Italia

¿Han pasado dos siglos?

Jorge Binaghi
jueves, 29 de agosto de 2013
Pesaro, lunes, 12 de agosto de 2013. Teatro Rossini. L’Italiana in Algeri (Venecia, Teatro San Benedetto, 22 de mayo de 1813). Libreto de Luigi Prividali, música de G. Rossini. Dirección escénica: Davide Livermore. Escenografía y luces: Nicolas Bovey. Vestuario: Gianluca Falaschi. Video: D-Wok). Intérpretes: Alex Esposito (Mustafà), Mariangela Sicilia (Elvira), Raffaella Lupinacci (Zulma), Davide Luciano (Haly), Yijie Shi (Lindoro), Anna Goryachova (Isabella) y Mario Cassi (Taddeo). Orquesta y coro (maestro: Andrea Faidutti) del Teatro Comunale di Bologna. Director: José Ramón Encinar
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Ya que estamos en centenarios y bicentenarios, hace unos meses se han cumplido dos siglos del estreno de esta burbujeante partitura que parecería imposible que resultara larga o por momentos aburrida. Por comparación, por ejemplo, a L’occasione fa il ladro, su compañera de este año en el mismo lugar, en menos de un año la evolución (siempre en condiciones de emergencia) del genio rossiniano es apabullante.

Y sin embargo muchas veces me encontré (y vi que otros se encontraban en la misma situación) consultando el reloj o revolviéndome en mi asiento. Aclaro enseguida: no es que haya envejecido de repente o que algunos hayamos enloquecido o envejecido más de la cuenta. Los factores fueron dos: la puesta en escena y la dirección musical. Pero si la primera tal vez hubiera podido mejorar en parte con el apoyo de la segunda, esta fue realmente plomo en el ala. Ni siquiera la orquesta (ni el propio coro, que tiene mucho menos que hacer que en el Tell) parecían los mismos que tocaban al día siguiente en la Adriatic Arena (y la acústica del Teatro es mejor). Una dirección de una chatura aplastante consiguió eso: aplastar. Incluso las buenas ideas de la producción, que era llevar la historia al mundo de los cómics de los años 50-60. Es verdad que, aparte de un decorado simpático y unos trajes magníficos (en particular el femenino), hubo tal profusión de detalles que no venían realmente a cuento y tanta repetición y acumulación que lo que empezó divirtiendo a la media hora empezaba a ser monótono y en el segundo acto cansaba (el rondó final de la protagonista con esa televisión que dispara mensajes críticos -seguramente correctos- a la situación de la Italia actual- impidió concentrarse en la labor vocal y actoral de la mezzo y tal vez le impidió concentrarse a ella misma).

Momento de la interpretación de 'L'italiana in Algeri' de Rossini. Dirección musical, José Ramón Encinar. Dirección escénica, Davide Livermore. Festival de Pesaro, 2013

Goryachova es muy bella y se mueve bien, y tiene una voz de importancia y canta de forma correcta. Que sea el timbre y la forma de cantar para Rossini es otra cosa, y en particular su registro grave no convence en Isabella: sordo, opaco, abierto. Ciertamente, mejor que la estridente Elvira de Sicilia, que hacía más que comprensibles las protestas que le dirige desde el principio de la obra su marido. Mustafà fue una gran creación -otra- de Esposito, en la doble vertiente vocal y escénica (pero seguramente en esta última cuando no tenga que ejecutar pasos de rock cada dos minutos -como la mayoría de los otros personajes- crecerá); también le convendría mayor tranquilidad antes del tercerto de los ‘papatacci’ con sus difíciles notas agudas. Casi parecía el exacto contrario: cantó y se movió bien, pero pareció poco o nada motivado por lo que pasaba en el escenario. Shi es un cantante que estudia y trabaja y hace todo lo que le indican, pero sus medios son modestos tanto en color como en volumen y extensión; así su Lindoro fue muy aceptable, pero no brilló. Interesantes, pero para valorar en un futuro, las voces y figuras de Lupinacci (Zulma) y Luciano (un divertido y bien cantado Haly que incluso en su breve arietta sufrió los tiempos de la dirección. Tiene delito que ‘Le femmine d’Italia’ resulte insufrible).

Momento de la interpretación de 'L'italiana in Algeri' de Rossini. Dirección musical, José Ramón Encinar. Dirección escénica, Davide Livermore. Festival de Pesaro, 2013

Si todos ellos hubieran tenido otro apoyo y otro brío y dominio -por ejemplo- del crescendo rossiniano los números de conjunto no habrían resultado desdibujados, confusos y ruidosos. Pero es lo que hubo.

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