Alemania

Tosca con sabor a Pasolini

María Santacecilia

miércoles, 19 de febrero de 2014
Bonn, domingo, 26 de enero de 2014. Teatro de Ópera de Bonn. Tosca, melodrama en tres actos de Giacomo Puccini. Libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica. Philipp Kochheim, dirección escénica. Yannick-Muriel Noah (Tosca), Christian Juslin (Mario Cavaradossi), Evez Abdula (Scarpia), Johannes Mertes (Spoletta), Alexey Smirnov (Sciarrone), Rolf Broman (Angelotti), Priit Volmer (Mesner). Coro del Teatro de Bonn. Coro de niños del Teatro de Bonn. Orquesta Beethoven de Bonn. Hendrik Vestman, dirección musical

El argumento de Tosca se presta a todo tipo de metáforas en torno a la idea de poder: la Iglesia, el fascismo, el Estado… El montaje de Philipp Kochheim se centra en la mafia y nos muestra lo peor de sus métodos, engarzándolos con el argumento de Tosca. Durante el primer acto, Kochheim opta por la solución convencional: una capilla de una iglesia romana. En la calle, un café acoge clientes de lo más variopinto y un cartel anuncia Accatone, la primera película de Pasolini. Pero ya el 'Te Deum', al final del primer acto, introduce libremente un componente cinematográfico en la acción. Un coche se estrella en la calle y, de inmediato, acuden la policía y los servicios sanitarios a socorrer a las víctimas. Naturalmente, nada de esto aparece en el libreto, pero el espectador cree intuir que Scarpia está detrás del supuesto accidente.

 

Momento de la representación de 'Tosca'. Dirección musical, Hendrik Vestman. Dirección escénica, Philipp Kochheim. Bonn, Theater, enero de 2014.

 

Las alusiones al cine más crudo, ese que muestra al espectador imágenes duras e impactantes, continúan en el segundo acto. El despacho de Scarpia es un amplio loft decorado con el gusto obsceno de un nuevo rico: mármol hasta el techo, un enorme friso romano sobre la pared y una joven camarera con la falda corta. El espectador es testigo de la tortura de Cavaradossi, cuya cabeza es sumergida repetidas veces en un cubo de agua por negarse a confesar y aparece completamente ensangrentado. Il bacio di Tosca, es decir, el asesinato de Scarpia, no se produce con un cuchillo, sino que la diva ahoga al malvado con el cable del teléfono. Y el encuentro de los amantes en el tercer acto nos sitúa en una especie de descampado enrejado, donde las estrellas solo brillan en la imaginación de Cavaradossi. El pintor muere de un tiro en la nuca en una suerte de desalmado paseíllo. Como suele ocurrir en estos casos, el espectador ha de hacer el esfuerzo de obviar las referencias del libreto a Napoleón, a Voltaire, a la victoria, al pelotón de fusilamiento, para centrarse en la pura metáfora escénica: la autoridad establecida, sus métodos para doblegar todo lo que a ella se oponga y, al final, su triunfo implacable.

 

Momento de la representación de 'Tosca'. Dirección musical, Hendrik Vestman. Dirección escénica, Philipp Kochheim. Bonn, Theater, enero de 2014.

 

La ambientación funciona, sobre todo, por el excelente trabajo actoral. Los movimientos llenan el escenario de manera lógica, sin aspavientos inútiles ni excesivo estatismo. Todo ello, junto al sólido trabajo de la Orquesta Beethoven y los dos coros del Teatro de Bonn, tanto el adulto como el infantil, consiguen que esta Tosca resulte atractiva. Hendrik Vestmann, reciente director musical de la Ópera de Bonn, se mostró como competente y consciente administrador de la densa textura orquestal pucciniana. Solo un “pero”: el 'Te Deum' del primer acto ahogó la parte de Scarpia, encarnada por Evez Abdulla, quien, a su vez, no destaca por su volumen y expresividad vocal. Destacó la correcta y sentida Tosca de Yannick Muriel, a pesar de que el público se mostró poco receptivo a su 'Vissi d’arte'. Mejor le fue a Christian Juslin, que interpretó a un cálido y ajustado Cavaradossi.

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