Discos

El piano como instrumento versátil

Julio Andrade Malde (1939-2020)
viernes, 18 de enero de 2013
Marianna Prjevalskaya: Piano recital. Franz Joseph Haydn, Andante con variazioni in F minor, Hob. XVII: 6. Domenico Scarlatti, Sonata in A minor, K.175/L.429/P.136: Allegro; Sonata in G major, K.125/L.487/P.152: Vivo; Sonata in G minor, K.450/L.338/P.422: Allegrissimo; Sonata in D minor, K.213/L.108/P.288: Andante y Sonata in F minor, K.365/L.480/P.112: Allegro. Robert Schumann, Piano Sonata No. 1 in F sharp minor, Op. 11. José Zárate, Aurgitana. 2011 Winner Jaén Prize Internacional Piano Competition. NAXOS. Laureate Series. Piano. DDD 8.57303.. Grabado en el Conservatorio de Música de Jaén los días 26 y 27 de Noviembre de 2011. Duración 76,54 minutos
0,000391 Desde que lo inventó Bartolomeo Cristofori, a comienzos del siglo XVIII, el piano se reveló como un vehículo sonoro de extraordinaria versatilidad, tanto en condición de solista, como en la de acompañante de otros elementos vocales e instrumentales, e incluso erigido en protagonista de obras concertantes. Todo ello con una capacidad notable para traducir los más diversos sentimientos. Además, supo adaptarse a las variaciones del lenguaje musical que trajeron consigo, con el transcurso de los años, la sucesión de las generaciones.

Fue capaz de empequeñecerse para emular al clavecín; y de este modo traducir el refinamiento de la música del siglo XVIII: el último Barroco y el Clasicismo; con ornamentaciones, y dinámicas muy controladas (efectos-eco y un uso del pedal limitado. La digitación “perlada” hace posible una gran claridad expositiva y un fraseo impecable. En general, se utilizan los registros centrales del instrumento. La música suele ser abstracta; como mucho, se describen los sentimientos del propio compositor, de manera muy velada. En este precioso disco de Marianna Prjevalskaia, tenemos los ejemplos de Haydn y de Domenico Scarlatti; pero muchas obras de Mozart, del primer Beethoven, de Czerny, de Hummel y de tantos otros podrían servir igualmente como paradigma.

También mostró el instrumento su capacidad para engrandecerse en busca de sonoridades ricas, opulentas, con evocaciones orquestales (recuérdense las manifestaciones de Schumann –“sinfonías ocultas”-, sobre las primeras obras de Brahms). Música propia del siglo XIX, del Romanticismo. Se utilizan todos los registros del instrumento, incluidos los extremos (graves profundos que resuenan como campanas; agudos que evocan cajitas de música y también juegos de agua). Las ornamentaciones recorren todo el teclado mediante escalas (simples y dobles, diatónicas y cromáticas) y arpegios. Música descriptiva (aun la más abstracta) de ambientes, situaciones o estados de ánimo. Se acentúa el color. En este registro discográfico, la pieza representativa es la sonata de Schumann; sin embargo, ello no nos hace olvidar a Schubert, Mendelssohn, Chopin, Liszt, Brahms… Y aun podríamos extendernos a los románticos rezagados o postrománticos como Scriabin, Debussy o Ravel.

En fin, el piano supo dar asimismo testimonio de su verdadera naturaleza como instrumento de percusión al traducir la música del siglo XX. Sonido seco, percutido, antirromántico, que elude el legato y el lirismo; en todo caso, si hay momentos de efusión lírica, ésta evoca paisajes lunares, fríos, distantes, o acaso música de lo inmensamente grande (la planetaria “música de las esferas”) o de lo infinitamente pequeño (el universo microscópico de una gota de agua: los seres vivos con sus pulsiones de agresión, reproducción, depredación, huida…) Tal vez, los abismos abisales donde una espectral oscuridad se ve de pronto iluminada por luces zigzagueantes, fluorescentes, que atraen y repelen a las posibles víctimas de monstruos espantosos. El piano contemporáneo está representado aquí por el compositor madrileño, José Zárate, cuya obra ilustra en gran medida las características apuntadas. Con todo, no hay que olvidar a Prokofiev, Shostakovich, Bartok, Stravinsky y muchos más.

1. Abre el registro discográfico el Andante con variaciones en Fa menor, Hob.XVII: 6, de Jospeh Haydn. En apenas quince minutos, el compositor, ya en su etapa de madurez (se cree que la obra fue escrita en 1793, cuando tenía sesenta y un años), muestra su asombroso talento musical tanto para el arte variativo y la ornamentación como para la realización de múltiples experimentos con el ritmo, que maneja y transforma a voluntad, produciendo siempre una admirable sensación de naturalidad y de frescura, como la que también lograba Mozart. Y, al igual que su admirado amigo, confiere variedad al discurso musical mediante la combinación del legato y el staccato dentro de la frase. Marianna Prjevalskaia realiza una preciosa lectura, digna de la obra. Utiliza la dinámica con elegancia y moderación para producir bellos claroscuros; obtiene notables contrastes regulando la pulsación (por ejemplo, otorgando un refuerzo sonoro a los graves cuando por su especial significación deben tener un particular relieve; o bien suavizando el volumen cuando cumplen la misión de efectos-eco); frasea con intención y sutileza empleando recursos agógicos como la retención del tempo, pero en todo caso sin caer en el abuso o el amaneramiento. La obra posee elegantes ornamentaciones, que la artista resuelve con un admirable toque “perlado” y recrea idealmente las sonoridades del clave. Versión, de altísimo nivel, uno de los grandes momento del recital.

2. La joven pianista toca seguidamente cinco sonatas de Domenico Scarlatti, seleccionadas entre las 555 que catalogó Kirkpatrick. No es frecuente hacerlo; pero, en este caso, para la identificación de las obras, se recurre no sólo al catálogo de Kirkpatrick, que es el más habitual, sino también al de Longo y al de Pestelli. Las piezas seleccionadas son una acertada muestra de las maravillas que encierra este corpus para teclado del gran compositor ítalo-hispano, el hijo del gran Alessandro quien dijo de él, cuando aún era muy joven: “el aguilucho remonta el vuelo”.

Sonata en La menor. Allegro, K. 175. Página breve (no llega a cuatro minutos), de inspiración cambiante, en la que puede apreciarse –y la sensible artista sabe resaltarlo- la peculiar melancolía que atraviesa con frecuencia unas partituras cuyo carácter general suele ser exultante, de alegría contagiosa. Digitación perlada” y limpias ornamentaciones clavecinísticas.

Sonata en Sol mayor. Vivo, K. 125. Todavía más breve (apenas supera dos minutos) y más rápida. Por su carácter reiterativo, parece a veces un perpetuum mobile. Magnífica versión de la artista para una difícil partitura en la que destaca el limpio fraseo y la claridad expositiva.

Sonata en Sol mayor. Allegrissimo, K. 450. Para una pieza dotada de un aire muy rápido, Marianna elige un tempo sorprendentemente moderado, tal vez para lograr una cierta serenidad expositiva ya que, a despecho de su ligereza, la partitura es delicada y no se halla exenta de melancolía.

Sonata en Re menor. Andante, K. 213. Es la más larga de las sonatas elegidas (dura más de ocho minutos). El aire que establece Scarlatti indica que se trata de una página más bien demorada, serena; lo más sorprendente es que aquí el compositor utiliza sonoridades casi descriptivas y emplea progresiones inhabituales que confieren a la página un aire muy moderno, casi impresionista; en este sentido, podría recordar algunos pasajes del Invierno, concierto perteneciente a Las cuatro estaciones, de Vivaldi. Marianna cuida especialmente el volumen y la delicadeza expositiva en esta admirable partitura que ella parece convertir por momentos en una bella meditación colmada de tristeza.

Sonata en Fa menor. Allegro, K. 365. Se concluye esta pequeña antología scarlattiana con una sonata más amable y veloz; tiene un particular interés debido al diálogo entre las dos manos del intérprete, como un juego de preguntas y respuestas o de efectos-eco que la pianista destaca con inteligencia y sensibilidad.

3. Sonata nº 1 en Fa sostenido menor, opus 11, de Robert Schumann, Obra extraña, colmada de ideas, de invenciones rítmicas y de ingeniosas armonías; pero también desequilibrada desde el punto de vista estructural (dos extensos movimientos extremos y dos centrales muy breves) y con presencia de extraños motivos y resoluciones insólitas. Se trata de una producción de juventud, tan genial como desquiciada y caótica; sobre todo, el último movimiento. Suele afirmarse que trasluce las dos personalidades que convivían dentro del compositor y que él mismo describió en la dedicatoria a au mujer: “Para Clara, de Florestán y Eusebio”. Resultaría muy sorprendente que ella admirase tanto esta sonata si no tuviésemos en cuenta una razón extramusical: el contenido confesional de la misma. Al parecer, el mismo Robert le dijo a su esposa que la partitura podía definirse como “un sollozo que mi corazón envía al tuyo”. Por los evidentes desequilibrios, los violentos contrastes temporales, los sentimientos bruscamente cambiantes y la acumulación de dificultades técnicas, la sonata constituye una verdadera piedra de toque para cualquier intérprete.

El primer movimiento, Un poco Adagio -Allegro vivace - Più Lento, muestra una sorprendente estructura: comienza con una larga introducción lenta a la que sigue una forma sonata bastante irregular. Marianna suaviza un tanto la lentitud de la introducción para no establecer un contraste demasiado violento con el Allegro; destaca con acierto los misteriosos y tal vez amenazadores graves del piano que recuerdan el mundo fantástico de Schubert. En el Allegro, Schumann explota hasta la saciedad un motivo relativamente simple, aunque no puede negarse el interés del diálogo entre graves y agudos que de nuevo trae la memoria de Schubert y sus terrores de la infancia. Una vez más, acierta la pianista al hacer siempre claro, inteligible ese juego entre las dos manos del intérprete. La página tiene una duración de doce minutos.

El segundo tiempo es un Aria en tres partes (una clásica forma de lied estructurada en A-B-A), de una brevedad desconcertante (tres minutos). La página irradia una extraña belleza, pero su complejidad rítmica le resta espontaneidad y atenúa su lirismo; no obstante la intérprete se esfuerza por poner de relieve la dimensión cantabile de una pieza de estas características. Tal vez Schumann haya querido encubrir así, de un modo pudoroso, el sollozo que desde su corazón dirigió al de la amada Clara.

El compositor intitula Scherzo el tercer ámbito temporal y lo estructura en las habituales tres secciones (A-B -A; en este caso, Scherzo con Trío): Allegrissimo Intermezzo Lento. Con ello, parece querer atribuir contenidos diferentes a cada una de esas partes. Es muy brusca la forma de introducir lo que él denomina intermezzo y que constituye la típica sección intermedia de contraste. Y también resulta abrupta la manera de concluir. No es precisamente esta aspereza lo que conviene más al toque refinado y a la sensibilidad de Marianna Prjevalskaya; aun así, la pianista realiza una notable versión de esta página singular.

Schumann denomina el cuarto movimiento como Finale: Allegro un poco maestoso. Più Allegro. Es, sin duda, la página de mayor riqueza inventiva, pero también la más incoherente. Da la impresión de que las ideas bullen desordenadas en la mente febril del compositor y que, como tales, se trasvasan al papel. Con tanta espontaneidad como carencia de orden. Los cambios de ritmo, de velocidad, de ambiente, se suceden en una abrumadora sucesión de sonidos que no da tregua al oyente. Y tampoco al intérprete. Por ello, hay que considerar un mérito extraordinario, que no puede regatearse a Marianna Prjevalskaya, el hacer de este tiempo caótico y genial algo asimilable e inteligible.

4. A fin de que el piano más actual se halle presente en este registro discográfico, se dispone una pieza contemporánea para finalizar: Aurgitana, de José Zárate. Se trata de un encargo que la Diputación jienense y el Centro nacional de Difusión Musical realizaron al compositor madrileño (nacido en 1972) para la LIII edición del Concurso Internacional de Piano de Jaén, cuya ganadora fue Marianna Prjevalskaya. Aurgitana es el gentilicio derivado del antiguo nombre de Jaén. De duración razonable (no llega a diez minutos) representa una buena muestra de piano percutido, cuyo teclado recorren de arriba abajo las manos del intérprete; como es habitual en este tipo de música, se utiliza con profusión el ostinato, sobre el que se disponen a veces frases de un cierto lirismo, más o menos distorsionado por la armonía disonante. Hay algún momento en que parece asomar la figura señera de Don Manuel de Falla, y más concretamente su Fantasía Bética; también se escucha una suerte de estilización de palmas y de ritmos procesionales. A través de ellos, la imaginación podría identificar la fuerza de una copla o la espontaneidad de una saeta. Marianna Prjevalskaia, cuyo pianismo elegante, refinado, sutil, de dinámicas bien medidas y agógicas moderadas, se ha puesto de relieve, sorprende aquí con una pulsación valiente, poderosa, para traducir una página vibrante, de intensa dificultad.
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