Musicología

En torno al II Congreso de Cultura Gótica

Pompeyo Pérez Díaz

viernes, 14 de junio de 2013

Un congreso académico sobre cultura gótica urbana. Quizá le resulte una idea extraña. O tal vez no. Al fin y al cabo ha pasado mucho tiempo desde que en 1765 se editase El castillo de Otranto de Horace Walpole, y de que en las décadas siguientes la moda de publicar historias de terror ambientadas en la Edad Media provocara el que se otorgase el impreciso calificativo de “góticas” a este tipo de narraciones asociadas a lo oscuro y lo siniestro.

Desplazándonos rápidamente en el tiempo, en 1979 el grupo post punk Siouxsie & The Banshees grabó su disco Join Hands, dando origen a un nuevo estilo de rock alternativo caracterizado entre otras cosas por una sonoridad taciturna, letras crepusculares llenas de guiños culturalistas a la literatura y al cine clásicos, y un vestuario y una imagen escénica deudores en gran medida de los tonos oscuros del cine expresionista. El desarrollo en años posteriores de esta corriente musical y de otras manifestaciones artísticas asociadas a la misma constituyen el origen de la cultura gótica urbana contemporánea, cuya variedad y riqueza de propuestas la ha llevado con los años a ser objeto de estudio académico y base de encuentros como el que aquí reseñamos: II Congreso de Arte, Literatura y Cultura Gótica Urbana.

Es ya el segundo congreso de estas características que se celebra en Madrid, y la exitosa acogida que ha tenido por parte del mundo universitario hace prever que no será el último. La dirección correspondió a Marjorie Eljach y Pedro Ortega, responsables respectivamente de la asociaciones culturales Besarilia (impulsora del proyecto con la colaboración de la Universidad Autónoma de Madrid) y Mentenebre (bajo cuyos auspicios se edita la revista Herejía y Belleza, que en su próximo número recogerá las actas del simposio). Participaron profesores e investigadores de universidades de España, Italia y Méjico [el listado completo de conferencias y comunicaciones puede consultarse en este enlace]

El contenido de los trabajos giró mayoritariamente en torno a la literatura, entroncando así con los propios orígenes de la acepción del término “gótico” explicada al comienzo de estas líneas. En la sala se escuchó hablar de la criatura sin nombre creada por el doctor Frankenstein, de los vampiros, ya fueran de origen romántico o victoriano (a reseñar un interesante análisis sobre los personajes femeninos del Drácula de Bram Stoker), de la poética transgresora de Poe, de la perturbadora presencia del doble o el otro en la narrativa de terror, y de otras vertientes de lo inquietante y lo sobrenatural relacionadas con el decadentismo y la estética fin de siècle. Tampoco faltaron una reveladora conferencia sobre Edith Warthon como autora de relatos de ambiente gótico, reflexiones sobre la representación del horror en los espacios suburbanos contemporáneos, el acercamiento a un género con vocación iconoclasta como el splatterpunk o guiños al demoledor humor negro presente en la obra de autoras como Patricia Esteban Arlés.

El cine y la música fueron las otras dos disciplinas con presencia destacable. La representación de los asesinos en serie y de la femme fatale en el entorno cultural de la República de Weimar, así como de la figura de la vamp en la ciencia ficción de serie B fueron los puntos de partida cinematográficos para sendas comunicaciones que combinaron el análisis académico desde un paradigma feminista clásico con altas dosis de ironía, deudoras de lo que podríamos considerar la cultura pop de influencia post-feminista.

En el caso de la música, su conexión con esta forma de cultura urbana presenta varias vertientes muy diferentes entre sí, por lo cual, y por el carácter musical de esta revista, nos detendremos un poco más en ella. Podría decirse que son cuatro los estilos musicales que admiten un vínculo directo con el tema de lo gótico, tres de los cuales estuvieron presentes en el congreso.

En primer lugar la música clásica, que inauguró el encuentro en forma de conferencia sobre Richard Wagner y la figura del maldito. Quizá de los cuatro estilos aludidos, sea el que en menor medida ha sido objeto de estudio académico desde esta óptica, pero no cabe duda de que existe un amplio repertorio de música escénica, programática e incluso religiosa susceptible de ser abordada desde un enfoque “gótico”, lo cual podría generar un corpus de ensayos al respecto tan reveladores como, potencialmente, dotados de cierta capacidad de provocación.

El post punk o after punk siniestro (darkwave) fue, como ya expresamos, el primer estilo musical asociado a la cultura gótica urbana surgida en torno a 1980. Pese a que difícilmente se podría encontrar un caso más sólido de afinidad entre un tipo de música y unos parámetros estético-culturales determinados, en esta ocasión sólo se presentó un trabajo relacionado directamente con el tema, dedicado a la compleja interacción del grupo Joy Division con dicha cultura.

En dos momentos durante el congreso fue analizado lo que podríamos denominar como estilo “neomedievalista”, el cual consiste en una propuesta peculiar en la medida en que se aleja del concepto de lo gótico urbano para retrotraerse a referencias directamente medievales. La propuesta de est tipo de música consiste en recrear monodías de la Baja Edad Media aplicándoles unas armonizaciones (principalmente de tipo modal) y unas bases rítmicas que buscan generar una atmósfera etérea, capaz de remitir a una evocación idealizada de dicha época. En la interpretación se mezclan instrumentos del periodo con otros modernos, configurando un paisaje sonoro que sugiere un planteamiento similar al de la llamada world music (una lectura de las músicas del mundo con inclusión de elementos tomados de la música occidental), pero que en este caso plantea un desplazamiento en el tiempo, hacia el pasado, en lugar de en el espacio, hacia tradiciones musicales no occidentales.

El cuarto estilo, que careció esta vez de representación, sería el conjunto de variantes del heavy metal asociadas a la estética de lo gótico.

En definitiva, un congreso de estas características supone una buena noticia no sólo por la riqueza y variedad de los contenidos que puede albergar, sino por la actitud de transgresión implícita que acompaña su propuesta, algo siempre útil para el innegociable propósito de mantener el pensamiento académico alejado del peligro de la rutina o, citando a Breton, de "la bestia loca del uso".

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