Italia

Un hito

Jorge Binaghi
martes, 3 de septiembre de 2013
Pesaro, miércoles, 14 de agosto de 2013. Adriatic Arena. Guillaume Tell (París, Académie Royale de Musique, 3 de agosto de 1829). Libreto de Étienne de Jouy e Hippolyte Bis, y música de G. Rossini. Puesta en escena: Graham Vick. Escenografía y vestuario: Paul Brown. Coreografía: Ron Howell. Luces: Giuseppe Di Iorio. Intérpretes: Juan Diego Flórez (Arnold), Nicola Alaimo (Guillaume), Simon Orfila (Walter), Simone Alberghini (Melcthal), Amanda Forsythe (Jemmy), Luca Tittoto (Gesler), Alessandro Luciano (Rodolphe), Celso Albelo (Ruodi), Wojtek Gierlach (Leuthold, un chasseur), Marina Rebeka (Matilde) y Veronica Simeoni (Hedwige). Orquesta y coro del Teatro Comunale de Bologna (maestro de coro: Andrea Faidutti). Dirección: Michele Mariotti
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Así de sencillo. Punto de referencia. Histórico. Una producción que justifica todo el Festival de este año y no sólo. Porque es el título más temible desde cierto punto de vista ya que es el que concluye la carrera de un autor que, probablemente, cuando vio lo que había hecho y en qué tierras se adentraba prefirió el silencio o las composiciones no operísticas y los ‘pecados de vejez’. Una obra señera y fundamental en la historia de la lírica. Y ‘ligeramente’ maldita por los cortes y las dificultades -las reales y las inventadas- que encierra (el ‘do’ de pecho mítico de Duprez que mandó a cuarteles de invierno al creador de la parte del tenor, Nourrit, cuyo suicidio poco tiempo después se ha ligado siempre a este golpe artístico-moral).

Y señera y fundamental fue la versión integral de más de cuatro horas que escuchamos gracias al talento, el estudio, el amor por el género y el autor del joven Mariotti (joven por edad física, no por madurez de su batuta, primerísima responsable de este éxito que se fijará, por suerte, en soporte audio y dvd). Con una orquesta y un coro (que ha cambiado de maestro hace poco, felicidades a Faidutti de paso) literalmente transfigurados, tanto que, como decía un conocido, había que ir a leer las fichas respectivas a ver si no habían cambiado y eran formaciones diversas de las del día anterior en L'Italiana de Rossini [leer reseña]. Lo que hace un gran director, uno que entiende de veras y conoce profundamente al autor. Increíbles los matices, los pequeños cambios de ritmo, las variaciones en la dinámica, la exactitud de los tiempos, la respiración con los cantantes, el canto de los grupos de instrumentos.

Seguramente no habría sido tan ‘sacudidor’ el efecto sin la producción que firma Vick y que a algunos molestó: desde motivos ideológicos, o presuntamente tales -los comunistas se siguen comiendo a los niños y con esa excusa cualquier reivindicación de libertad y respeto es subversiva- a estéticos -‘no es bonita’-: no, no es bonita. Ninguna tiranía lo es; ciertamente las danzas no son las que le hubieran gustado a Taglioni ni por supuesto las que bailó, pero hoy serían un momento de detención de la acción -pese a su belleza, por eso se las suele cortar- y aquí en cambio hubo toda la humillación, la impunidad, el abuso de poder (un enorme ‘bravo’ a Howell por su coraje). Aunque en brutalidad en sí poco gane al asesinato al final del primer acto de Melcthal, un tipo de muerte de las que no sólo oímos hablar sino que conocemos algunos de forma bastante directa (no en la propia piel, o no estaría yo escribiendo esto).

Flórez y conjunto en 'Guillaume Tell' de Rossini. Dirección escénica: Graham Vick. Dirección musical: Michele Mariotti. Festival de Pesaro, 2013

Así, este Tell es un enorme golpe de puño a la visión ‘divertida’, ‘complaciente’, de la ópera como ‘entretenimiento’. Puedo entender una reacción frente a esto y al malestar que producen ciertos momentos (que recuerdan no sé si deliberadamente a escenas parecidas de Portiere di notte, Salò o Novecento y en cualquier caso qué bien está este diálogo entre distintas formas de cultura en distintos tiempos cuando tienen puntos en común), pero no justificarla.


También es difícil plantearse un elenco para esta obra. Hay muchas partes pequeñas, o episódicas, que requieren cantantes consumados. Ejemplos: la Hedwige, personaje ingrato desde el punto vocal y de las oportunidades de lucimiento, encarnada aquí de modo ejemplar por Simeoni. El pescador del primer acto tiene un par de intervenciones y sólo una de gran importancia y bellísima: allí estuvo el inmejorable Albelo, muy bien marcado actoralmente.

Hay tres bajos que no cantan mucho pero cuando lo hacen y/o cuando actúan tienen que hacerlo con todo: Alberghini fue el asesinado en el primer acto y lo hizo -canto y acción- con profunda dignidad y nobleza. Orfila aparece en los actos segundo y cuarto (aquí también al final del primero para dar coherencia a la acción aunque no canta): su parte en el segundo es muy comprometido. Salió airoso de la prueba aunque no es el tipo de bajo que la parte requiere y sonaba a veces muy liviano y otras muy áspero. El tirano Gesler fue una excepcional creación escénica de Tittolo: vocalmente el material tiene su interés, pero suena por momentos borroso.

Orfila, Flórez y Alaimo en 'Guillaume Tell' de Rossini. Dirección escénica: Graham Vick. Dirección musical: Michele Mariotti. Festival de Pesaro, 2013

Los roles pequeños estuvieron correctamente servidos por Gierlach y A. Luciano. Forsythe se lució actoralmente en Jemmy: ideal. Vocalmente todo estuvo en su puesto (sobre todo en su larga y difícil aria, que habría realmente que cortar como el propio autor hizo), pero los extremos agudos (en particular en el final del primer acto) la sometieron a un esfuerzo ímprobo. Rebeka fue Matilde: no es la suya una voz bonita aunque corre y tiene volumen. Las medias voces fueron o pobres (segundo y tercer acto) o excesivamente metálicas y blancas (cuarto). El agudo es seguro e incisivo pero algo hiriente, el color no es personal; tampoco parece maestra en agilidades (tercer acto); es en cambio una bellísima mujer y una correcta artista.

Nicola Alaimo cantó el protagonista con gran facilidad y aplomo, cuidando no descontrolar en volumen, equilibrando todo constantemente, y dijo algunos recitativos de forma increíblemente imaginativa.

Flórez y otros en 'Guillaume Tell' de Rossini. Director escénico: Graham Vick. Director musical: Michele Mariotti. Festival de Pesaro 2013

El tenor es otra de las cruces de este título. Flórez no parece exactamente el tipo de voz, pero a fuer de gran cantante (y aquí excelente actor -un colaborador a su pesar con un régimen del que se va despegando en la medida en que los acontecimientos le hacen cobrar conciencia-) su Arnold vive y cómo canta, en particular en los actos extremos (pese a que en la cabaletta, como en los grandes momentos del segundo acto -dúo, terceto, concertante- y sus pocas intervenciones en el tercero, le falta espesor y el color bellísimo de tenor contraltino no es el más indicado). Por supuesto, los agudos fueron exactos e impresionantes. No le convendría, creo, frecuentar mucho la parte.

Total, y con los comentarios hechos, una experiencia fenomenal que nadie debería perderse. Y que honra al Festival y a su autor. Enhorabuena.

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