Argentina

Memorable presentación de Dudamel

Susana Desimone

jueves, 11 de abril de 2013
Buenos Aires, miércoles, 3 de abril de 2013. Teatro Colón. Orquesta Sinfónica 'Simón Bolívar' de Venezuela. Director: Gustavo Dudamel. Igor Stravinski (1882-1971), La consagración de la primavera. Silvestre Revueltas (1889-1940), La noche de los mayas. Gira Latinoamericana 2013. Ocupación 100 %

La noche del 3 de abril fue inolvidable para muchos porteños. Gustavo Dudamel ya se había presentado como Director de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela en 2005 y 2011, la expectativa por disfrutar de un nuevo concierto era enorme. Y nadie resultó defraudado.

Como se sabe Dudamel es el fruto prodigioso del famoso Método Abreu, creado por el maestro José Antonio Abreu hace ya 38 años. Abreu estuvo presente esa noche, discreto y silencioso, aunque seguramente con la emoción de poder asistir a la prodigiosa carrera y a la consagración de uno de los jóvenes que descubrieron en la música una auténtica forma de vivir y compartir su arte con los públicos más variados.

Cabe recordar que el maestro Abreu le dio forma y entidad a un sueño que consistía en ayudar a que las nuevas generaciones se acercaran a la música, que aprendieran con esfuerzo, a veces con el de sus padres, y que en numerosas ocasiones, el entusiasmo y la devoción que el supo transmitir a los jóvenes alejó a muchos de ellos del camino de la droga, del alcohol o de la delincuencia a los que podían estar expuestos. Hoy en día el ya famoso Sistema Abreu alcanza a casi 400.000 jóvenes venezolanos que aprovechan una formidable tarea pedagógica.

Varias décadas más tarde, existe una agrupación de más de doscientos músicos orgullosos y felices de integrar una orquesta que es aplaudida en todos los grandes centros musicales, elogiada al igual que su director Gustavo Dudamel, por eminentes maestros como Daniel Barenboim o Claudio Abbado, que también se presentaron como sus directores en varios conciertos.

Gustavo Dudamel nació el 26 de enero de 1981 en Barquisimeto, Venezuela , calificado en algunos medios como un genio musical, es actualmente director de la Orquesta Filarmónica de Los Angeles, la Sinfónica de Gotemburgo y, por supuesto, la Sinfónica Simón Bolívar. En 2004 (a los 23 años) ganó el primer premio en el Concurso de Dirección Gustav Mahler, que se realizó en Bamberg, Alemania. En 2007, fue nombrado director musical de la Orquesta Filarmónica de los Angeles, sucediendo en el cargo a Esa-Pekka Salonen.

Actualmente, con 32 años, su talento y su carisma lo han convertido en el ídolo de los públicos más exigentes y heterogéneos.

Y, personalmente, no deja de sorprenderme que sea cual sea la obra cuya dirección asuma, jamás está la partitura frente a él. Vale decir que todo lo dirige de memoria. Lo que no deja de ser un peculiarísimo alarde, para nada común.

Quizá por lo que se lleva dicho la noche del 3 de abril existía una enorme expectativa en un público que ocupaba íntegramente la sala del Teatro Colón. Y había allí argentinos, pero también muchos venezolanos que por estos días vienen a trabajar o a estudiar a la Argentina y que esa noche querían expresarle sus mejores deseos a sus compatriotas. De modo que los bravos surgían incontenibles sin distinción de nacionalidad y, en algunos palcos, se advirtieron banderas de Venezuela ante la alegría y emoción de los músicos que contemplaban fascinados la inmensidad de la sala colmada.

En el año 2005 Dudamel y su Orquesta se presentaron en Buenos Aires en la apertura del Festival Martha Argerich, y en 2011 con la Sinfonía Nº 7 de Mahler. En esta nueva oportunidad, cuando se acalló la ovación que le dio la bienvenida, luego de algunos segundos de silencio, se dirigió a los presentes para expresarle al “amadísimo pueblo argentino” su solidaridad frente a la catástrofe ocurrida a causa de las inundaciones cuyas consecuencias todavía se están padeciendo en la Capital Federal y en La Plata, Capital de la Provincia de Buenos Aires.

El concierto comenzó con La Consagración de la Primavera de Igor Stravinski, el centenario de cuyo estreno se celebra justamente este año 2013. La interpretación fue electrizante y la orquesta actuó como un verdadero mecanismo de relojería bajo la batuta de un director, que obtuvo de los músicos el más perfecto de los rendimientos y una entrega absoluta a una partitura memorable.

Luego de un breve intervalo se escuchó La noche de los mayas, del mexicano Silvestre Revueltas, una obra magnífica, originalmente compuesta para el cine, cuyas cuatro partes permitieron el particular lucimiento de un conjunto impecable de instrumentos de percusión y un ritmo sostenido de los que cortan la respiración.

Finalizado el concierto, nadie estaba dispuesto a abandonar sus butacas. Los interminables aplausos obtuvieron la recompensa de cuatro bises inolvidables. Dos fragmentos de Wagner, el Preludio al acto III del Lohengrin y el Preludio y muerte de Tristán e Isolda, que a más de un espectador le hizo saltar las lágrimas, y al que Dudamel, antes de comenzar a dirigirlo, calificó como “la música más bella jamás escrita”. Cálido homenaje al Bicentenario de Wagner.

Pero la fiesta siguió con un clásico popular venezolano: Alma Llanera, que parte del público llevado por el entusiasmo comenzó a cantar aunque rápidamente hizo silencio para disfrutar de la interpretación, apasionada como siempre.

Finalmente, aunque todos hubiéramos querido que el concierto siguiera indefinidamente, el último bis estuvo dedicado al país anfitrión, con el famosísimo Malambo del ballet Estancia, de Alberto Ginastera. Otra obra electrizante y de una enorme fuerza expresiva.

Este grupo de admirables jóvenes dotados de enorme talento y que, seguramente, han dedicado largas horas al estudio y a los ensayos para alcanzar los niveles de perfección que entusiasman a tantos y tan variados públicos, seguirán una gira latinoamericana, presentándose en San Pablo, en Brasilia y por último en Bogotá.

Sólo cabe ahora desear un pronto regreso de esta orquesta tan inolvidable como su director.

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