España - Andalucía

El mejor órgano flamenco-holandés

José-Luis López López
jueves, 20 de febrero de 2014
Sevilla, martes, 4 de febrero de 2014. Iglesia de Los Venerables. Conciertos Magistrales de Órgano (I). Organista: Theo Jellema. Órgano Grenzing 1991. Obras: Abraham van der Kerckhoven, Preludio y fuga. Jan Pieterszoon Sweelinck, Ich ruf zu Dir, Herr Jesu Christu (Te llamo, Señor Jesucristo). John Bull, Laet ons met herten reyne (Déjanos con los puros pastores). Heinrich Scheidemann, Jesu wollst uns weisen (Jesús quiere tenernos). Albert de Klerk, Ricercare. Piet Kee, Fantasia 'Despertad'. Anthoni van Noordt, Salmo 24 (3 versos). Dietrich Buxtehude, Toccata en Fa mayor, BuxWV 157. Patrocina: Fundación. Focus-Abengoa. Organiza: P. José Enrique Ayarra, organista titular de la Fundación Focus-Abengoa
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No abundan en Mundoclasico.com las reseñas sobre conciertos de órgano, al menos últimamente. Por eso, y, sencillamente, por su valor intrínseco, creo que no debo diferir más la noticia y la recensión de uno de los ciclos organísticos, aunque breves (tres conciertos en febrero de cada año de los últimos veinte y cuatro, por el momento), en el que concurren vectores tan singulares y excepcionales como para estimarlo del más alto valor y nivel mundial.

El Hospital de los Venerables Sacerdotes de Sevilla (conocido popularmente como el Hospital de los Venerables) es un edificio barroco del siglo XVII que sirvió como residencia de sacerdotes ancianos, pobres e impedidos, y que desde 1991 es la sede de la Fundación Focus-Abengoa (Fondo de Cultura de Sevilla) que restauró todo el conjunto entre 1987 y dicho año 1991. La bellísima iglesia, construida en 1689 y consagrada a San Fernando, es de una sola nave cubierta por bóveda de medio cañón con lunetas y arcos fajones. En su interior, se pueden contemplar pinturas murales al fresco, de Valdés Leal y su hijo Lucas, figuras de Pedro Roldán, otras atribuidas a Martínez Montañés. Incluso albergó una Inmaculada de Murillo, que ahora se expone en el Museo del Prado. La Fundación Focus creó el Centro de Investigación Velázquez en 2007, tras la adquisición por 12,4 millones de euros de una Santa Rufina, atribuida a ese pintor, como espacio expositivo de obras de Herrera el Viejo, Velázquez, Pacheco, Murillo, Martínez Montañés, Zurbarán, el 'caravaggista' Bartolomeo Cavarozzi... Además de muchas más actividades culturales, organiza anualmente un concurso internacional de pintura moderna, que tiene ya una tradición de veinticinco años.

En el terreno musical, la aportación de la Fundación es excepcional, en España y en todo el mundo, centrándose fundamentalmente en el ámbito organístico. Cuando patrocinó los trabajos de restauración de todo el gran conjunto arquitectónico, situado en pleno barrio de Santa Cruz, vecino a la Catedral, los Reales Alcázares, el Archivo de Indias..., encargó al maestro organero alemán Gerhard Grenzing (n. 1942) la construcción de un órgano en la Iglesia de Los Venerables. Tambien, la Fundación nombró Organista Titular al P. José Enrique Ayarra, Canónigo y Organista Titular de la Catedral de Sevilla desde hace más de 50 años (el más duradero de toda la historia del Templo Metropolitano sevillano).

Ahora bien: es sabido que, más que cualquier otro instrumento, el órgano depende por completo de la acústica y de la reverberación en vivo y de su colocación en el espacio en que se oye. La colocación óptima permite que su sonido siga un camino sin obstáculo alguno en la línea de la vista hasta los oyentes, como en su tradicional ocupación en la iglesia en la galería trasera, cerca de un techo y unas paredes reflectantes, lo que le permite proyectarse directamente hacia abajo en toda la extensión de la nave. La acústica óptima la proporcionan las superficies duras reflectantes (como las paredes y los suelos de mampostería) y un gran volumen de espacio creado por una sala que sea alta, larga y relativamente estrecha. ¡Justo las características -además de su belleza- de la Iglesia de Los Venerables! Y si a ello sumamos que el extraordinario maestro organero Gerhard Grenzing tuvo todas las posibilidades para hacer el órgano "a la medida" de la Iglesia, no debe extrañarnos que el "Grenzing 1991" de Los Venerables sea considerado como uno de los mejores órganos construidos en el siglo XX. El gran Guy Bovet, de la Academia de Basilea, que fue el primero (enero de 1992) de la ya larga serie (sesenta y ocho, y solo tres han venido dos veces, si no he contado mal) de los más eminentes organistas del mundo (toda Europa, EE.UU., México, Japón, Corea del Sur) que han interpretado Conciertos Magistrales en este instrumento, escribió en aquella ocasión:

"Este instrumento es impresionante desde todos los puntos de vista. La ubicación es magnífica por su belleza y por el cuidado de su presentación. En cuanto al órgano propiamente dicho, presenta una gran variedad de timbres exquisitos, permitiendo la ejecución de músicas de todos los países y de todas las épocas, con un mayor acento sobre la música barroca.

La mecánica de este órgano es de una ligereza casi increíble, incluso cuando se toca con todos los teclados acoplados, sin la ayuda de una máquina. A nivel de la realización técnica, presenta una serie de innovaciones que muestran que el órgano en tanto que instrumento no ha terminado aún de evolucionar y que los perfeccionamientos son siempre posibles, sin abandonar las grandes tradiciones de la bella y buena factura de los órganos tal como nos han enseñado los grandes constructores de tiempos pasados.

Pero es, sobre todo, el equilibrio y la belleza de sus sonoridades los que hacen de el órgano de los Venerables uno de los instrumentos más destacados construidos en Europa en los últimos años." Guy Bovet, 28/01/1992

En efecto: hasta 1992, pese a contar Sevilla con cerca de 70 órganos, no era posible la interpretación rigurosa del repertorio clásico centroeuropeo. La estética del mueble nuevo encargado por la Fundación Focus debía integrarse en el excepcional templo decorado por artistas como Murillo, Valdés Leal, etc., y, a la vez, sus características debían responder a aquellas necesidades sonoras. Su concepción sintetiza, mediante una visión contemporánea, la unión de la escuela clásica centroeuropea con la tradición barroca ibérica, sin renunciar a otras influencias de diferentes etapas y estilos musicales.

Por último: para completar visualmente las excelentes audiciones, durante los conciertos está colocada, en la parte interior de la puerta principal (se accede por las puertas pequeñas laterales), en oscuro bajo el órgano en la fotografía, una gran pantalla en la cual, mediante una cámara colocada en el coro, se ve perfectamente al organista y su actividad en los teclados manuales y la pedalera, así como la del registrador/a, que también, a veces, hace de pasapáginas.

Comprendo que toda esta introducción es bastante extensa, pero entendemos que necesaria para contextualizar debidamente la reseña y crítica de cada concierto. Por supuesto, no la repetiremos en ocasiones sucesivas, ni este año ni posteriormente, sino que remitiremos aquí para quien quiera actualizar estos aspectos conceptuales.

Pasemos, por tanto, al primer Concierto Magistral de febrero de 2014. Corrió este a cargo del maestro holandés Theo Jellema (1955), profesor en Groningen y Zwolle, admirado intérprete de las "integrales" organísticas de Franck, Messiaen y Bach (tan distintos como geniales), que nos brindó (¿quién mejor que él?) un compendio del órgano de los Países Bajos y de Flandes belga, del Barroco temprano (Sweelinck, van Noordt) y medio (Scheidemann), con un par de muestras del siglo XX (Albert de Klerk y Piet Kee).

Magnífica panoplia, mezcla de piezas sagradas y profanas, características de un territorio protestante después de la Reforma, que inició el Preludio y fuga en Re menor (nº 360 del manuscrito de la Biblioteca Real Alberto I, Bruselas, que contiene 364 piezas de diversos compositores -las más numerosas son 24 de este autor-), obra de un rigor contrapuntístico y una fantasía rítmica impresionantes, firmada por Abraham van den Kerckhoven (nacido en Mechelen -Malinas-, c. 1618; muerto en Bruselas -donde fue primer organista de la Corte desde 1684- en torno a la Navidad de 1701).

Siguió el gran Jan Pieterszoon Sweelinck (Deventer, Países Bajos, 1562-Amsterdam, 1621), llamado el “Orfeo de Amsterdam” y “Príncipe de los músicos”. Ciertos indicios hacen suponer que, hacia el final de su vida, pudo pasar del calvinismo al catolicismo, en cuyo seno había nacido. Su figura es célebre, no solo por sus composiciones, sino por su papel de formador de toda una generación nordeuropea de músicos, de los Países Bajos y de Alemania (estos últimos, entre los cuales están los famosos Samuel y Gottfried Scheidt, Jacob Praetorius y Heinrich Scheidemann, contribuyeron poderosamente a extender la influencia de la obra de Sweelinck en sus tierra). En primer lugar, Jellema interpretó Ich ruf zu Dir, Herr Jesu Christ (Te llamo, Señor Jesucristo), SwWV305, esplendorosas variaciones corales para órgano. Más adelante, nos ofreció, del mismo autor, Ballo del Granduca, SwWV 319, que es, junto con la Fantasía cromática SwWV 258, la obra más interpretada de este compositor, en su origen un intermedio de La Pellegrina, divertimento de Cavalieri ejecutado en Florencia, en 1589, con motivo de la boda del Gran Duque Fernando de Toscana con Cristina de Lorena: su ballet final conquistaría Europa bajo este título. El Ballo del Granduca es de un efecto soberbio, y exige unos dedos flexibles y veloces, pero sin apelar a los brillantes artificios del virtuosismo.

John Bull, nacido en Radnorshire (en galés Maldwyn), que fue uno de los trece condados históricos de Gales, en 1562 o 1563 (?), alcanzó una posición dominante en la vida musical inglesa de su tiempo. Repartía su trabajo entre Hereford, en cuya Catedral fue nombrado organista en 1582, y Londres, donde fue elevado en 1586 al rango de Gentilhombre de la Capilla Real del Palacio de San Jaime. Doctor en Música por la Universidad de Cambridge (sus obras aparecen siempre firmadas por «Doctor Bull»). A continuación de un escándalo tocante a su vida privada (un caso de adulterio), Bull abandona en 1613 Inglaterra definitivamente y marcha al Flandes español. El Arzobispo de Canterbury había dicho de él: «Este hombre tiene más música que honestidad, y su reputación es tan grande por su manejo de la virginidad como por su destreza en el órgano o el virginal» (¡y bien se sabía que su virtuosismo ante el teclado de estos instrumentos era prodigioso!). Bull explicará su partida repentina y secretamente preparada por su paso a la fe católica. Entra en Bruselas al servicio del Duque Alberto y frecuenta a otros organistas (Sweelinck, Peter Philips, Pieter Cornet...). En 1617 es nombrado titular de órgano de la Catedral de Amberes, ciudad en la que muere en 1628. Está enterrado en dicha Catedral. La pieza de Bull que eligió Jellema pertenece, evidentemente, por el título, a su período flamenco: una de sus famosas Fantasías para teclado de tema navideño: Laet ons met herten reyne (Déjanos con los puros ciervos...)

Heinrich Scheidemann (c. 1595-1663), alemán del Norte, nacido en Schleswig-Holstein y muerto en Hamburgo, trabajó, sin embargo, en Amsterdam con Sweelinck de 1611 a 1614, y conservó una fuerte influencia de su maestro (que tuvo a Scheidemann en alta estima): a partir de la asimilación del lenguaje de Sweelinck, Scheidemann puede considerarse, a justo título, el fundador de la escuela nord-alemana de órgano. Por tanto, su inclusión en este programa está plenamente justificada, y Jellema lo hace por dos veces: con Jesu wollst uns weisen (Jesús quiere tenernos) una intabulación a partir de Giovanni Giacomo Gastoldi (c. 1554-1609), un compositor italiano enormemente popular en Holanda con sus numerosas contrafacta en neerlandés. Posteriormente escuchamos la Gallarda con variaciones en Re menor, WV 107, la "faz" profana de Scheidemann: una danza cortesana alegre, desenfadada, de origen italiano, desplegada en un abanico de variaciones.

A la mitad del concierto, sonaron dos composiciones contemporáneas holandesas: de Albert de Klerk (1917-1998), Ricercare voor Orgel (Ricercare para órgano, homenaje a Sweelinck, 1951); y de Piet Kee (n. 1927), la Fantasia sobre “Wachet auf” (1962) [Wachet auf, ruft die Stimme / Despertad, la Voz os llama es una cantata coral de J,S. Bach, BWV 140, escrita en 1731]. Interesantes testimonios de que la creación, y no solo la interpretación, organística sigue viva (aunque en estos dos casos, en particular, no se perciba la grandeza de tantas otras obras desde el siglo XVI al mismo XX, en este último caso sobre todo de la escuela francesa: Vierne, Dupré, Tournemire, Alain, Messiaen, Langlais, Duruflé...).

Y, como final de las obras programadas, el Salmo 24 (tres versículos) de Anthoni van Noordt (c. 1620-1675), perteneciente a una importante dinastía de músicos holandeses establecidos en Amsterdam en el siglo XVII. Organista desde 1638 hasta 1644 en la Nieuwe zjids Kapel; más tarde, de 1644 a 1673, en la Nieuwe Kerk, publicó un Tabulatur-Boek van Psalmen en Fantasien (Amsterdam, 1659). Grabado en cobre, conservado en la Preussische Staatsbibliothek de Berlín, inestimable testimonio del arte holandés, desapareció para siempre en las llamas de la Segunda Guerra Mundial. Por fortuna, dos musicólogos alemanes habían preservado una copia: August Gottfried Ritter, copia manuscrita; Max Seifert una edición en Breitkopf. Esto permitió a Pierre Pidoux publicar la única edición actual, probablemente más fiel al texto original, puesto que modifica la de Seifert a la luz del manuscrito de Ritter. La colección cuenta con diez salmos y seis fantasías. La densidad polifónica varía de dos a cuatro voces (alguna vez cinco). Si lo comparamos con su ilustre predecesor, Samuel Scheidt (1587-1653), cuya Tabulatura Nova (1624) contiene preciosas indicaciones para registrar a Van Noordt, podemos ver que la escritura contrapuntística de este último no es menos rigurosa y docta que la de S. Scheidt; incluso puede parecer más acabada que la de Sweelinck. Pero el reverso de la medalla es su indiferencia hacia el texto ilustrado musicalmente. Su rigidez calvinista se delata por una proclamación hierática, cortante, granítica del cantus firmus. De este modo, la emoción podría ser estrangulada. Sin embargo no está ausente: por ejemplo en el versículo segundo de este Salmo 24, donde un trazo inflamado abarca la narración de la mano derecha, dividiéndose incluso en dos ramas incandescentes. Extrañamente, la savia creadora de los Países Bajos parece, tras Van Noordt, escapar de esta región, a pesar de poseer algunos de los más bellos instrumentos de Europa, para transfundirse a las provincias (vecinas, eso sí) de Alemania del Norte. Es completamente coherente que Jellema nos hiciera oir, en penúltimo lugar, a Van Noordt, a modo de despedida, y reservara, para broche del programa, una obra de Dietrich Buxtehude.

La grandiosa Toccata en Fa mayor, BuxWV 156 de Buxtehude (al que visitó J.S. Bach en Lübeck, haciendo, se dice, un viaje a pie de 300 kilómetros), de ocho minutos de duración, propone una especie de arquetipo del políptico cultivado por los organistas de Norte alemán de su época, pero las dos secciones fugadas solo ocupan una plaza menor, mientras que la prioridad se da a los episodios libres. Se ve de nuevo operar un principio unificador que rige los diversos episodios contrastados de la obra, en stylus phantasticus. La impresionante línea de pedales en intervalos disjuntos de décimas, en el centro de la larga tocata conclusiva, ilustra brillantemente el alto grado de virtuosismo de los pies alcanzado por Buxtehude y sus contemporáneos.

Hasta aquí, el programa anunciado. Pero aún Theo Jellema nos obsequíó con una 'guinda' completamente hispana, un precioso tiento de medio registro (o tiento partido) del valenciano Juan Bautista Cabanilles (1644-1712). El tiento es una forma musical para instrumentos solistas parecida a la fantasía, propia de la música española del siglo XVI. Aunque inicialmente se adoptó este nombre para composiciones musicales escritas para diferentes instrumentos como arpa, vihuela, clave u órgano, a partir de finales del siglo XVII solo se compusieron tientos para instrumentos de teclado, especialmente órgano. Se trata de una forma musical que intenta explotar todas las posibilidades del instrumento. La producción de Cabanilles es eminentemente organística; y dentro del órgano, los tientos ocupan el primer lugar. Acostumbra a guardar en sus tientos la forma de enunciado del mismo; dentro del mismo tiento, no pasa de una forma de tiento a otra, lo que en ocasiones acontece en otros compositores del s. XVII español. Los tientos partidos o de medio registro son siempre tientos para solistas, aunque estos solistas no siempre deberán ser, a juzgar por las tesituras de sus voces, registros existentes solo en una de las dos partes del teclado; de lo contrario, quedaría por demostrar en Cabanilles, entre qué notas se inicia y se acaba la división del teclado para que puedan cantar, por separado y en un mismo teclado, cada una de las dos manos. En cualquier caso, una delicia y una demostración de maestría: la cumbre del gran órgano español que tantos destacados compositores tuvo en los siglos anteriores.

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