España - Euskadi

Excitante mezcla

Ignacio Ferrando García

jueves, 17 de enero de 2013
Donostia-San Sebastián, lunes, 14 de enero de 2013. Auditorio Kursaal. Alina Pogostkina, violín. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Stefan Asbury, dirección. Gérard Pesson, Ravel à son âme. Estreno absoluto, proyecto Tesela, con la colaboración exclusiva de la Fundación BBVA. Alban Berg, Concierto para violín y orquesta. Ludwig van Beethoven, Sinfonía nº8 en fa mayor, opus 93. Sexto programa de la Temporada de Abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi

Nos encontramos ante la oportunidad de disfrutar de música de los siglos XIX, XX y XXI en un único programa. Una maravillosa posibilidad para abrir los oídos y las mentes a músicas menos escuchadas y mercantilizadas.

Dio inicio el concierto con un momento que siempre resulta excitante y emocionante: el estreno de una nueva obra. En este caso Ravel à son âme, del compositor francés Gérard Pesson (1958), dentro del proyecto Tesela, con el que las OSE viene conmemorando su 30 aniversario (1982-2012) a lo largo de las temporadas 2011/2012 y 2012/2013, con el encargo de obras a reputados compositores contemporáneos. Un magnífico ejemplo de compromiso con la creación actual.

Ravel à son âme en conexión con la canción Ronsard à son âme de Ravel, es una música elegíaca en la que Pesson ha dejado que la parte de su memoria reservada a Ravel se revele sobre el papel. En palabras del mismo Pesson “como si este estuviera cubierto de nitrato de plata”. La obra evoca casi de manera constante el aire raveliano, en una partitura muy cuidada y trabajada, de gran refinamiento, que demuestra un enorme conocimiento de la orquesta y una mente con una gran capacidad para trasladar al papel el rastro de la música de Ravel a lo largo del tiempo. El material fluye de manera constante, a veces con intervenciones furtivas, cantos de pájaro, melodías, sonidos mecánicos… “todo ello -prosigue Pesson-reducido al tamaño de un neceser de viaje o una caja de música. Uno puede tener la sensación de reconocer esto o aquello, pero no son más que destellos, refracciones, espejismos solares o nocturnos, sobreexpuestos o subliminales: un compendio, se podría decir incluso que un quodlibet. Se desarrollan tramas, interrumpidas por destellos, hasta que se instala una marcha, seguida de una mecánica en la que se superponen tempi distintos, como en una relojería. En los últimos compases se cincelan una armonía y un último motivo sobre el nombre de Maurice Ravel, como hiciera él mismo para rendir homenaje a Haydn o a Gabriel Fauré”.

Un magnífica obra con la dificultad añadida de que, por exigencias del encargo, la obra tuvo una duración de poco más de 6’, y desarrollar una idea orquestal plenamente en tan poco tiempo de manera coherente, sin que parezca un catálogo de recursos no es tarea fácil.

El resultado fue excelente, más si tenemos en cuenta el poco tiempo de ensayo con el que suelen contar este tipo de estrenos. Era la primera vez que Stefan Asbury dirigía la OSE como director invitado y lo cierto es que se apreció un buen entendimiento entre el capitán y su tripulación, llevando a buen puerto el estreno y el resto del programa.

A continuación el Concierto para violín de Alban Berg. Un contratiempo en forma de enfermedad nos privó de la interpretación de Frank Peter Zimmermann, que fue sustituido por el joven talento de la violinista Alina Pogostkina, ganadora en 2005 del Concurso Sibelius en Helsinki. Una partitura difícil, con multitud de materia y tramas, y realmente exigente para director, solista y orquesta, en la que el resultado general fue muy bueno. Sonoridades trabajadas y logradas, claridad de líneas y sentido formal. Refinada técnica, seguridad y musicalidad en el violín de Pogostkina, que hace que parezca fácil lo que es casi un imposible.

Hubiera deseado algo más de riesgo -en el solista y la orquesta-, entendiendo como tal el ir más allá en los aspectos extremos que recoge la partitura. Algo menos contenido, que ahondara en las diferencias en lugar de pulirlas, porque no cabe olvidar que el concierto, con su título “A la memoria de un ángel”, hace referencia a distintos momentos del devenir de Manon Gropius, hija del arquitecto Walter Gropius y de la gran amiga de Berg, Alma Mahler. La música refleja la vivacidad y felicidad de Manon, la enfermedad y su sufrimiento, su muerte y su transfiguración. Especialmente logrado fue el final, con el violín en un agudo celestial, y la orquesta ofreciendo un luminoso y sereno tapiz.

De propina, y como suele ser tan habitual entre los violinistas, tuvimos música de J. S. Bach. En este caso el adagio de la Sonata nº1, resuelto con claridad, limpieza y sensibilidad. Emocionante. Por instantes el auditorio entero y la orquesta quedaron congelados ante ese torrente espiritual que emanaba de las notas de Bach y que tuvo en Pogostkina a una magnífica transmisora.

Tras la pausa turno para la Octava sinfonía de Beethoven. Una música que siempre me ha entusiasmado. Es sorprendente la energía y vitalidad que transmite la partitura, teniendo en cuenta los duros momentos por los que atravesaba el genio de Bonn. La Octava sinfonía podría suponer la última gran sonrisa de Beethoven. Un prodigio de creatividad e inteligencia formal, con la frescura de una obra de juventud y recuperando aspectos formales del clasicismo aunque se escribiera en 1812.

La orquesta se desenvolvió con soltura aguantando los exigentes tempi de la batuta de Asbury. Un derroche de energía y alegría a la altura de semejante prodigio compositivo. Hubiera agradecido algo más de sosiego en el segundo movimiento, e incluso en algún momento del tercero, donde se pudo gozar de esa ventana de aire fresco que supone el trío del minué, con el juego entre las trompas y el clarinete. La trompa, ese instrumento de maravilloso sonido, y que tocar con éxito representa un ejercicio de alto riesgo, tan hermoso, pero que jugó alguna mala pasada con la afinación en un par de momentos. El final apoteósico, con un nivel más de energía personificado en la última intervención del timbalero. Un magnífico fin de fiesta.

Grandiosa y gozosa variedad, la de este concierto.

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