España - Andalucía

Vuelva cuando quiera, Nesterowicz

Miguel Pérez Martín

miércoles, 20 de febrero de 2013
Sevilla, jueves, 14 de febrero de 2013. Teatro de la Maestranza. José Manuel González Monteagudo, oboe. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Michal Nesterowicz, director. Rodion Shchedrin: Carmen Suite (Selección). Richard Strauss: Concierto para oboe y pequeña orquesta en Re Mayor, Av 144 TrV 292. Georges Bizet: Sinfonía en Do Mayor. XXIII temporada de conciertos de abono de la ROSS. Ocupación: 85%.

A Michal Nesterowicz, director titular de la orquesta de Tenerife desde el inicio de la temporada, ni siquiera le hace falta un podio desde el que dirigirse a los músicos. El polaco ronda los dos metros de estatura y dirige desde el suelo. Quizá esa presencia tenga algo que ver, aunque sea un poco, con la respuesta de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en el concierto.

El conjunto, que normalmente goza de buen nivel, estuvo disciplinado y rico en matices durante este concierto. Nesterowicz supo convertir la, en principio, poco interesante Suite Carmen de Shchedrin en un acontecimiento. Basada en la música de la ópera de Bizet y con ligeros tintes de la ‘Farandole’ de L’Arlésienne del francés, la obra de Shchedrin reduce la orquesta a la cuerda y varios percusionistas. Son estos, muchas veces olvidados de la orquesta, los que llevan en esta pieza la voz cantante y aportan sus diferentes timbres a la nueva visión de la obra de Bizet. Nesterowicz supo manejar a la orquesta con mano firme y sacarle todo el jugo a la primera obra del programa. Matices bien definidos, una cuerda con sonido empastado que sonaba como un único torrente y una percusión medida y muy trabajada que aportó el toque sorprendente a la noche.

Para la segunda obra de la noche, otro acierto. La ROSS apostó por un solista de las filas de la orquesta en lugar de traer a alguien de fuera. La confianza depositada en González Monteagudo dio sus frutos nada más arrancar el Concierto para oboe y pequeña orquesta de Strauss. Aunque en el ‘Allegro moderato’ los nervios le jugaron una mala pasada y estuvo más pendiente de dar la enorme ristra de notas que de sacarle colorido a la partitura, todo estaba arreglado para el ‘Andante’, en el que el oboe sonó con dulzura y llenó hasta el último rincón de la sala. Monteagudo sudó la gota gorda, literalmente, y sacaba de vez en cuando su pañuelo para enjugarse las gotas que caían por su frente. Pero el solista estuvo a la altura y la obra que dedicara Strauss a un músico de la Sinfónica de Pittsburgh reconvertido en soldado durante la Segunda Guerra Mundial, sonó como debe sonar: mostrando un abanico entre un clasicismo nostálgico y vibrantes pasajes directos al corazón humano.

Y si se había abierto la noche con una revisión del Bizet más universal, la ROSS y Nesterowicz la cerraron con uno de los Bizet que el mismo compositor repudió: la Sinfonía en Do. La cuerda se mostró en esta ocasión algo agotada, aunque esto no debe ser excusa. Sin embargo solo fueron algunos momentos en los que la unidad de las secciones fue menos brillante: por lo general, se mantuvo el nivel de la primera parte. Y para los pequeños tropiezos de la cuerda, ahí estaba el viento madera para dar una muestra de trabajo y poderío. Puede que su ausencia en la primera obra del programa le diera fuerza a los instrumentistas para acometer con especial entusiasmo la pieza de Bizet. El ‘Adagio’ sonó emocionante y el resto de la obra resultó un juego de timbres y colores que reflejaron a aquel Bizet casi adolescente que dio forma a la sinfonía.

Una noche de buen gusto musical a pesar de las reticencias que algunos mostraban sobre el programa antes de entrar a la sala. Qué buen ojo tuvieron en Tenerife. Nesterowicz, puede usted volver por el Maestranza cuando quiera.

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