Alemania

Unidad de acción, tiempo y espacio

Xoán M. Carreira
viernes, 22 de febrero de 2013
Fráncfurt, sábado, 29 de diciembre de 2012. Oper Frankfurt. Le nozze di Figaro, ópera en cuatro actos de Wolfgang Amadé Mozart. Guillaume Bernardi, dirección escénica. Bernd Niedecken, coreografía. Moritz Nitsche, decorados. Peter DeFreitas, vestuario. Olaf Winter, iluminación. Elenco: Daniel Schmutzhard (Conde Almaviva), Juanita Lascarro (Condesa Almaviva), Kihwan Sim (Figaro), Christiane Karg (Susanna), Jenny Carlstedt (Cherubino), Katharina Magiera (Marzelline), Franz Mayer (Antonio), Kateryna Kasper (Barbarina), Michael McCown (Basilio, Don Curzio), Edeltraud Pruss y Birgit Treschau (Dos mujeres). Felipe Venanzoni, piano. Frankfuerter Opern- un Museumorchester. Constantin Trinks, dirección musical.
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Desde hace años tengo muy buenas experiencias con las producciones franconianas de las óperas de Mozart y en 2007 me quedé con el mal sabor de boca de perderme el estreno de estas Bodas de Fígaro. Por ese motivo aproveché esta reposición -coincidente con varias atractivas exposiciones en los museos de Fráncfurt (recomiendo especialmente Privat en el Schirn)- para sacarme la espinita y de paso, ver la reposición de la venerable producción de La Traviata de Axel Corti, estrenada en 1991 [leer reseña].

Una vez más, no quedé decepcionado. En el descanso de esta producción ucrónica y utópica, reflexionaba recordando las numerosas producciones de Bodas anacrónicas y anatópicas (no pocas de ellas localizadas en la época y el lugar indicados por Da Ponte) que he visto en lo que va de siglo mientras mis pobres oídos escuchaban versiones más o menos históricamente informadas (por la fantasía del informador, evidentemente), pero tan carentes de interés musical como de sustancia dramática. Y no se crean que siempre por mustias, a menudo el pecado es por exceso, como comentaba recientemente en Mundoclasico.com nuestro subdirector Mikel Chamizo [leer reseña] sobre la propensión a la taquicardia de muchos pseudo-especialistas -"semidirectores" les llama Lebrecht- en dirección filológica. Pero lo cierto es que me reí no poco leyendo a Chamizo y recordando funciones gore de óperas Da Ponte-Mozart que he padecido por Europa adelante.

 

Maria Fontosh (Gräfin Almaviva). Le nozze di Figaro. Frankfurt, 2012

Bernardi parte de la fidelidad a las normas ochocentistas de unidad de tiempo, espacio y acción, así como de la luminosidad -extraordinario trabajo de Olaf Winter- de la escena y de la subjetividad. El escenario es una única pieza multifacética en la que destaca la simplicidad y hermosura casi minimal (de inspiración biedermeier) del dormitorio de la Condesa Almaviva. No menos afortunados son los figurines de Peter DeFreitas, que muestran una rica panoplia de personalidades/roles estamentarios.

 

Jenny Carlstedt (Cherubino), Maria Fontosh (Gräfin Almaviva), Miah Persson (Susanna),. Le nozze di Figaro. Frankfurt, 2012

El espléndido foso de la Opera de Fráncfurt estuvo, pues, concertado por Constantin Trinks (Karlsruhe, Alemania, 1975) al servicio de las voces y de la dramaturgia, sin el menor sacrificio de la lógica ni la retórica mozartianas. El coro, acostumbrado a actuar y moverse en escena, cantó y disfrutó tanto como se lo permite la maravillosa partitura. Y para rematar la faena, Trinks encomendó el acompañamiento a un pianista tan competente como Felipe Venanzoni, dejando que el clave descansara para la función del Giulio Cesare de Haendel del día siguiente [leer reseña].

Tenía especial curiosidad por escuchar a Juanita Lascarro en el papel de la Condesa Almaviva, muy diferente de los roles que le había visto en escena anteriormente, y una vez más me sedujo actoral, musical y vocalmente, tanto en sus momentos individuales como colectivos. Espléndida, como era de esperar, Christiane Karg en una Susanna dúctil y redonda. Pero mi sorpresa fue Jenny Carlstedt, a quien he visto ir curtiéndose en papeles -secundarios y protagónicos- en la Ópera de Fráncfurt (ha presentado más de veinte roles durante sus diez años allí), y ahora he visto desplegar a Cherubino -ese personaje amado por Mozart- con enorme competencia y sutilidad. Estupendas Katharina Magiera y Kateryna Kasper.

 

Miah Persson (Susanna), Jenny Carlstedt (Cherubino, in Susannas Schoß liegend), Simon Bailey (Figaro), Chor der Oper Frankfurt. Le nozze di Figaro. Frankfurt, 2012

Por su parte y tras su triunfo en el Concurso Regine Crespin, el joven coreano Kihwan Sim -que en la temporada 2011-12 aún era becario del Opernstudio de la Opera de Fráncfurt- está teniendo la ocasión de enfrentarse a sus primeros papeles protagónicos y lo está haciendo con gran madurez. Su debut franconiano como Fígaro ha sido un éxito absoluto y se ha metido -merecidamente- al público en el bolsillo. Quizás le tocase "bailar con la más fea" en esta producción al tenor austríaco Daniel Schmutzhard, a quien sin duda le han sido muy útiles sus años en la Volksoper de Viena (2006-2010) para afrontar la ambigüedad entre el decoro del noble antiguo-regimental y la reacción visceral del celoso marido rico de nuestros días; es probable que desde la perspectiva escolástica se le pueda reprochar a Schmutzhard que su vocalidad no es la idónea para cantar/ejecutar el Conde Almaviva, pero lo cierto es que su interpretación fue irreprochable, al menos en el contexto de esta inteligente y atinada producción. Sería injusto omitir la mención de la graciosa -en el sentido ochocentista del término- intervención de Franz Mayer (Antonio) y la elegantísima presencia de Michael McCown en su doble interpretación de Basilio y Don Curzio.

La producción de la Ópera de Fráncfurt no es posmoderna, es actual, del siglo XXI. Es el resultado lúcido de un trabajo en equipo, del equipo de Bernardi-Nitsche al que se ha fusionado íntimamente Trinks, para obtener unos resultados modélicamente artesanales. ¡Qué gozada! Disfrutar del teatro y compartir el gozo con los espectadores en la mejor y más modesta de las tradiciones. Sólo así se alimenta y se garantiza la vitalidad de una tradición, y se puede exigir a los patronos y mecenas el mantenimiento de los apoyos económicos, morales y políticos.

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