España - Cataluña

La fortaleza inútil

Jorge Binaghi
martes, 7 de mayo de 2013
Barcelona, lunes, 22 de abril de 2013. Gran Teatre del Liceu. Das Rheingold (Munich, Königliches Hof und Nationaltheater, 22 de sepitembre de 1869), texto y música de R. Wagner. Puesta en escena: Robert Carsen. Escenografía y vestuario: Patrick Kinmonth (escenógrafo asociado y adaptación para el Liceu: Darko Petrovich). Iluminación: Manfred Voss. Concepción: Robert Carsen y Patrick Kinmonth. Intérpretes: Alan Held (Wotan), Francisco Vas (Loge), Oleg Bryjak (Alberich), Mikhail Vekua (Mime), Katarina Karnéus (Fricka), Sonja Gornik (Freia), Nadine Weissmann (Erda), Friedemann Röhlig (Fasolt), Bjarni Thor Kristinsson (Fafner), Willem van der Heyden (Froh), Ralf Lukas (Donner), Lisette Bolle (Woglinde), María Hinojosa (Wellgunde) e Inés Moraleda (Flosshilde). Orquesta del Teatro. Director: Josep Pons
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El Liceu ha emprendido otra Tetralogía a título por año (esperemos que se cumpla, como la anterior, en circunstancias económicas más felices) y utilizando también una puesta en escena de un director de renombre, que vio la luz en Colonia. Carsen es un magnífico director de escena, muy personal, y aunque muchas veces algunos detalles o la concepción entera no gusten o disgusten (recordemos su Tannhauser parisino, recibido mal allí y aquí en su momento) casi siempre hay un motivo sólido de reflexión sobre texto y música. Conocidas son sus dotes de trabajo con los cantantes y la importancia que la luz juega en sus obras.

Con todo esto por delante, el prólogo de la Tetralogía es bueno e interesante aunque no siempre genial en el planteamiento y sobre todo las soluciones. Está muy bien que se piense desde la ecología y que el dichoso ‘oro’ (que sigue brillando como debe en el fondo del río) esté sumergido por los residuos que los habitantes de un planeta cada vez más enloquecido (durante el famoso preludio van pasando cada vez más y más rápido arrojando todo tipo de objetos -podrían no hacer ruido ya que caen al agua y molestan la audición, por cierto-). También que el último acto de desprecio para las ondinas que lo reclaman al final sea que Donner les arroje una colilla encendida. Bien está también que los dioses pertenezcan a una casta militar bastante dictatorial y no muy bien avenida que al final, por un momento precario, se reconcilian, se transforman en alta burguesía vestida de rigurosa etiqueta para entrar a la fortaleza que les han construido unos trabajadores guiados por los dos gigantes sometidos al poder y a los que recompensan tan tarde y mal como pueden (además de lograr que, gracias a las advertencias de Erda, uno mate al otro por el dichoso anillo, y quede bien claro que el muerto tenía aún reservas de sentimientos humanos y el que se queda con todo -estérilmente, como veía tan bien Bernard Shaw- cumple en este acto con su deshumanización total y será normal reencontrarlo convertido en dragón o serpiente). Loge está muy bien caracterizado como el ‘dios menor aceptado a la fuerza’ y su fuego reaparecerá cada vez más como amenaza a sus ‘amigos pero no tanto’ a los que sirve con disgusto y cinismo (no tendría por qué entrar en bicicleta y haciendo sonar la campanilla por más tarde que se produzca su llegada). Y el palo de golf de Donner en vez de su martillo es un guiño divertido, pero poco más o bastante menos. Ni tampoco las ondinas tendrían por qué quedar automáticamente convertidas en cartoneras o mendigas por el simple contacto con la inmundicia (si su mugre tiene otro significado aún no se lo he encontrado).

Oleg Bryjak (Alberich), Lisette Bolle (Woglinde), María Hinojosa (Wellgunde) e Inés Moraleda (Flosshilde). Momento de la representación de 'El oro del Rin' de Richard Wagner. Liceu de Barcelona, abril de 2013. Dirección escénica de Robert Carsen. Dirección musical de Josep Pons

Musicalmente las cosas funcionaron bien aunque no de modo perfecto. La orquesta del Teatro ha mejorado con Pons, pero hay momentos en que las demandas de la partitura la exceden (los metales son los más expuestos a errores, pero tienen un sonido potencialmente bueno; las cuerdas suenan siempre secas aunque muy correctas). La concepción del director se irá afianzando; si el principio no fue todo lo maravilloso que debe ser y hubo otros momentos de monotonía y opacidad, su conducción fue a más e intentó ser clara y precisa y no cubrir a los cantantes. Lo que no se ve de momento es una ‘interpretación’, pero estamos en el prólogo y hay que esperar (los tiempos fueron naturales, no hubo nunca precipitación ni languideces y aunque el prólogo sea la única obra de la Tetralogía de duración normal toda seguida puede pesar sobre el público).

 

Friedemann Röhlig (Fasolt) y Sonja Gornik (Freia). Momento de la representación de 'El oro del Rin' de Richard Wagner. Liceu de Barcelona, abril de 2013. Dirección escénica de Robert Carsen. Dirección musical de Josep Pons

Las historias de amor que aquí hay (Alberico y las ondinas, Wotan y Fricka, ya quejosa de adulterios pese a que él le recuerda que dio un ojo por ella, Freia y los gigantes, o Fasolt, más bien) no son de las que apasionan o son apasionadas, y esto es en parte una suerte porque no necesitamos una pareja tenor-soprano de las que suele pedir Wagner y que son la pesadilla de los directores de teatro. Así, y habiendo visto hasta ahora el llamado ‘segundo’ reparto, el nivel ha sido altísimo a nivel actoral y bueno (con algún más y algún menos) cuando se trata del canto.

Francisco Vas (Loge), Alan Held (Wotan) y Mikhail Vekua (Mime). Momento de la representación de 'El oro del Rin' de Richard Wagner. Liceu de Barcelona, abril de 2013. Dirección escénica de Robert Carsen. Dirección musical de Josep Pons.

Hubo suerte sin duda en tener disponible a Held en lugar del barítono programado y que se ha dado de baja por enfermedad. Su agudo puede resultar algo más áspero que antes (el tiempo pasa), pero sigue siendo resonante, la voz está entera en todo el registro, y es un buen actor. Bryjak y Vekua, únicos Alberico y Mime en todas las funciones, lo hacen muy bien sin ser excepcionales ni como voz ni como actuación (al menos aquí). Karnéus es una cantante que uno asocia con otro repertorio, pero su Fricka fue de calidad (no tanto la correcta pero desvaída Freia de Gornik). Hemos alabado siempre a Vas y esta vez no será excepción, pero con una reserva: Loge necesita una voz mucho más amplia y de otro color que la del tenor, que otras veces ha encarnado, y muy bien, a Mime, que considero que es una parte que le va mejor (no puede ser que el volumen y el timbre de Mime sean de lejos mayores que el de Loge y hay una escena en la que están juntos). Lukas sigue siendo un buen elemento, pero su estado vocal es precario, en particular en el agudo (y se las vio y se las deseó en su corta intervención solista al final, tan difícil). Weissmann fue una Erda muy correcta, sin mucho grave y no demasiado impactante. De los gigantes fue más bajo el Fafner de Kristinsson que el Fasolt de Röhlig, que cantó muy bien pero parecía más barítono que Wotan. Las hijas del río estuvieron bien sin sobresalir, pero no hubo nada que reprochar considerando que la primera, Woglinde (Bolle), actuaba enferma. Más seguras las otras dos, Hinojosa y Moraleda. Froh fue el único elemento preocupante del reparto ya que en van der Heyden nos encontramos con un tenor joven de voz dura y emisión problemática.

Veremos cuando se trate del ‘primer’ reparto. Hasta aquí, aprobado alto.

 

Momento de la representación de 'El oro del Rin' de Richard Wagner. Liceu de Barcelona, abril de 2013. Dirección escénica de Robert Carsen. Dirección musical de Josep Pons

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