes, en la que Bugs Bunny hace el rol de Brunilda y Elmer el de Sigfrido.

La puesta

Valentina Carrasco elaboró en apenas un mes su puesta para salvar al proyecto del naufragio y ese mérito debe reconocérsele sin dudas, y por esa razón los abucheos del final fueron totalmente injustos. En cuanto a la decisión de colocar elementos cercanos de la historia argentina y latinoamericana resultó un recurso utilizado sin un concepto general, sin coherencia y sin continuidad. No hubo una clara diferenciación de los infra-mundos que pugnan en la obra: no hubo dioses, ni héroes, ni enanos, ni gigantes. Solo gente común y corriente vestida casi de calle actual.

Así las ondinas son tres trabajadoras que procesan pescados con botas de distintos colores y en una pequeña piscina llenan de agua y arena a Alberico. Las tres ninfas, en vez de cuidar el oro, cuidan a un niño y este es el que roba el enano, que no es enano sino una especie de pequeño ganster. Al finalizar la escena las tres se colocan pañuelos en las cabezas lo cual se asimila a las madres de Plaza de Mayo. Wotan es un general y se ve claramente un sillón que remeda el sillón presidencial argentino. Por las vestimentas de Frika (similares a las de Isabelita Perón), Wotan parece ser Juan Domingo Perón. No hay una marcación especial que distinga al personaje.

Los gigantes -que aquí no son tales- vienen con una especie de patota enfundada en equipos deportivos actuales. Tienen actitudes violentas como las que enfrentan habitualmente a facciones rivales del gremio de los obreros de la construcción local. Loge parece un abogado mal vestido y desordenado, pero hábil.

El Nibelheim es una sala de torturas y maternidad clandestina, donde se sacan en camillas mujeres muertas, un evidente guiño al doloroso pasado reciente que molesta o duele según cada persona. El tesoro serán los niños que nacen en esta maternidad en un recurso de golpe bajo, y que luego no es dramáticamente bien resuelto. La conversión de Alberico en monstruo y sapo es verdaderamente risible. A la subida al Walhalla le falta grandeza escénica y mientras ascienden se apilan los cadáveres en el escenario, quizás símbolo de las matanzas para llegar al poder.

El aspecto de la casa Hunding es de bajos fondos, con apariencia tanto él como Siglinda de pordioseros o cartoneros. Siglinda es evidentemente una mujer golpeada y reducida a servidumbre. Las Valquirias están vestidas de militares y no queda claro si participan en la guerra de las Malvinas de 1982 a favor o en contra de los argentinos. En el final de Valquiria, Wotan convoca al fuego y aparecen jóvenes con velitas.

Sigfrido vive en una choza miserable llena de espadas, toma mate junto a Mime, quien cada tanto se trasviste en mujer. Fafner aparece en silla de ruedas y no es un dragón, y se ve a un costado el porteño obelisco (¿o es la pirámide de mayo?) en la que están encerrados dentro los niños. Sigfrido se lleva el anillo y el yelmo, e incoherentemente con su categoría de héroe no libera a los niños.

En el reino de los guibichungos hay algún toque de riqueza dado por una escuálida cortina roja y se juega al golf (¿la repetida crítica a la década del ’90?). Así Sigfrido muere por un golpe en la cabeza con un palo de golf. La música de los funerales del héroe es complementada con la proyección de funerales y madres dolorosas, entre los que se pudo distinguir el de la Madre Teresa de Calcuta, alguno con gran presencia de militares, y la imagen del cadáver del Che Guevara.

Brunilda no se inmola, no hay fuego ni agua y se acuesta junto al cadáver de Sigfrido. En el final participan integrantes de diversos sectores del Colón -incluida la coordinadora Cecilia Scalisi y su marido- y familiares de los mismos en esa multitud a la cual vuelven los niños -que no crecieron a pesar de los años trascurridos- y que parece ser la llegada de los niños luego de la muerte de la bruja de Hansel y Gretel.

El gran problema de la puesta no fue la actualización argentina o latinoamericana, sino que sólo fueron momentos y no una estética integral. La idea falló, a la puesta le faltó grandeza, todo resultó abstracto y pobre y ese fue su mayor pecado. Nuevamente una innovación sin sentido con la abusada idea de las dictaduras de derecha.

De los otros aspectos escénicos, lo mejor fue la iluminación de Peter van Praet, mientras que la escenografía concebida por Carles Berga sobre los pedazos dejados por Frank Schlössmann -quien formaba parte del equipo de Katharina Wagner- delimitó tres grandes espacios: un exterior y un interior -ambos con estructuras sin terminar, ventanales sin carpintería y cortinados gastados en un ambiente miserable y gris- y una estructura con diversas escaleras y rellanos, todo de aspecto abstracto y pobre. Escenográficamente pareció una puesta de compañía independiente con más espacio y recursos, y la funcionalidad del escenario giratorio.

El vestuario Nidia Tusal abusó de los colores fríos y grises y resultó tedioso. No tuvo un anclaje temporal determinado y en muchos casos parecía que los figurantes traían la ropa de sus casas.

La versión musical

En la faz musical todo marchó correctamente y en ciertos aspectos se rozó la excelencia. Hace años que las diversas crisis económicas y artísticas del Colón impiden ofrecer un Wagner de jerarquía  y quizás junto a Richard Strauss son los autores que en los últimos treinta años menos se programaron por esas razones. El elenco vocal de 20 solistas -todos extranjeros si tomamos también como tal a la uruguaya Adriana Mastrángelo, radicada hace años en nuestro medio- fue solvente y ajustado y permitió disfrutar de un Wagner de nivel.

Brilló especialmente Linda Watson (Brunilda) con voz poderosa, intencionalidad, estilo y matices. Leonid Zakhozhaev, un poco exigido en Sigfrido y mucho mejor en El Ocaso, creció durante la representación y logró dar el realce necesario a su rol de Sigfrido.

Jukka Rasilainen fue un expresivo Wotan, con un poco de vibrato, pero de poca presencia escénica por la marcación de la puesta, mientras que Daniel Sumegi puso su poderosa voz al servicio de los tres personajes que interpretó (Fasolt, Hunding y Hagen).

En cuatro roles que resultaron muy reducidos por la versión, dejaron una favorable impresión el interesante Stig Andersen (Sigmundo), la exquisita Marion Ammann (Siglinda), el esmerado Andrew Shore (Alberico) y el expresivo Kevin Conners (Mime).

Con la calidad que hay que tener Stefan Heibach (Loge), Simone Schröder (Fricka), Gary Jankowski, (Fafner), Sonja Mühleck-Witte (Freia y Gerhilde), Gérard Kim (Gunther), Sabine Hogrefe (Gutruna y Helmwige) y Silja Schindler (Woglinde, Ortlinde y la voz del pájaro del bosque).

Ajustado resto del elenco (hijas del Rin y Valquirias interpretadas por Silja Schindler, Uta Christina Georg, Bernadett Fodor, Sonja Mühleck-Witte Sabine Hogrefe, Susanne Geb, Manuela Bress y Adriana Mastrángelo), y correcto el Coro preparado por Peter Burian en su breve intervención.

Roberto Paternostro logró una versión suntuosa con una respuesta de la orquesta de primer nivel. En atención a la duración del espectáculo, la Orquesta Estable se dividió en dos y fue reforzada con numerosos solistas. De manera que cada formación tocó en dos de los bloques. A pesar de pequeños desajustes y alguna pifia en El ocaso de los dioses, se escuchó a la orquesta verdaderamente bien.

A modo de conclusión

El ColónRing fue presentado por el propio teatro como un hecho histórico, una gesta, un proyecto intrépido y progresista del cual todo el mundo quiso participar, pero sólo el Colón pido hacerlo gracias a Katharina Wagner que se lo ofreció a Cecilia Scalisi (ver Revista Teatro Colón, número 105, página 39) y ésta a las autoridades culturales de Buenos Aires y al Colón.

También se publicitó que luego del estreno los teatros y compañías grabadoras se arremolinarían para adquirir el producto y que el proyecto demostraría la capacidad de producción del Colón.

La realidad es que el producto resulta una innovación sin sentido que no acerca a la obra de Wagner a los que la desconocen, dejó indiferentes y cansados por la duración a los que sólo fueron por lo social, e inflamó de ira a los wagnerianos conspicuos por las atroces mutilaciones. Un simple compendio que seguramente murió cuando sonó la última nota de la segunda representación.

La supuesta garantía de calidad que significaba la presencia de su bisnieta se esfumó, ya que la artista se desvinculó del proyecto sin conocerse las verdaderas razones.

Se demostró la capacidad de producción del Colón, aunque hubiese sido mejor en otros emprendimientos, y en una puja que armaron algunos medios entre el Colón y el Argentino de La Plata se mostró también la superioridad del coliseo porteño ante la cancelación de La Valquiria que debía presentarse por estas fechas en el teatro regido artísticamente por Marcelo Lombardero. Frente a la presunta cancelación de la Tetralogía platense que debía ofrecerse a razón de dos títulos por año (dos en 2012 y dos en 2013) de la cual sólo se cumplió con el Oro del Rin y sobre cuyo su futuro nada se sabe, también resultó cumplidor el Colón e incumplidor el Argentino.

El Colón mostró su capacidad de producción -digna de mejor causa- en un espectáculo mal concebido, musicalmente bien realizado, escénicamente frustrado y que seguramente no podrá ser exportado a ningún lugar del mundo.

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