Entrevistas

Piero Lombardi Iglesias, savoir par coeur

Julio Andrade Malde

martes, 2 de julio de 2013

Piero Lombardi Iglesias, el joven director de orquesta coruñés, ha ganado el concurso del año 2013 que convoca el Royal Northern College of Music (RNCM), de Manchester, para seleccionar a un Junior Fellow in Conducting. Se trata de una plaza para desempeñar el puesto de director asistente durante dos años con sir Mark Elder, director de la célebre Orquesta Hallé, la decana de las orquestas inglesas, la que dirigió Barbirolli durante una treintena. Un éxito semejante en un muchacho de veintitrés años corrobora su valía y reafirma el criterio de quienes han creído en su talento y lo han apoyado. Mundoclasico.com, que ya había publicado una entrevista con él hace dos años, y el pasado año una amplia crítica del concierto que dio en Vigo dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Galicia, ha querido conocer sus primeras impresiones

 

Pregunta. ¿Cómo se encuentra en estos momentos?

Respuesta. Muy emocionado. Y también agotado.

P. ¿Agotado?

R. Sí; soportar la tensión nerviosa y mantener la concentración a lo largo de un duro proceso selectivo producen un enorme cansancio físico y psíquico.

P. ¿Cómo ha sido ese proceso de selección?

R. Se desarrolla mediante diversas audiciones. En el otoño del pasado año, se inscribieron ciento cuarenta personas, de las cuales el jurado eligió sólo a doce para actuar ya al frente de las orquestas. El grado de exigencia es enorme. Se establecen cinco rondas; en las tres primeras, los doce candidatos tienen la oportunidad de dirigir las agrupaciones instrumentales. Una vez enjuiciados, el jurado elige primero a cinco (cuarta ronda, semifinal) y después a tres, que pasan a la final (quinta y última ronda), de la cual sale el elegido.

P. Una especie de maratón musical…

R. Pues sí; al ir pasando cada ronda, va creciendo la esperanza de ganar el concurso; pero también la inquietud por no conseguirlo ya que cada vez los que quedan tienen un mejor nivel. Y uno se pregunta, ¿por qué yo y no otro?

P. Pregunta inquietante, en efecto; pero, ¿sólo pensaba eso?

R. En esos momentos, estaba totalmente centrado en la responsabilidad que tenía y en salir airoso de un reto semejante

P ¿Ni siquiera cuando supo que había ganado?

R. Sí; entonces, sí. De pronto, se agolpan en la mente todos los recuerdos de lo que se ha ido haciendo a lo largo de estos años. Se acuerda uno mucho de quienes lo han apoyado: la familia, en primer lugar, y los que han creído en mí y me han dado oportunidades para ir realizando la carrera: mi profesor en Zürich, Johannes Schlaefli; Víctor Pablo Pérez y Andrés Lacasa, director musical y gerente de la Sinfónica de Galicia, respectivamente, que me han permitido ponerme al frente de nuestra magnífica orquesta; Alberto Zedda, que me ha confiado la dirección de Il viaggio a Reims, la ópera de Rossini, en el Festival de Pesaro de 2012… Me gustaría dejar constancia también de mi agradecimiento a la Fundación Pedro Barrié de la Maza, que el pasado verano me otorgó una beca para estudios en el extranjero; me ha ayudado muchísimo por el apoyo, no sólo económico, sino también moral, que ha significado.

Madera de director

P. Parece que los más importantes profesionales han visto en usted madera de director.

R. Pues debo decir, modestamente, que así debe ser porque el presidente del tribunal, sir Mark Elder, a cuyas órdenes voy a estar durante dos años, me ha dicho que poseo una habilidad natural para dirigir y un excelente oído, lo cual considera de enorme importancia.

P. Juan Vara, el compositor coruñés, profesor del Conservatorio Profesional de Música coincide con ese criterio. Ya decía hace años que usted poseía un oído excepcional.

R. Sí; es verdad. Y hay algo más que me ha dicho el maestro Elder y que me ha sorprendido y halagado: que estoy dotado de un perfecto equilibrio entre racionalidad y emoción, del cual tal vez ni yo mismo sea consciente…

P. Y, ¿no es usted consciente de ello?

R. Bueno; no estoy seguro. Eso me dijo él; tal vez tenga razón. Ahora, espero no defraudar su confianza.

P. Creo que a los lectores de Mundoclásico.com, les gustará saber las obras que hubo de dirigir en el proceso de selección.

R. En la primera ronda, había que dirigir Appalachian Spring, una preciosa y nada fácil partitura de Aaron Copland; en la segunda, mucho más difícil, Pierrot lunaire, de Arnold Schönberg. Para la tercera ronda se seleccionaron dos fragmentos de ópera: el quinteto del primer acto, de La flauta mágica, de Mozart; y el trío del segundo acto de La carrera de un libertino, de Stravinsky. En la cuarta ronda, una obra clásica de gran aliento y muy conocida, que han dirigido todas las grandes batutas: la Sinfonía Hob I:103 de Haydn, llamada “Redoble de timbal”. Y, para la final, una sinfonía romántica cuya grandeza corre pareja con su dificultad: la Cuarta Sinfonía, opus 98, de Brahms.

P. De todo ello, ¿qué le resultó más difícil?

R. Sin duda, el Pierrot lunaire, de Schönberg. En primer lugar, porque ser consciente y escuchar todo lo que ocurre y suena en esta obra es un reto; hay que ser muy hábil dirigiendo el oído y la atención a los instrumentos adecuados en el momento adecuado. En segundo lugar, porque también es un desafío ofrecer de una manera atractiva al público (en este caso, al jurado) una obra de sus características estilísticas y musicales.

P. En algún momento, ¿tuvo temor por no estar a la altura de alguno de sus competidores?

R. No; la competencia nunca me preocupó porque era consciente de que los doce que quedábamos éramos todos buenos en lo que hacíamos.

P. Y, ¿cuándo pensó que había ganado?

R. Cuando pasé a la final. En la ronda anterior, había dirigido a Haydn, cuya música adoro, pero que no es la ideal para mi estilo de dirección. Al tener a Brahms ante mí, creí en el triunfo porque pensé que, si había pasado la penúltima ronda con Haydn, podía ganar con Brahms, que se me da mucho mejor. Es verdad que también me asaltó el pensamiento: ¿Y si no me sale bien? Pero, en cuanto escuché los ocho primeros acordes del Finale, la energía de esta música me llevó por si sola al éxito

P. Clásicos, románticos, siglo XX… Piezas para orquesta de cámara, gran ópera, repertorio sinfónico de altos vuelos... Parece una elección a propósito para evaluar a una batuta mediamte un amplio repertorio.

R. Es evidente que la elección de obras se hace con ese criterio. Además, no se dispone de mucho tiempo para memorizarlas. La preparación previa exige un gran sacrificio personal, muchas horas de estudio para aprenderlas de memoria.

Savoir par coeur

P. ¿Por qué de memoria? Los directores suelen tener las partituras ante ellos durante el acto musical.

R. Sí; desde luego. No es obligatorio dirigir sin partitura; pero yo creo que mantenerla en el atril establece una barrera entre director y orquesta. Con la obra memorizada,tengo la sensación de que miro directamente a los ojos de los músicos; me permite concentrar toda la intensidad de la dirección para transmitir la música a los profesores y al público. Me dijo sir Mark Elder que esa capacidad de comunicación había sido observada y muy valorada por el tribunal.

P. Es curioso; acaba usted de desvelarme una cosa que nunca había entendido antes: por qué cuando los franceses se refieren a saber algo de memoria (música, poesía, fragmentos literarios) lo expresan con la frase savoir par coeur; es decir, saberlo con el corazón.

R. Es verdad, al tener la partitura completamente interiorizada, se puede expresar el contenido de la música con el corazón sin que se resienta la racionalidad. Es lo que vino a decirme el maestro Elder, de quien espero aprender mucho durante los próximos años.

P. ¿Qué hará usted en ese tiempo?

R. Sir Mark Elder será mi mentor. Le ayudaré a confeccionar los programas que realizará con su orquesta, la Hallé, y él seguirá mi evolución dándome consejos, clases magistrales, etcétera. Además tendré la oportunidad de trabajar con grandes orquestas: la Hallé, la BBC Philharmonic, la Royal Liverpool Philharmonic, la Manchester Camerata y la Northern Sinfonía, entre otras.

P. Tiene dos años por delante colmados de actividad.

R. También participaré en la producción de dos óperas, dentro de la Royal Northern College of Music, dirigiendo varias funciones. Y tendré la posibilidad de asistir a diversas clases magistrales con directores ya consagrados. Todavía no sé quienes serán este año; pero en el anterior estuvieron Gianandrea Noseda, Yan Pascal Tortelier, Stanislaw Scrowaczewski, Vassily Petrenko…

Corazón blanquiazul

P. Es curioso. Todos estos grandes directores han estado en La Coruña y han dirigido a nuestra Sinfónica de Galicia. Por cierto, ¿sabe que Petrenko es un gran aficionado a practicar fútbol sala?

R. Si; y yo también.

P. Pero usted no ignora que algunas personas consideran incompatible la práctica del deporte –y, en especial, ese deporte- con la música.

R. No, no lo es; en absoluto. Le recuerdo el caso de Albert Camus, premio Nobel de Literatura, que jugó de guardameta con gran éxito; o el de Shostakovich, extraordinario compositor y apasionado polemista sobre fútbol. Y también al pianista Lang-Lang, que ha hecho manifestaciones de gran interés sobre este asunto.

P. Así que usted también juega… Ahora que va a vivir durante dos años en la ciudad inglesa, corremos el riesgo de que lo fiche el Manchester United o el Manchester City. Aquí, el Dépor le necesita.

R. No hay ningún peligro: mi corazón es blanquiazul.

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