Entrevistas

Péter Csaba: El Encuentro es algo único en el mundo.

Mikel Chamizo
martes, 23 de julio de 2013
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El Encuentro de Música y Academia de Santander (España), que cada año reúne en la capital cántabra a maestros de gran prestigio con jóvenes músicos de extraordinario talento, está finalizando estos días su decimotercera edición, por la que han pasado nombres de la talla de Menahem Pressler, Helen Donath, Zakhar Bron, Wolfram Christ o Ivan Monighetti. Péter Csaba (Rumanía, 1952) es director artístico del Encuentro desde el 2002, cargo que ha alternado con la dirección principal de la Orquesta Sinfónica de Besançon hasta el 2010 y, desde el 2012, con la titularidad de la Orquesta Sinfónica de Budapest. El director rumano no solo se encarga de preparar la orquesta sinfónica del Encuentro, formada por los alumnos de todas las especialidades instrumentales. Es también el principal artífice de que la ambiciosa filosofía pedagógica del Encuentro pueda llegar a hacerse realidad.

Pregunta: Ya son trece años de los Encuentros de Música y Academia. ¿Cómo decidió hacerse cargo de la dirección artística de un proyecto tan ambicioso?

Respuesta: Anteriormente había puesto en marcha un proyecto del mismo estilo en Suecia. Era director de orquesta allí, trabajaba para la Eurovisión sueca y teníamos un curso parecido, aunque mucho más pequeño, que consistía en juntar a grandes maestros con jóvenes promesas. También había trabajado en alguna ocasión con la Orquesta de la Escuela Reina Sofía, así que cuando se puso en marcha la primera edición de los Encuentros de Música y Academia, en el 2001, fui invitado como profesor de la especialidad de orquesta. Pero en aquella primera edición, tratándose de un proyecto tan ambicioso, surgieron algunos problemas y en la organización se dieron cuenta de que era difícil encontrar un compromiso entre las ideas artísticas tan elevadas y las posibilidades reales de realizarlas. Los maestros y jóvenes músicos que pasan por Santander tienen que dar un gran número de conciertos en pocos días y eso implica una logística importante en cuanto al tiempo del que van a disponer para asistir a las clases, estudiar, ensayar y tocar en público. Hay que ponerles sobre los hombros la carga del nivel que exige el festival y pedirles que trabajen a un ritmo altísimo, pero sin llegar a sobrepasar sus posibilidades. Ten en cuenta que, aunque este año se haya reducido debido a problemas presupuestarios, en muchas ediciones del Encuentro hemos llegado a acoger un número enorme de participantes, en torno a 80, y se han interpretado unas 250 obras diferentes. Es un inmenso puzzle organizar quién tiene que tocar el qué, cuándo y con quién, y cómo podrán ensayar para que el nivel de las interpretaciones sea óptimo. Por eso, para plantear el contenido artístico de cada Encuentro, pero también planificar de forma realista todo ese mundo de clases, ensayos y conciertos, Paloma O'Shea me pidió ayuda, porque sabía que yo había hecho algo parecido en Escandinavia.

P: ¿Qué es lo que ha perseguido para hacer de los Encuentros de Música y Academia algo diferente a los muchos cursos de verano para músicos que existen en el mundo?

R: Pienso que una iniciativa como la de Música y Academia es única. Por supuesto que hay muchos cursos para jóvenes músicos, de todos los niveles y algunos con grandes profesores. Pero mi idea para los Encuentros, desde el primer día, fue que se tratase de una experiencia completa. No limitarnos a un curso en el que alumnos aventajados vayan a clases con grandes maestros, sino partir de la idea de que los participantes comienzan aquí su carrera profesional y nosotros les ofrecemos la experiencia necesaria para ello. Son jóvenes con una media de edad de 20 a 22 años que, además de recibir las clases de su profesor de especialidad, trabajan mano a mano con los demás grandes maestros que están en Santander, comparten conciertos con ellos y con el resto de alumnos y, muy importante, establecen numerosos contactos profesionales que les serán de gran utilidad en el futuro. Como músicos tienen la ocasión de expresarse a solo, dando recitales; en grupo, tocando música de cámara; y conocen también el mundo de la orquesta. Es decir, se involucran en diversas especialidades y en todas ellas trabajan al más alto nivel. Conocen el ritmo de los profesionales y actúan varias veces para un público real, no solo un pequeño recital al final del curso. Todo esto, en conjunto, forma una experiencia integral para el alumno, que no se da en el seno de un mismo evento en ningún otro lugar del mundo.

P: Acude usted a las audiciones que se realizan por Europa y selecciona personalmente a los estudiantes que participan en cada edición. ¿Cuál es el perfil que busca para los Encuentros?

R: Participo en la selección de la mayoría de los participantes, pero no de todos, porque también tenemos convenios con algunos conservatorios. Hay una serie de exigencias fundamentales. En primer lugar, tienen que ser ya excelentes instrumentistas, porque aquí van a estar trabajando con los mejores maestros y actuando ante un público exigente. Pero, tras ese lógico requisito de entrada, es imprescindible que tengan también un amplio potencial. En el Encuentro, al fin y al cabo, no van a vivir la misma situación que en sus escuelas o conservatorios, donde disponen de tres o cuatro meses para preparar una obra de cámara antes de dar un pequeño concierto. Aquí van a trabajar como artistas de primera categoría, a un ritmo elevadísimo, y para saber que pueden llevarlo a cabo necesito ver en ellos potencial, flexibilidad y, muy importante, humildad. Hemos tenido casos, pocos, de alumnos brillantes pero demasiado prepotentes, que no han sabido aprovechar la oportunidad única de encontrarse con los maestros que traemos cada año -este año, por ejemplo, tenemos entre nosotros a leyendas vivas como Helen Donath y Menahem Pressler-. Esos alumnos han sido problemáticos también al trabajar con el resto de estudiantes. Así que lo que busco ahora, ante todo, es que tengan el espíritu adecuado. En las audiciones, tras escucharles tocar, me siento con los aspirantes cinco o diez minutos para entrevistarles, les pido que me cuenten algo de su vida, sobre lo que han tocado recientemente y los planes que tienen para el futuro. La idea es crear un buen ambiente general para los Encuentros, tanto de convivencia como de trabajo, y para eso son necesarias mentes abiertas. Porque los Encuentros son justamente eso: un punto de encuentro entre mucha gente con procedencias y contextos diferentes.

P: ¿Qué es lo que surge de estos encuentros? ¿Se han creado relaciones duraderas en su seno?

R: En un par de años, con motivo del 15 aniversario del Encuentro, nos gustaría echar una mirada atrás a lo que ha surgido de las ediciones anteriores, porque creo que es mucho e importante. Varios alumnos que han pasado por los encuentros han ganado después importantes competiciones y otros muchos ocupan ahora puestos en orquestas españolas o internacionales, alguno incluso en la Filarmónica de Berlín. Tuvimos también alumnos, como el violista francés Antoine Tamestit, que nosotros impulsamos al principio y que ahora están desarrollando una gran carrera como solistas. Ha ocurrido varias veces que, tras haberse conocido y tocado juntos en los Encuentros, las relaciones entre varios de los jóvenes se han prolongado en el tiempo y se han llamado para tocar juntos o colaborar en proyectos. El año pasado, por ejemplo, tuvimos a dos chicas y un chico, una letona y dos franceses, que formaron un trío de cuerda en los Encuentros. Poco después ese trío se profesionalizó y firmaron un contrato con una agencia importante. También ha pasado con algunos cuartetos de cuerda, que surgieron aquí y aún siguen tocando juntos.

P: Durante las tres a cuatro semanas de conciertos diarios que ofrecen alumnos y profesores se pueden escuchar numerosas obras, sobre todo de cámara, que están lejos de lo que se consideramos el gran repertorio. Los Encuentros, para el público, son también una oportunidad de escuchar músicas poco frecuentes. ¿Cómo se escoge el repertorio que trabajan los alumnos?

R: Como en todo lo demás, intentamos encontrar un equilibrio. Los alumnos suelen llegar al curso con una selección de obras a solo que, normalmente, se centran en el gran repertorio. Lo respetamos, pues es lo que quieren trabajar con los profesores y va a formar parte de sus recitales a solo. Pero en el apartado de música de cámara intentamos abrirles los ojos a repertorios que no conocen, como pueden ser las Variaciones Gemini de Britten que interpretaron el viernes, los Madrigales de Bohuslav Martinů que tocaron la semana anterior, o el arreglo de la Sinfonía de cámara de Schönberg por Webern que ofrecerán mañana. A veces también tenemos que explorar el repertorio por necesidades específicas, buscando música para una plantilla instrumental poco usual o de una determinada dificultad, porque no todos los alumnos pueden montar el Trío de Ravel en pocos ensayos. Hay obras más sencillas que pedagógicamente pueden resultar incluso más interesantes. Y tampoco evitamos el repertorio muy conocido, como el Carnaval de los animales de Saint-Saëns, que hemos preparado este año y que, aunque sea muy popular, la mayoría de ellos aún no habían tocado. En definitiva, se trata de buscar la variedad y el equilibrio entre lo que es un laboratorio de música para los alumnos pero que, de cara el público, es con toda propiedad un festival, puesto que durante tres o cuatro semanas los conciertos son diarios tanto en Santander como en otras localidades cántabras.

P: ¿Cómo ha acogido el público de Santander este "festival"? ¿Gozan los Encuentros de una buena implantación entre la sociedad cántabra?

R: La ocupación media de los conciertos que se celebran cada noche en la Sala Argenta del Palacio de Festivales ronda las mil personas, y cuando son en la Sala Pereda entre quinientas y seiscientas. El público es muy fiel y gran parte del mismo viene cada noche, y es más: lo viene haciendo año tras año. Se me han acercado muchas personas diciéndome que esperan ansiosos que lleguen los Encuentros en julio, porque no hay tanta actividad musical durante el resto del año en Santander. Los Encuentros enganchan también por su energía, por la posibilidad de descubrir a los grandes talentos del futuro junto a maestros consagrados del presente, compartiendo escenario en interpretaciones con mucha pasión, pues todos intentan dar lo mejor de sí mismos. Es un festival generoso y el público responde con gran fidelidad, lo que también nos alimenta a nosotros, pues un público exigente ante el que actuar es una parte vital de la experiencia que tratamos de ofrecer a nuestros jóvenes participantes.

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