España - Andalucía

Vuélvemelo a decir

Bardolfo

viernes, 16 de noviembre de 2001
Sevilla, miércoles, 7 de noviembre de 2001. Teatro de La Maestranza. Sala Joaquín Turina. Recital de María Bayo. Mozart: Dans un bois solitaire. An Chloe. Ridente la calma. Un moto di gioia mi sento nel petto. Strauss: Morgen. Allerseelen. Meinen Kinde. Die Nacht. Zueignung. Cäcilie. Granados: El tralalá y el punteado. La maja dolorosa . El mirar de la maja. El majo discreto. Toldrá: La zagala alegre. Madre, unos ojuelos vi. Mañanica de San Juan. Nadie puede ser dichoso. Cantarcillo. Después que te conocí. Turina: Cantares. Montsalvatge: Punto de habanera. Rossini: El barbero de Sevilla (Una voce poco fa). María Bayo, soprano. Véronique Werklé, piano. Asistencia: 98%.
Regresó María Bayo a Sevilla tras su triunfal y cuádruple presencia en marzo de este año en la recordada producción de Los Cuentos de Hoffmann del Teatro Maestranza, y lo hizo con un recital de marcada dicotomía sonora y lingüística: por un lado, dos estilos tan personales como opuestos de la canción alemana, con la programación de lieder de Mozart y Strauss; por otro, el goyesco y cosmopolita mundo de Granados frente al estilizado ambiente sonoro de Toldrá, cuajado de reminiscencias al Siglo de Oro y a los entornos rurales.No cabe duda de que la voz de Bayo está hecha para la música de Mozart: la frescura del timbre, la homogeneidad en todo el registro, la exquisita musicalidad y el refinamiento a la hora de exponer las partituras del salzburgués, constatada por sus triunfales Susanna, Despina y Fiordilligi, hicieron que las chispeantes canciones escogidas para el inicio de la velada calaran hondamente en el auditorio. No tan acertadas fueron las páginas de Strauss, mucho menos convenientes a su voz brillante y a su estilo desenvuelto y pícaro, y que, aunque expuestas de modo irreprochable en el aspecto técnico, adolecieron de falta de profundización dramática, especialmente en la melancólica Morgen.La aparición del repertorio español llevó a la artista a su cenit, en las recreaciones de un Granados de señorial casticismo y la exposición de las miniaturas sonoras de Toldrá con (aquí sí) una perfecta adecuación y diferenciación de cada una de las piezas programadas. Maravillaba Bayo por su delicadeza, por su saber decir, por la pronunciación perfecta, por su elegancia tan cercana a la de ilustres predecesoras como Pilar Lorengar o Victoria de los Ángeles, mito que buena parte del público asocia por personalidad y estilo con la soprano de Fitero.Las propinas continuaron el ambiente deslumbrado que había logrado la artista, Y los Cantares de Turina y el Punto de habanera de Montsalvatge preludiaron la apoteosis, pedida desde el auditorio, de la Rosina rossiniana, perfecta, virtuosística, sin tópicos innecesarios. Algún director de teatro, a quien el diablo le privó de que la soprano estrenara su personal versión de la historia de Fígaro, debió sin duda arrepentirse de su error. Claro que, como en la letra de Cantares, queda la posibilidad de que María Bayo le susurre: vuélvemelo a decir…

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