España - Euskadi

Cuando menos es más y más es más

Ignacio Ferrando García

miércoles, 29 de mayo de 2013
Donostia-San Sebastián, viernes, 24 de mayo de 2013. Auditorio Kursaal. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Jun Märkl, dirección. Obras: Charles Ives, The Unanswered Question. Gustav Mahler, Sinfonía nº6 en la menor, "Trágica". 14º programa de la Temporada de Abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi.

Era la primavera vez que la Orquesta Sinfónica de Euskadi (OSE) se enfrentaba a las dos obras del programa y además para la música de Mahler -con esa inmensa plantilla instrumental- se contó con la colaboración de un nutrido grupo de alumnos de Musikene, el Centro Superior de Música del País Vasco, que a punto estuvo de naufragar hace dos cursos por una gestión absolutamente disparatada, un auténtico sinsentido. Es una alegría ver cómo el barco se ha mantenido a flote y ha seguido navegando para llegar a buen puerto con proyectos tan hermosos como el de colaboración con la OSE en virtud del convenio 'Aula Jordá'.

El concierto dio inicio con una gran pregunta formulada por Charles Ives y una puesta en escena diferente para el común de los oyentes. La masa de cuerdas en el escenario, la trompeta en el pasillo de acceso del lado derecho de la sala y el cuarteto de flautas en el lateral izquierdo. La obra invita a la introspección y hubiera deseado un clima que ayudara más al acto de encontrar respuesta a la gran pregunta. Tal vez haber tomado algo más de tiempo antes de iniciar la música para que el público tuviera el tiempo de sumergirse en la atmósfera adecuada y evitar esos carraspeos y toses tan frecuentes e inoportunas, sobre todo en el caso de la obra que nos ocupa con ese comienzo mágico que poco a poco va calando y llenando el espacio físico e interior del oyente con esa gran pregunta. La cuerda funcionó bien, logrando una delicada, frágil y envolvente atmósfera, con los primeros violines aplicándose en las notas más agudas, siempre delicadas y difíciles, y de manera especial en esta obra por la sonoridad requerida. La trompeta, eficaz en su insistente pregunta con un sonido pleno y seguro y el cuarteto de flautas bien compenetrado funcionando como una sola voz, muy bien dirigida y con una línea muy clara y precisa. Un feliz “estreno” de la obra de Ives, un compositor ejemplo de vocación y compromiso a pesar de las dificultades de todo tipo. Desde aquí animo a la OSE a que siga descubriendo el universo sonoro de Ives y la de otros músicos poco escuchados. En esta ocasión la respuesta a la gran pregunta fue la música y un ejemplo de que a veces, menos es más y mejor, en una obra breve, con una plantilla reducida, muy sintética y enormemente expresiva.

Con Mahler nos sumergimos en un mundo radicalmente distinto en dimensiones y sonido. La participación de los jóvenes alumnos de Musikene impulsó el ambiente festivo y se evidenció la complicidad entre músicos. Quedó patente la ilusión de formar parte de una orquesta importante y poder interpretar en un marco magnífico una obra colosal. Una ilusión que los músicos jóvenes y no tan jóvenes no deben perder a pesar de las dificultades cada vez mayores para sacar proyectos adelante ante el panorama de derribo que sufre la cultura a nivel municipal, autonómico y estatal. Haya más o menos dinero el verdadero problema ha sido y es la falta de voluntad de tener una cultura con mayúsculas. Centrándonos en la música hay que decir que los jóvenes intérpretes estuvieron perfectamente integrados en la orquesta y no se apreció diferencia alguna en la calidad técnica y musical. Resultaron magníficos el allegro y el scherzo, una avalancha de música de gran intensidad, llenos de vida y pasión. El andante sirvió para tomar un respiro y disminuir -tal vez demasiado en algún momento- la tensión antes de enfrentarse a la tragedia del finale, sin gestos a la galería, directo y sobrio.

A destacar la gran dirección de Jun Märkl. El director alemán fue capaz de mantener en un nivel altísimo de intensidad a la orquesta durante toda la sinfonía evitando que se hicieran repetitivas o aburridas las reiteradas apariciones temáticas. Al contrario, cada nueva intervención era un intento de redescubrir lo conocido. Fue un ejercicio de sonido pleno, redondo y denso, con una gran gama dinámica y una amplia paleta de calidades sonoras en un desbordante y generoso derroche de energía y música por parte de orquesta y director. Mucha vida a pesar de la trágica sinfonía. Se hace difícil destacar un grupo de la orquesta porque todos rayaron a gran nivel y ese debería ser el objetivo de una orquesta: sonar como un único instrumento. La Sexta de Mahler y el ejemplo de que en ocasiones, más es más y mejor.

Un concierto con el que el público disfrutó, en el que una vez más y afortunadamente convivieron músicas muy distintas, y del que uno sale convencido de la importancia del concierto como experiencia colectiva en la que dejarse llevar por el sonido que todo lo envuelve. En este caso haber contemplado el paisaje cósmico con el que describía Ives su obra y haber nadado en el agitado mar de Mahler.

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