Opinión

La magia de las seis cuerdas

José Amador Morales
domingo, 8 de septiembre de 2013
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Parece que el XXXIII Festival Internacional de la Guitarra de Córdoba, celebrado del 2 al 13 de julio, ha sorteado una vez más el temporal y, una vez más, ha salido airoso. No es para menos pues con el programa presentado para esta edición, aún más recortado que en el pasado año (ya de por sí adelgazado como detallamos en Mundoclasico.com), el festival ha sobrevivido a pesar de la notoria disminución de la oferta musical.

Ricardo Gallén (4 de Julio) abrió el ciclo de guitarra clásica con la personalidad que acostumbra. Si el pasado año se atrevió con un “todo Bach”, esta vez sorprendió con un “mano a mano Sor-Aguado”. Ciertamente no debería sorprender que estos dos grandes compositores del repertorio guitarrístico protagonicen cualquier programa de guitarra clásica como a nadie extraña que en los recitales pianísticos aparezcan una y otra vez las obras de Mozart, Beethoven, Chopin o Liszt. Sin embargo son contadas las ocasiones en que las partituras de Sor o Aguado se interpretan con normalidad y mucho menos si ocupan de manera absoluta el programa de un concierto como el que nos ocupa. Y por si había dudas, Gallén demostró con su exquisita técnica, fraseo y musicalidad que estas obras no sólo son patrimonio del repertorio de la guitarra clásica sino de la Música en general. El artista linarense ofreció bellísimas lecturas de la Fantasía y Variaciones brillantes op.30 así como las Grandes Sonatas op.25 y op.22 de Fernando Sor y los Tres Rondós brillantes op.2 de Dionisio Aguado. Visiblemente exhausto tras casi dos horas ininterrumpidas de concierto, Gallén ofreció una maravillosa interpretación del famoso Estudio nº18 op.35 de Fernando Sor, que vino a resumir toda la velada pues la combinación de sensibilidad y sencillez tanto creativa como interpretativa suele dar como resultado momentos inolvidables.

Ricardo Gallén durante su actuación en el XXXIII Festival Internacional de la Guitarra de Córdoba, del 2 al 13 de Julio de 2013.

La expectación ante el recital de Ana Vidovic (5 de Julio) provocó que se agotaran con anterioridad las entradas para el mismo. Evidentemente le precedían el componente mediático que la ha acompañado desde sus inicios como “niña prodigio”. No obstante, musicalmente destacó por su sobriedad y apropiado estilo en un repertorio, eso sí, bastante amplio y contrastado pues presentó obras de Sor, Turina, Barrios, Albéniz, Tárrega y Castelnuovo-Tedesco. Un repertorio en el que la croata puso de manifiesto su técnica abrumadora (tal vez algo pesante y poco fluido su trémolo en Recuerdos de la Alhambra de Tárrega y Una limosna por el amor de Dios de Barrios) así como su capacidad para adaptarse a cada estilo. Probablemente fue en la siempre impresionante La Catedral de Agustín Barrios donde Vidovic pudo sacar el máximo partido a sus virtudes (no en vano es raro el recital en que no la interpreta) y en donde el déficit expresivo fue menos evidente.

Ana Vidovic durante su actuación en el XXXIII Festival Internacional de la Guitarra de Córdoba, del 2 al 13 de Julio de 2013.

Por su parte, Jürgen Ruck y el Cuarteto Granados (6 de Julio) acometieron un programa interesantísimo tanto por el formato (guitarra y cuarteto de cuerda) como por las obras ofrecidas. Entre ellas, durante la primera parte destacaron las creadas durante la primera mitad del siglo XX (Música de feria de Revueltas y Jeromita Linares de Guastavino) y las más recientes y experimentales, como el Breviario de espejismos de Elena Mendoza o Romance de la muerte y la doncella “a Roberto Gerhard” de Bruno Dozza (presente en la sala) que causó gran impresión, siendo recibida por un gran aplauso. El resto del concierto estuvo dedicado a Boccherini con su Quinteto G.453 y las célebres Variazioni sulla Ritirata Notturna di Madrid que hicieron las delicias del público.

Si por algo destacó el recital de Pavel Steidl (8 de Julio), que volvía al festival después de ocho años, fue por la capacidad de entretener al público asistente con un virtuosismo bien entendido, atraer interés por un repertorio no muy popular y un sentido del humor, inherente a la misma interpretación, realmente inaudito. Así, Steidl fue capaz de otorgar el carácter y matiz pertinente en cada estilo, ya sea el aristocrático barroco de Bohemia (Losy, Cervenka, Lobkovic…) o el histriónico virtuosismo decimonónico de Mertz, Paganini o Feranti. Lógicamente, el público disfrutó de lo lindo y se divirtió con este gran guitarrista que rompió prejuicios acerca de la tan manida seriedad en la música clásica.

David Rusell durante su actuación en el XXXIII Festival Internacional de la Guitarra de Córdoba, del 2 al 13 de Julio de 2013.

Que David Russell ha vuelto una vez más al Festival Internacional de la Guitarra de Córdoba (10 de Julio), que se agotaron las entradas una vez más y que obtuvo un enorme éxito probablemente ya no es noticia stricto sensu. El músico escocés ofreció un interesantísimo programa (prácticamente igual al que presentó una semana antes en el Patio de los Arrayanes de la Alhambra granadina) que comprendía lo más notable de su repertorio. Así, el despliegue técnico del clasicismo de Giuliani y su Rossiniana nº3 dio paso al barroco con transcripciones de dos Sonatas “sevillanas” de Scarlatti (K.490 y 491), la segunda de las cuales con su fandango fue –al igual que en Granada- uno de los mejores momentos de la noche, así como Vingt-sixiéme ordre de Couperin. Tras la reciente y atractiva composición de Sergio Assad titulada Sandy’s portrait, Russell cerró oficialmente su recital con otra de sus especialidades: tres célebres composiciones de música celta. Para atender el encendido entusiasmo del público, el guitarrista ofreció el Capricho catalán de Albéniz así como Danza paraguaya y Una limosna por el amor de Dios de Barrios, habituales bises en sus recitales. En definitiva, uno de los programas más redondos (si cabe) que David Russell haya ofrecido en todas las visitas con las que sigue honrando al festival cordobés.

Sinfonity durante su actuación en el XXXIII Festival Internacional de la Guitarra de Córdoba, del 2 al 13 de Julio de 2013.

La propuesta presentada por la orquesta de guitarras eléctricas “Sinfonity” (7 de Julio) en el Gran Teatro sorprendió por lo espectacular de la idea pero más aún por la seriedad y respeto con que asumieron el “atrevimiento” de presentar grandes obras del repertorio clásico. Así pues, Vivaldi, Prokofiev, Rossini, Bach, Mozart, Beethoven, Falla, etc, fueron ofrecidos con una calidad musical intachable gracias, todo hay que decirlo, a un sonido cuidadísimo. Un fantástico concierto que tampoco olvidó el apartado visual con la sugerente escenografía y luminotecnia.

Es indudable que Arcángel tiene una voz y una sensibilidad sin parangón en el panorama actual del flamenco. Pero la audacia de destacar los elementos musicales y culturales que bastantes palos flamencos tienen en común con cantos y músicas populares de los siglos XVII y XVIII con un conjunto instrumental barroco como la Accademia del Piacere, es difícilmente definible con meras palabras. Y, además, consiguiendo un éxito impresionante como el obtenido en el Gran Teatro de Córdoba (11 de Julio) donde folías, jácaras y canarios se dieron de la mano con bulerías, fandangos y alegrías en un espectáculo musical tan fascinante como completo.

“La guitarra y el fado”

Uno de los aspectos más originales de esta edición del festival ha sido el ciclo de tres conciertos en los que el hilo conductor ha sido la presencia de la guitarra portuguesa y del fado. Si Antonio Zambujo y sus músicos (3 de Julio) destacó por ofrecer una versión más actualizada del fado, con fusiones con otros estilos sin perder de vista su naturaleza original, Lula Pena (9 de Julio) lo hizo como solista de una manera más íntima y trovadoresca. Por su parte, el grupo Fado ao centro (12 de Julio) brindó la versión más tradicional y festiva del fado así como sus particularidades estilísticas en Coimbra y en Lisboa.

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