España - Cataluña

Cuyàs un desconocido en su tierra

María Rosa Capell

miércoles, 31 de octubre de 2001
Barcelona, viernes, 26 de octubre de 2001. Gran Teatre del Liceu de Barcelona, .La Fattucchiera, ópera en dos actos con libreto de Felice Romani basado en “Ismalia, ossia morte ed amore” de Charles-Victor Prévot d’Arlincourt y música de Vicenç Cuyàs i Borés (1816-1839). Interpretes: Ulrico, Simón Orfila; Ismalia, Ofelia Sala; Oscar, José Sempere; Argea, Claudia Marchi; Blondello, Javier Franco; Bruja, Montserrat Benet; Dirección musical: Josep Pons; Orquesta Sinfónica y Coros del Gran Teatre del Liceu.
Siempre es de agradecer la recuperación de obras autóctonas que han estado dormidas durante años e incrementar así el panorama operístico de un país como el nuestro ya de por sí muy parco.La que ha estrenado hoy el Liceu, es obra de un compositor mallorquín que fue en su época aclamada por el público llegando a representarse en diecinueve ocasiones y que después de su exitoso estreno no se volvió a representar. Puede contribuyera a ello la muerte prematura del autor, según dicen mientras en el teatro se estaba cantando su obra, que no alcanzó a cumplir los 23 años, y también a las dificultades ciertamente apreciables que tienen todas las voces, el compositor, Cuyàs se revela un tanto irreal en el manejo de tales instrumentos exigiéndoles un tour de force excesivo en muchas ocasiones.La labor del director Josep Pons ha sido intensa, trabajando no solo en la lectura e interpretación, si no en la recuperación de una partitura que no fue editada ni siquiera en la época de mayor éxito. La labor principal de tal recuperación ha sido obra principalmente de Francesc Cortés profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona.Su enfoque exhibió una Fattucchiera en la que la pasión de sus integrantes fue su gran baza, sacó de una partitura, que tiene partes interesantes y emotivas y otras no tanto, un buen resultado, si bien se tiene que admitir el excesivo abuso de agilidades y abellimenti que la hacen algo pesante para el gusto actual. De la orquesta consiguió un rendimiento loable, vale decir que la orquestación de Cuyás es bastante elaborada para la época y la experiencia del autor, pudiendo sacar amplitud y fuerza en algunos momentos.Las voces las coordinó de manera precisa, advirtiéndose en los números de conjunto una regulación y acople muy equilibrado, se pudo observar en el bello el dúo de Blondello y Ulrico en la primera escena del primer acto, no tan equilibrado estuvo el mismo dúo en la escena quinta del mismo acto donde Ulrico, un Orfila, sustituto en último momento del programado Carlos Chausson, de voz amplia y pletórica, con una controlada administración del aire y perfecta dicción que sobrepasaba en todo momento la de Javier Franco barítono de bello timbre pero con insuficiente proyección. Muy buen ritmo confirió al dialogo entre Ismalia, la pretendida heredera del castillo de San Pari, y su rival en el amor de Oscar, Argea, en la escena séptima del mismo acto. También el dúo entre Oscar e Ismalia es uno de los momentos en los que esta ópera se muestra como digna de ser sino programada regularmente, sí pensar en ella como trabajo a conocer, Oscar, personaje que como el resto posee una dificultad extrema y requiere de un interprete que aguante tanto el ritmo exangüe como la extensa tesitura a que obliga, fue interpretado muy dignamente por José Sempere, que ya tuvo hacerse cargo la temporada pasada del papel de Arturo en I Puritani, un tenor que si bien podría incidir más en matices, es capaz de abordar a estos héroes de tesituras casi indecentes con propiedad.Ismalia, Ofelia Sala, fue la gran triunfadora de la noche, su papel es largo, lleno de las dificultades como ya he repetido, pero que a su vez tiene por parte del autor un mimo especial con el personaje dándole sus melodías más inspiradas, aunque algunas veces quizás por ese afán peque en el abuso de las florituras, escalas y demás recursos del belcanto. Ofelia abordó el papel de la protagonista con un sentimiento y una valentía que vale la pena remarcar, no se arredró en un personaje que dejaría exhaustas a sopranos con dotes y experiencia sobrada. Aunque se apreció alguna distorsión en el tono y escasez en la proyección, su estilo es notable, con profusión de precisos morendos y crescendos y un vibrato muy atractivo. Muy bello fue el tono dolente que confirió al ária “Ah! Più di te colpevole io chi ti trassi a morte” plagada de agudos.Pero aunque la gran ovacionada fue Ofelia Sala, debo reconocer que me impresionó la voz y la raza de la mezzo italiana Claudia Marchi que afrontó el rol de Argea, rival de Ismalia, con ardor. Pese a que como el resto del cast tuvo problemas por la alta tesitura a la que fuerza el personaje, lo sacó adelante con gran desenvoltura; tiene esta artista una voz de un color oscuro con irisaciones, amplio registro, buena proyección y una garra que lanza con convicción; su peor defecto, y la verdad que sorprende, es su dicción, prácticamente ininteligible, más teniendo en cuenta que canta en su lengua materna..., una cantante a la que me gustaría ver en roles verdianos que creo muy adecuados a su talante tanto en color como en carácter.Los coros estuvieron el la línea de buen comportamiento al que nos tiene acostumbrados últimamente pero que todavía esperamos mejore, y la orquesta estuvo bien empastada y con dinámicas bastante ajustadas al tipo de estilo requerido, algo que se agradece de verdad a Pons.En resumen una obra que podría estar de regreso a este teatro en versión escénica y poder así apreciar con mayor justeza su valor. Sería también conveniente una revisión en el libreto para hacerla mas ajustada a público e interpretes.

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