Artes visuales y exposiciones

La exposición del siglo, precursora del arte moderno

Juan Carlos Tellechea
viernes, 1 de febrero de 2013
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Tuvo lugar hace una centuria a las puertas de Colonia (oeste de Alemania) y cambió definitivamente el derrotero del arte en el mundo. La Exposición Internacional de la Liga Independiente Amigos del Arte y Artistas del Oeste de Alemania (más conocida como Sonderbund), una de las más importantes del siglo XX, cumplió 100 años en 2012 y con tal motivo el Museo Wallraf-Richartz le rindió tributo reconstituyéndola en sus nuevas dependencias del centro de esta antigua urbe a orillas del Rin.

Decenas de miles de visitantes acudieron a esta retrospectiva que, paradójicamente, en 1912 causara revuelo, escándalo, rechazo y hasta estupor entre sus ancestros al ver por primera vez desnudos que les parecían obscenos y procaces, figuras humanas deformadas, colores alterados, formas ininteligibles creadas por artistas casi desconocidos para la época que ya preludiaban, sin embargo, el advenimiento no muy lejano de la abstracción.

Aquí nos encontramos con numerosos clásicos modernos: El arlequín sentado (1901) de Pablo Picasso, Madre y niño (1912) de Egon Schiele, Cupido y Psique (1907) de Edvard Munch, Rococó (1912) de August Macke, Maja desnuda y naturaleza muerta con manzanas (1911) de Anton Faistauer; así como con pioneros del modernismo: Naturaleza muerta con manzanas (1893/1894) de Paul Cézanne, Pietá, según Delacroix (1889) de Vincent van Gogh, y Pescadoras, Tahití (1891) de Paul Gauguin, entre otros.

Picasso tenía 20 años cuando pintó cuadros de acróbatas y de otros artistas circenses y de vodevil. Su mundo era el suyo. La soledad, la melancolía del arlequín refleja su propia aflicción, tras el suicidio de su amigo, el pintor español Carlos Casagemas, quien había intentado asesinar a su amante, Germaine Gargallo (una bailarina del Moulin Rouge que frecuentaba el círculo de artistas españoles) por celos pasionales, marcando el comienzo de su período azul a poco de su llegada a París.

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Pablo Picasso: El arlequín sentado (1901). © Museo Wallraf-Richartz

Rumbo


“Desde entonces todo cambió en el mundo del arte: la nómina de pintores más influyentes y apreciados, los elementos para evaluar el arte, y hasta la manera de coleccionar y mostrar la pintura en los museos. Lo que entonces era discutible hoy es canon universal”, explica Barbara Schaefer, comisaria de esta exhibición conmemorativa única y exclusiva titulada 1912-Misión Modernismo (del 31 de agosto al 30 de diciembre de este año. Es probable que pueda ser prolongada, debido a la enorme afluencia de público; se forman diariamente colas de varios minutos ante las puertas del museo).

En 1912 se exhibieron 650 pinturas y esculturas, entre ellas 125 de van Gogh, 26 de Cézanne, 25 de Gauguin, 32 de Munch y 16 de Picasso. El catálogo de 648 páginas, con 764 ilustraciones en color y 192 en blanco y negro (editorial Wienand Verlag/Colonia) pesa tres kilos y medio (3,5 kilos).

Entre los organizadores de aquella muestra señera figuraba el fundador del renombrado Museo Folkwang de Essen, Karl Ernst Osthaus. Schaefer logró identificar y localizar a la mayoría de esas obras (80 no pudieron ser ubicadas) en tres pacientes años de investigación.

Esta vez, con mucho esfuerzo y trabajo de coordinación-organización, sólo se logró traer 120 trabajos importantes (15 de ellos de van Gogh) desde todos los rincones del planeta, cedidos, entre otras entidades, por el Museo van Gogh de Amsterdam, los Museos Estatales de Berlín, la National Gallery de Londres, el Museum of Modern Art de Nueva York, el Musée d'Orsay de París, la National Gallery de Washington, el Art Institute de Chicago y el Museo Munch de Oslo.

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Lapso

La muestra abarca el período comprendido entre el postimpresionismo (finales del siglo XIX), pasando por el expresionismo alemán (representado por los movimientos Die Brücke y Blaue Reiter) que a su vez influyó asimismo en la pintura religiosa, la arquitectura, la música, la danza (y el teatro-danza), la literatura y la cinematografía, hasta el comienzo del cubismo.

En el deslumbrante Paseo cerca de Arles con casas (1888) van Gogh ya nos manifiesta con pinceladas rabiosas, casi violentas, en primer plano, su estado de ánimo, su alegría por la llegada de la primavera con su máxima fuerza, inundando de luz y color toda la naturaleza mediterránea.

"Van Gogh fue como un padre para todos nosotros", evocaría tiempo después Karl Schmidt-Rottluff, cofundador, junto con Ernst Ludwig Kirchner, Fritz Bleyl y Erich Heckel del grupo expresionista alemán Die Brücke, en Dresde, en 1905.

También Gauguin influyó en este movimiento. Heckel y sus compañeros, todos estudiantes de arquitectura en aquel entonces, se sentían fascinados por la cultura de los pueblos primitivos (visitaban a menudo los museos etnográficos de Dresde y Berlín para conocer más sobre ellos).

Gauguin les mostró cómo adaptó a su estilo pictórico las impresiones que había tenido al conocer personalmente a los habitantes de la Polinesia Francesa para producir en sus telas una armonía entre el hombre y la naturaleza. Varios expresionistas alemanes viajaron también de forma individual a los Mares del Sur: Emil Nolde, Max Pechstein, August Macke y Franz Marc.

La liberación del color de la forma, lo que buscaban los neoimpresionistas y puntillistas como Paul Signac, es una las más importantes fuerzas impulsoras del arte moderno. Para Signac, el aumento de la luminosidad era más significativo aún que la técnica pictórica. Esto lo lograba seccionando las manchas de color en yuxtaposiciones complementarias: rojo y verde, azul y naranja, amarillo y púrpura.

Normas

Aquella forma innovadora, revolucionaria y pionera de exponer obras de arte sentó nuevas normas que rigen hasta hoy e influyó en eventos como el Armory Show de Nueva York (1913) que, rivalizando con París, poco después lanzaría a Marcel Duchamp, confirmaría el cubismo y acercaría el arte estadounidense a la vanguardia europea; o la Documenta de Kassel (1955) que, una década más tarde (1964, Documenta III), revelaría a Joseph Beuys.

En el jurado de cuatro miembros de la muestra figuraba el entonces director del Museo Wallraf- Richartz, Alfred Hagelstange, quien procuraba dar a conocer internacionalmente a Colonia (rivalizando con Düsseldorf) y su interés por el arte moderno (antes de la Primera Guerra Mundial).

La Liga Independiente Amigos del Arte y Artistas del Oeste de Alemania se había fundado en 1909 en Düsseldorf, donde tenía su sede, reunía a coleccionistas, representantes de museos y creadores, promovía el arte contemporáneo y realizaba en 1912 en Colonia (a mitad de trayecto ferroviario entre París y Berlín, los dos polos europeos) su cuarta exhibición internacional, antes de disolverse en 1916 (dos años después del comienzo de la Gran Guerra).

Colonia, cuya situación económica era próspera, había adquirido un pabellón de exhibiciones en la Exposición Mundial de Bruselas (1910) para instalarlo en la puerta de Aquisgrán (periferia oeste de la ciudad). Allí tuvo lugar esta precursora muestra que por primera vez alineaba cuadros colgados sobre paredes blancas con ribetes negros para que se destacaran mejor, abandonando la antigua forma de exhibirlos amontonados y sin ningún concepto o programa.

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Modernidad

La exposición era además publicitada con carteles, pancartas y banderas; toda una innovación. Otra fue la distribución entre los visitantes de una breve guía sobre las obras expuestas (antecesor de los folletos y catálogos de hoy). Además, acondicionaba un espacio para que el público pudiera tomar un refrigerio después de ver la muestra (predecesora de las actuales cafeterías). Como la construcción era totalmente de madera estaba estrictamente prohibido fumar en su interior (anticipaba ya otro signo de modernidad).

Hoy, 100 años después de aquel acontecimiento, es posible constatar con más claridad que aquellas formas de expresión casi desconocidas entonces constituirían hitos del arte europeo. Las orientaciones artísticas predominantes pueden ser reconocidas ahora como diferentes ramas de una gran evolución que comenzaba a aproximarse en 1912 (cuya tendencia era observada ya en las obras de Picasso y de Wassily Kandinski, éste del movimiento Blaue Reiter) y que desembocó en la abstracción, así como en el posterior desenvolvimiento del arte moderno.

Los retratos de Cézanne, el artista de más edad en la sección retrospectiva, exhalan un aura singular de tranquilidad, y sus paisajes facetados como el del Paseo cerca de Chantilly (II, 1888) parecían anticipar la inminente llegada del movimiento cubista.

En esta retrospectiva queda claro de forma palpable que los impulsos de los fauvistas en Francia, así como de los artistas de Die Brücke y de Blaue Reiter en Alemania estaban más emparentados entre si en sus objetivos de lo que se pensaba en aquella época. La Primera Guerra interrumpió este desarrollo de forma cruenta. Algunos de los talentos más prometedores de aquellos tiempos (por ejemplo Macke y Marc) murieron en la conflagración bélica y el arte necesitó algún tiempo para recuperarse de sus horrores.

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