Reino Unido

In memoriam del Titán

Agustín Blanco Bazán
lunes, 3 de marzo de 2014
Londres, domingo, 23 de febrero de 2014. Barbican Hall. Concierto para flauta de Huw Watkins (première mundial). Solista: Adam Walker. Sinfonía nº 1 (Titán) de Gustav Mahler (Titán) dedicada a Claudio Abbado. Orquesta Sinfónica de Londres (LSO) dirigida por Daniel Harding
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Claudio Abbado no podia dejar de reírse cuando recordaba a su primera audiencia londinense en 1966 poniéndose de pie ante el redoble con que comenzó el bis. Sólo que no se trataba de God Save the Queen sino de la Obertura de La Gazza Ladra. El maestro tenía entonces 33 años y a partir de este primer encuentro su colaboración con la LSO prendió como leña seca. Luego de cuatro años como director adjunto principal se transformó en titular en 1979 y a partir de allí sus desafíos fueron constantes, desde la instalación de una mesa de ping pong en una sala de ensayos gracias a la cual logró imponer su autoridad derrotando a todos los músicos, hasta un partido de fútbol contra la Filarmónica de Londres mientras dirigía Carmen en Edimburgo.

Pero el desafío mas grande fue el gran Festival Mahler en 1985. Frente a los peros de la administración de la orquesta sobre lo caro que iba a salirles, Claudio (todos son primeros nombres en Inglaterra) respondió con palabras aún hoy atesoradas por el presidente de la orquesta: “si no se animan a tomar riesgos para lograr ideales artísticos, ¿que razón tiene la existencia de esta orquesta? Con la música no hay compromiso.” Menos determinación mostraba en esos famosos ensayos donde sus gestos inciertos irritaban a los músicos hasta que aprendieron que con Abbado cualquier inseguridad en los ensayos se arreglaba en la función. Daniel Harding recuerda ese tan típico suyo de mostrarse desconcertado haciendo gestos como para pedir silencio, mas bajo o simplemente algo como diciendo “¡escuchen!” . Según Harding no era fácil entrar en conversación con él pero cuando hablaba repetía constantemente que toda la música era música de cámara.

Y así era su Mahler de juventud, incisivo, dionisíaco pero siempre camerístico en su diafanidad. Aquél festival Mahler del 85 fue una gloria de conciertos, conferencias y una congregación de los más estelares colaboradores del director. No tiene mucho sentido comparar las extáticas versiones de la Primera sinfonía que tanto repitió Abbado en Londres con la brindada por su orquesta bajo la dirección de Harding, pero ello no va en desmedro de esta última. La onírica introducción, el contraste de luz y premonitoria oscuridad del final del primer movimiento, el variado expresionismo de los Landlër en el segundo, etc. se integraron para proponer un paisaje mahleriano de coherente unidad. Y la “solemnidad y mesura … sin arrastrar” pedida para el tercer movimiento fue desarrollada con espontánea simplicidad. También hubo una expresividad contenida pero intensa en el ultimo movimiento, con explosiones nunca exhibicionistas sino integradas en un logrado cantabile que insistió en vibrar a lo largo de toda la obra.

La primera parte del programa fue dedicada al estreno de un Concierto para flauta comisionado por la LSO y el Borletti-Buitoni Trust. Su compositor, Huw Watkins (1976), propone un simple pero efectivo acompañamiento con predominancia de cuerdas en los dos primeros movimientos (Allegro molto y Andante) en contraposición con un solo de flauta expandido fundamentalmente a través de la persistente línea melódica. En el Allegro molto final, la flauta solista se enfrenta con buen equilibrio en la diferenciación sonora en contraste con una masa orquestal donde los metales terminan predominando a modo de conclusión. Expresividad y un desarrollo conciso y coherente, y pericia en el contrapunto acreditaron el valor de esta nueva obra que fue recibida con entusiasmo por el público.

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