Canadá

Lúgubre producción escénica

Horacio Tomalino

miércoles, 30 de enero de 2013
Toronto, jueves, 1 de noviembre de 2012. Canadian Opera Company. Four Season Centre for the Performing Arts. El Murciélago (Die Fledermaus), opereta cómica en tres actos de Johann Strauss (hijo) (1825-1899), con libreto en alemán de Henri Meilhac y Ludovic Halévy basada en la obra francesa “Le Réveillon" de Karl Haffner y Richard Genée. Estreno: Theater an der Wien (Viena) el 5 de abril de 1874. Christopher Alden, dirección escénica. Elenco: David Pomeroy (Alfredo), Ambur Braid (Adele), Tamara Wilson (Rosalinde), Michael Schade (Gabriel von Eisenstein), David Cangelosi (Dr. Blind), Peter Barrett (Dr. Falke), James Westman (Frank), Claire de Sevigne (Ida), Laura Tucker (Príncipe Orlofsky), Jan Pohl (Frosch). Coro y Orquesta del Teatro. Johannes Debus, director musical. Temporada 2012-13

Costó mucho asociar el clima festivo de la Viena de finales del siglo XVII que emanó de los compases de la música de la opereta el El Murciélago de Johann Strauss (hijo) con la lúgubre producción escénica que -firmada por el muy controvertido Christopher Alden- subió a la escena la Canadian Opera Company en esta temporada. El espectáculo del director de escena americano buscó asociar -lo que logró con creatividad, más allá de que su visión se contradiga con el espíritu de la obra- la famosa opereta de Strauss con la Viena de Siegmund Freud, el padre del psicoanálisis moderno, a través de un producción escénica plagada de conceptos y en la que el análisis de la psicología humana terminó absorbiéndolo todo.

Para quien no conoce esta obra -y logra salir ileso de la confusión que produce el trabajo de Alden - esta propuesta pudo resultar interesante, ya que estéticamente estuvo muy bien cuidada y fue innegable su coherencia consigo misma, aunque no conserve nada del argumento del vodevil sobre el cual el compositor concibió su obra. La escenografía de Allen Moyer concretó con buen tino las ideas del regista y enmarcó con criterio y dinamismo este viaje por la psique humana planteado por el regista. El vestuario de Constance Hoffman -quien hizo un trabajo maravilloso tanto con los solistas como con muchos de los integrantes del coro-, así como la cuidada iluminación de Paul Palazzo realzaron un espectáculo visualmente atractivo. El manejo de las situaciones escénicas denotó un minucioso trabajo previo de Alden y una gran entrega de parte de los cantantes.

El elenco vocal masculino tuvo en todos los de los casos un desempeño superlativo. En una de las mejores composiciones que se le recuerden en la casa, el barítono Michael Schade dio rienda suelta a un chispeante y desenvuelto Gabriel von Eisenstein de gran estado vocal, que con timbre aterciopelado y una admirable línea de canto, le sacó todo el jugo posible a su personaje. Aplaudidísimo, el tenor David Pomeroy arrancó risas por doquier componiendo un amante italiano Alfredo de gran histrionismo y desbordante vocalidad. No les fue a la zaga el barítono James Westman, quien colmó de interesantes detalles vocales una caracterización del jefe de la prisión Frank que resultó inolvidable. El muy prometedor barítono Peter Barrett trazó un convincente y bien plantado Dr. Falke. Un lujo desmedido fue contar con el tenor David Cangelosi a cargo de la parte del abogado Blind, quien demostró que no hay roles pequeños cuando hay grandes artistas interpretándolos.

David Pomeroy, James Westman y Tamara Wilson en 'Die Fledermaus'

En lo que concierne a las voces femeninas, la Rosalinde de la soprano americana Tamara Wilson sedujo de la primera a la última nota por su rico capital vocal, de gran volumen e impecable fraseo, que manejó con gran ductibilidad y técnica. Su czarda 'Klange der Heimat!' fue una lección de noble y sensible canto que le dio a la noche uno de sus momentos de más alto nivel vocal.

La mucama Adele de la soprano Ambur Braid lució una voz bien impostada y flexible -mas allá de que hubo que disculparle alguna que otra tirantez en los agudos- lo que le permitió salir airosa en las agilidades exigidas por la parte. Si bien brilló en sus arias, fueron finalmente sus medios histriónicos quienes contribuyen mucho a que su composición terminase conformando al público

Muy por debajo del nivel general de los demás intérpretes, la mezzosoprano Laura Tucker nunca pareció encajar en su parte, delineó un pálido y nada interesante príncipe Orlofsky totalmente anémico de medios y sin matiz alguno que apenas si cumplió mínimamente con los requerimientos de la parte.

Die Fledermaus en la producción de Christopher Alden

Al coro de la casa se los vio hacer su trabajo con gran aplicación bajo la batuta de su atenta directora Sandra Horst. Al frente de la orquesta de la compañía, Johannes Debus hizo una lectura convincente, de buen ritmo e impecable concertación, obteniendo en todo momento de sus músicos siempre el mejor sonido y precisión. Al menos desde el foso, Debus le devolvió a la noche un poco de toda la algarabía vienesa tan propia de la esta opereta y tan lejana a la visión planteado por Alden sobre el escenario.

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